Opinión

  • | 2014/11/16 09:00

    Mezquindades de los ricos

    La desigualdad sería más tolerable si los ricos tuvieran más sensibilidad social.

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Toda generalización es riesgosa, pero en su gran mayoría los ricos colombianos son poco solidarios con los menos afortunados. Vamos por partes.

Empecemos por aclarar que no estoy hablando (o al menos no solamente) de los grandes cacaos, sino de esas 150.000 personas adultas que conforman el 1% más rico del país, cuyos ingresos (laborales y de capital) son por lo menos de $10 millones mensuales. Es posible que usted o algunos de sus amigos sean parte de este grupo, pues los lectores de esta revista son gente con alto nivel educativo e interés en los negocios y la marcha de la economía. Sin embargo, también es posible que usted se considere clase media, como la gran mayoría de la gente en este y cualquier otro país. Pero no se engañe: el ingreso mensual de un individuo promedio de clase media en Colombia no llega al millón de pesos.

Una ciudad como Bogotá y su área metropolitana debe tener unas 60.000 personas adultas del 1% más rico del país, lo cual significa un número semejante de apartamentos y casas de lujo como la suya. Suficiente gente como para que usted crea que es alguien promedio y que su barrio es de lo más normal. Pero más allá se extiende la ciudad de verdad, con sus casi 2 millones de viviendas de las clases menos afortunadas, por la que usted evita transitar (excepto para ir a la finca) y desconoce casi por completo. Si se trata de Medellín o Cali, divida por tres aproximadamente, y la historia será la misma.

Si usted es parte del 1%, es bien factible que no haga donaciones regulares a ninguna causa social ni le ayude a nadie fuera de su más estrecha familia porque cree que no le alcanza el dinero y porque está convencido de que paga demasiados impuestos. Usted quizás fue uno de los que se opuso a la propuesta reciente del Gobierno de cobrar el impuesto al patrimonio desde los $750 millones de propiedades (netas de deuda), propuesta que fue archivada por la supuesta oposición de las clases medias… como usted.

Usted probablemente cree que no sería necesaria una reforma tributaria si el Gobierno no regalara tanta plata a través de Familias en Acción y de subsidios a la vivienda y a la salud, que solo sirven para que los pobres se vuelvan dependientes del Estado y pierdan las ganas de trabajar. Pero sabe que hay razones muy sólidas para eximir de todo impuesto a las acciones y los dividendos y para tener la mayor parte de sus ahorros en el exterior.

Usted quizás es generoso cuando se trata de atender a sus amigos o de mandar un buen regalo para el matrimonio al que está invitado, pero paga la propina mínima, le regatea a la vendedora de flores y cree que los plomeros están abusando con esos precios. Por supuesto, no tiene inscrita en el seguro a su empleada del servicio doméstico ni al mayordomo de su finca. Y si usted es un caso extremo de falta de solidaridad, se demora en pagarles a estas personas por sus servicios, aunque no tiene empacho en hablar frente a ellas de las exquisiteces del mejor restaurante en el que ha estado y del lujo deslumbrante del hotel en el que se hospedó en su último viaje.

O quizás no, quizás usted sí pertenece al 1% pero ha logrado superar estas mezquindades (en las que todos hemos caído siendo o no del 1%). En ese caso, no es preciso que haga aspavientos, pero sí sería bueno que riegue la bola: ser solidario es indispensable para que este país deje de ser uno de los más desiguales y con menos movilidad social del planeta. Dígale además a sus amigos que ser solidario es bueno incluso para uno mismo, y que nadie ha dejado de ser rico por tener sensibilidad social.

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