Opinión

  • | 2015/05/01 10:30

    ¿Con miel o con vinagre?

    ¿Por qué produjeron tanto progreso las reformas agrarias en los Tigres Asiáticos, pero tan poco en nuestra región?

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Dicen los economistas que el asombroso crecimiento económico que experimentaron los Tigres Asiáticos (Japón, Corea del Sur y Taiwán) a partir de los años 60 del siglo XX se disparó gracias a las exitosas reformas agrarias (RA) que emprendieron esos países después de la II Guerra Mundial, y que ese crecimiento fue definitivo para eliminar -en su mayor parte- la pobreza que sufrían sus campesinos. En cambio, es evidente que ninguna de las numerosas RA que hemos hecho en Latinoamérica ha servido para superar nuestra propia pobreza rural. ¿Por qué produjeron tanto progreso las RA en esos países asiáticos, pero tan poco en nuestra región?

Según un artículo recientemente publicado en la revista del Elliot School de la Universidad George Washington, la explicación del éxito de las RA que hicieron los Tigres Asiáticos estaría en su carácter pragmático, incluyente y democrático, dirigido a favorecer los campesinos sin alienar a los terratenientes. Bajo este modelo, las decisiones relacionadas con la distribución de la tierra no eran impuestas desde arriba sino tomadas a nivel local, y se le permitía a los beneficiarios de la repartición vender libremente sus propiedades (después de un plazo prudencial) o darlas en garantía, gracias a lo cual el mercado pudo asignar la tierra y demás recursos a los usos más productivos, lo que llevó a un rápido crecimiento de la economía agraria y del consumo.

Este modelo de RA comenzó con la expedición de la Ley de Ajuste de Tierra en 1946 por el Japón, cuya población rural alcanzaba entonces casi 80% del total y estaba compuesta mayoritariamente por campesinos arrendatarios a quienes los dueños de la tierra cobraban hasta 60% de lo que producían.

Para implementar la RA, el estado Japonés creó unas comisiones de 10 miembros integradas por cinco campesinos arrendatarios, tres propietarios cultivadores y dos terratenientes, todos elegidos mediante voto secreto en elecciones abiertas, que tomaban las decisiones para cada municipio. Esta metodología incluyente permitió repartir muy rápidamente la tierra y además revitalizó la democracia local. Posteriormente, vino un periodo de ajuste y estas mismas comisiones administraron la reducción de las barreras que inicialmente habían puesto a la venta de la tierra, asegurando al mismo tiempo que esta siguiera en las manos de los cultivadores en lugar de volver a los señores feudales.

El impacto socioeconómico de la reforma japonesa fue notable en los años que siguieron a su consolidación. Para 1952, la productividad agrícola de ese país había subido casi 50% por encima del nivel pre-bélico, la tierra había incrementado su precio en 2/3 partes por encima del nivel que tenía en los cuatro años anteriores a la reforma y el consumo de los campesinos creció 50% en los cinco años siguientes.

Los Tigres Asiáticos concibieron desde el principio a la RA como un instrumento para modernizar sus economías y no como una bandera política. Pero en Colombia -y en general en Latinoamérica- la RA siempre ha sido presentada por los políticos que la apoyan como un castigo merecido a los terratenientes, quienes, con los mineros, son los villanos favoritos de la opinión pública latina.

Trágicamente, los latinoamericanos parecemos condenados a seguir haciendo RA dogmáticas, radicales y politizadas, que enfrentan a los campesinos con los propietarios e impiden el funcionamiento normal del mercado de la tierra. Así ocurrirá -muy probablemente- con la reforma agraria que ya hace parte de los acuerdos el proceso de paz con las Farc, cuya regulación seguramente dispondrá que la tierra que se repartirá a los campesinos quede de manera permanente por fuera del mercado. Igualmente, continuaremos viendo cómo decisiones tales como la creación de Zonas de Reserva Campesina son impuestas “desde arriba”, sin la bendición democrática de la mayoría de los afectados, cuyas voces seguirán ahogadas por el ruido de activistas bien experimentados en manipular al Estado y a la opinión pública.

Aunque los procesos de los Tigres Asiáticos siempre han servido de ejemplo para la reforma agraria en Latinoamérica, el éxito de los Tigres encierra –paradójicamente- la clave para entender el fracaso de nuestras reformas. Mientras que el objetivo social que buscaban los Tigres Asiáticos cuando redistribuyeron la tierra no les impidió aprovechar simultáneamente las fuerzas del mercado para dinamizar sus sectores agropecuarios a favor tanto de los nuevos propietarios como de los anteriores terratenientes, nuestras reformas siempre han estado preñadas de ideología y plagadas de conflicto. ¿Cuándo aprenderemos que se cogen más moscas con miel que con vinagre?
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