Dinero.com Revista Dinero

| 5/2/2013 6:00:00 PM

Problemas de alojamiento

El presidente Santos se equivocó al apostarle su reelección al éxito de este proceso. Se puso en manos de los terroristas de las Farc, cuyo manejo del tiempo no ha cambiado desde las épocas del Caguán.

por Fanny Kertzman

Hace unos años, antes de que Venezuela acabara con ella, había una condición para pertenecer a la OEA y es que los gobiernos deberían ser elegidos democráticamente. Era lo que se llamaba la carta democrática. Esta fue activada por última vez en enero de 2004, cuando el gobierno de Jean Bertrand Aristide de Haití fue acusado de fraude en las elecciones y consecuentemente depuesto del poder.

Dos cosas acabaron con la OEA: la campaña de Hugo Chávez de eliminarla, ignorando todas sus decisiones e instituciones –como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos–, y la pésima gestión de su secretario, José Miguel Insulza, quien nunca fue capaz de enfrentar a Chávez.

Chávez, con gran pericia política se inventó Unasur para reemplazar a la OEA, a la que Colombia finalmente tuvo que plegarse en un acto de pragmatismo, porque de otra forma perdía cualquier vehículo de influencia en los países de Suramérica. Pero en Unasur no existe una carta democrática. Todo lo contrario. Una apresurada reunión nocturna de este ente, a la que presto acudió Juan Manuel Santos, reconoció el espurio triunfo de Nicolás Maduro como Presidente de Venezuela.

Lo que ha ocurrido después de esas elecciones es una pesadilla: Diosdado Cabello ha dado un golpe de estado en la Asamblea Nacional al negarle el uso de la palabra y el derecho al sueldo a los diputados opositores; la temible Ministra de Prisiones, Iris Varela, le ha advertido a Henrique Capriles que le está “preparando la celda donde vas a tener que ir a purgar tus crímenes, porque eres un fascista y un asesino”. Debido a que el sistema de votación implementado por una firma llamada Smartmatic permite identificar el voto, los trabajadores oficiales que votaron por Capriles están siendo despedidos. Opositores políticos están yendo a la cárcel.

El gobierno venezolano no tiene nada de democrático. Una semana antes de las elecciones cerró la frontera con Colombia, para que los venezolanos residentes en nuestro país –casi todos amigos de la oposición– no pudieran ir a votar. Negocios colombianos como Almacenes Casino–Éxito han sido expropiados. Las compañías colombianas ubicadas en Venezuela no pueden sacar sus utilidades del país: no les venden dólares. Decenas de negocios en Colombia han quebrado porque Venezuela no autoriza los dólares para pagarles sus exportaciones.

Pero el gobierno colombiano tiene oídos sordos. Tiene su conciencia vendida a las negociaciones con las Farc. El presidente Santos se equivocó al apostarle su reelección al éxito de este proceso. Se puso en manos de los terroristas de las Farc, cuyo manejo del tiempo no ha cambiado desde las épocas del Caguán. En cinco meses no han negociado ni un punto de los más de 30 que hay en la agenda, sin contar las más de 70 proposiciones que la guerrilla terrorista quiere llevar a la mesa. Santos contaba con que la negociación estuviera lista en noviembre de este año y lanzarse a una reelección segura en 2014, como el Presidente que logró la paz. La semana pasada, en su de-sespero, lanzó el globo absurdo de reelegirse por dos años más, para culminar el proceso. Es prisionero de la negociación.

Pero, pienso yo, no se necesita a Venezuela para negociar. Se necesita a Cuba, que es donde están sentados, pero ¿qué papel juega ahora Venezuela? ¿Para qué se necesita? Tal vez lo necesita Iván Márquez para que le guarden su apartamento en Fuerte Tiuna, o Rodrigo Granda para que le conserven su condominio en Caracas, o Timochenko que por allá anda. Pero eso es problema de ellos. Colombia no tiene por qué resolverles su problema de alojamiento.

Antes el Presidente debería defender los derechos de Hamilton Martínez, un colombiano honesto que perdió su hotel en Isla Margarita en 2007, cuando Chávez se lo regaló a los refugiados por las lluvias y se lo destruyeron. Esos son los problemas de alojamiento que debería estar resolviendo Santos, ahora que le ha dado por regalar casas. Y si la guerrilla no tiene a dónde ir a esconderse, pues mejor, a lo mejor ahí si se afanan a negociar, so pena de quedar condenados a vivir en Cuba de no llegar a un arreglo. Con semejante perspectiva ahí sí se van a apurar.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

>

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×