Opinión

  • | 2013/11/02 08:00

    Pateando la lonchera

    Existen algunas señales preocupantes con respecto al manejo que se le está dando a la Agencia Nacional de Hidrocarburos.

COMPARTIR

Como se ha explicado extensamente, entre otras en este espacio en columnas anteriores, Colombia ha decidido, por lo menos por el momento, adoptar un modelo de desarrollo que se basa en el aprovechamiento de la riqueza en recursos naturales del país, a través de la inversión de los impuestos y regalías que producen las compañías que explotan los mismos. La distribución de estos recursos se hace a través del presupuesto nacional, vía inversión, y de los OCAD, organismos de gobierno en relación con las regalías los cuales buscan, en palabras del exministro Juan Carlos Echeverry, “repartir la mermelada en toda la tostada nacional”.

Sin embargo, para lograr apalancar este modelo de desarrollo, y abusando de la metáfora de Echeverry, es necesario que primero haya mermelada. Tostada hay suficiente, abundante y sedienta de mermelada, pero esta no es gratuita, y requiere de grandes inversiones no solamente del Estado, sino del sector privado.

Para permitir la generación de la mermelada, es necesario contar con una institucionalidad robusta y moderna que permita separar las funciones del Estado y el sector privado, y que dé confianza suficiente a este último para invertir esos recursos de capital requeridos para la explotación de petróleo, gas, carbón, etc. Bien sabida y reportada ha sido la preocupación del sector extractivo y de infraestructura relacionada con la institucionalidad ambiental y social (me refiero al tema específicamente de la consulta previa y de la falta de acción ante las vías de hecho). Sin embargo, a pesar de esas falencias institucionales, las agencias técnicas del Estado relacionadas con el sector, particularmente la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH), han sido uno de los puntos positivos que permite generar confianza entre inversionistas, y así continuar con la tendencia de inversión en el sector petrolero.

Por eso es que las señales recientes en relación con la ANH son tan preocupantes. La institución se encuentra sin un director en propiedad desde hace meses, pues el actual Ministro decidió, en todo su derecho, que quería un cambio en la dirección de la entidad. Hasta el momento, desafortunadamente, no se ha encontrado una persona idónea para ocupar ese cargo de enorme importancia para la estabilidad institucional y regulatoria del sector petrolero. Y el candidato que suena actualmente, en mi opinión, no es propiamente quien va a garantizar ni la continuidad ni la excelencia técnica que la Agencia requiere. No por nada distinto a que creo que su perfil no es el correcto.

Adicionalmente, en 2011 se expidió el decreto 4137, el cual contiene ciertos cambios en la ANH y especifica la forma de administrar la entidad y asigna funciones a las diferentes dependencias. Preocupa enormemente lo establecido en el artículo 11, que reasigna al Servicio Geológico Colombiano, anterior Ingeominas, la función de administración del Banco de Información Petrolera y, con él, el de la Litoteca y la Cintoteca, que hasta hoy ejerce la ANH. Esta reasignación tiene efecto cinco años después de la expedición del decreto, es decir en 2016.

Desde el punto de vista conceptual, es claro que el Servicio Geológico debería encargarse de administrar los estudios y bases de datos relativos al conocimiento geológico nacional. Sin embargo, en la práctica ese Servicio ha demostrado su incompetencia durante años, lo cual deja un sabor muy amargo en el ambiente en relación con la información geológica futura en cuanto al petróleo.

Para entender la importancia de esta información, basta comprender que sin ella no habría ninguna posibilidad de incentivar al sector privado a invertir en exploración petrolera. Ninguna compañía invierte recursos sin conocer el subsuelo, labor que ha venido desempeñando la ANH de manera eficiente y efectiva desde su creación. De hecho, las rondas de asignación de bloques han podido resultar exitosas no en poca medida gracias a la información suministrada por la ANH y recogida en el Banco de Información Petrolera de la Agencia.

Estas señales dan muestra de que el Gobierno está jugando con fuego. Las agencias técnicas, como la ANH, deberían estar blindadas a los ciclos políticos y sus recursos se deberían defender con persistencia y perseverancia, pues no es sino el futuro de las próximas generaciones lo que está en juego. Lo que pudiese parecer el giro normal de la vida de una institución y el arreglo institucional sin tener en cuenta la realidad colombiana, terminan siendo una gran patada a la lonchera.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?