Opinión

  • | 2013/09/04 18:00

    La venta de Isagen

    Los argumentos de los detractores de la venta de Isagen son, a lo menos, falaces. En el peor de los casos, peligrosos. Por eso el gobierno nacional debe hacer todo por ignorarlos y continuar con su intención de vender.

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La venta de Isagen es un proceso que se ha tratado de cristalizar desde el gobierno de Álvaro Uribe, cuando se procedió con la democratización de la empresa y se listó su acción en la Bolsa de Valores de Colombia. Afortunadamente, pues la idea del Estado empresario, que implica mantener un importante pedazo del patrimonio de la Nación –y, por ende, de todos los colombianos– es mala, casi desde cualquier punto de vista por donde uno la mire. Y en el caso de Isagen no es distinto.

No he oído hasta el momento ningún argumento válido para que Isagen siga en manos del Estado. Por lo menos no uno técnico o con sentido económico. Miles, sí, pero ideológicos, demagógicos, políticos por oposición. Sin embargo, esos argumentos a la larga lo que pueden terminar haciendo es causando mucho más daño que el bien que sus defensores procuran pregonar.

Comencemos por el mas falaz de todos, que dice que mantener Isagen permite “controlar” los precios de la energía en Colombia. Para los que entienden del sector eléctrico y de la formación de precios a través del mercado spot y de los contratos bilaterales, es evidente que la propiedad accionaria de un generador es totalmente –óigase bien, totalmente– irrelevante en la formación de precios. Colombia tiene una larga tradición regulatoria con reglas de mercado en relación a este tema, y en ningún texto de la Creg o del Ministerio de Minas se hace referencia a la propiedad de un generador u otro en los mecanismos de formación de precios. Los mismos se forman por costos marginales, que a su vez están determinados por la tecnología de generación, la eficiencia, la estrategia comercial de cada empresa, la competencia de unos con otros.

Pero más grave aún: si los que argumentan lo anterior lo que buscan es precisamente manipular el mercado a través de compañías de propiedad de la Nación, pues apague y vámonos. Colombia no vuelve a ver un peso de inversión en generación eléctrica, cuando el actual sistema tiene incorporados los incentivos y las señales que han permitido atraer más de US$6.000 millones de inversión durante los últimos años. Y que no vengan a decir que el Estado tiene la capacidad para hacerlo. Solamente basta con recordar lo que era el sector eléctrico a comienzos de los noventa, y el famoso apagón.

Luego está el argumento de que sin Isagen, el gobierno se queda sin una herramienta para hacer proyectos “clave” y “estratégicos”. Otra mentira. Isagen, afortunadamente, está listada en el mercado de valores público, y alrededor de 30% de la compañía está en manos de inversionistas privados que compran acciones no con la tontera de hacer “proyectos clave” y “estratégicos”, sino para ganar plata. Por fortuna, nuevamente, las señales de expansión incorporadas en la regulación son de mercado y permiten a la administración de Isagen –la cual, por cierto, ha mostrado ser excelente desde todo punto de vista, tanto en resultados como en su forma de proceder y de trabajar– tomar decisiones con base en la maximización de su renta.

Ahora, para que ese argumento fuese relevante, sus defensores deben hacer caso omiso de las reglas que han gobernado el capitalismo y los mercados de valores durante décadas, o decidir cambiar las reglas del gobierno corporativo de una compañía listada en la bolsa, lo que implica cambiar una ley. Nuevamente, el resultado sería espantar la inversión privada. Y que no vengan con el cuento de que el Estado ha sido transparente y aplica las reglas del gobierno corporativo de una empresa privada. Los ejemplos en contra de esto son tantos que no alcanzan esta columna para narrarlos.

Finalmente está el tema regional. Este también es bastante penoso. Isagen hace rato dejó de ser una compañía antioqueña. Hoy se comporta como una compañía que tiene clientes y operaciones a nivel nacional, y que tiene una vigorosa área dedicada a buscar su expansión también a nivel internacional. Como debe ser, cuidando el interés de sus accionistas, no de una idea romántica y antigua sobre el regionalismo.

Ni siquiera el argumento de que la plata producto de la venta de Isagen será despilfarrada por el gobierno nacional (cosa que no se sabe de antemano, pero que existe el riesgo, claro que existe) es suficientemente fuerte ni acertado para evitar la venta. Este es un problema que se arregla por otro lado, no manteniendo el patrimonio de los colombianos invertido en acciones de compañías, así estén tan bien manejadas como Isagen. Mejores destinos tiene ese patrimonio. Y mejores formas de extraer rentas tiene el Estado. A vender Isagen.
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