Opinión

  • | 2017/07/06 00:01

    Pinzón

    El exembajador en Washington nos sigue demostrando con hechos su absoluta lealtad y compromiso con el país.

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Las desafortunadas palabras del presidente Santos distanciándose de su exministro y exembajador dan la sensación de una cierta intolerancia al disenso. Sin lugar a dudas el Gobierno ha tenido que dar una dura lucha para lograr el acuerdo con las Farc y reconocemos y admiramos su perseverancia y visión. Sin embargo, vemos con preocupación y asombro sus dificultades para crear confianza sobre el posconflicto y transmitirnos tranquilidad sobre lo que se está haciendo.

Que haga a un lado nuestras angustias, cuestionando el carácter de quien razonablemente comenta lo escasito del armamento de la guerrilla, no ayuda a generar confianza. Por años llevamos viendo imágenes de guerrilleros bien armados con fusil, pistola y machete o cuchillo.

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Cualquier observador juicioso –y con más razón un exministro de Defensa– esperaba por lo menos la entrega de 14.000 armas (siete mil ciento veinticinco guerrilleros con fusil y pistola). Entonces, todos deberíamos tener derecho a preguntar por qué tan solo 7.000. Esto no quiere decir que uno no desea apoyar, ni que no crea en el acuerdo. Simplemente necesitamos información y explicaciones lógicas para poder confiar –confianza que no se impone maltratando–.

Esto es aún más preocupante, cuando el desdeño se dirige justo en contra de quien ha trabajado de forma incansable y exitosa al servicio del Presidente y su causa. En Washington el ambiente alrededor de la visita de Santos era todo menos favorable. El expresidente Uribe, que cuenta con enorme respaldo entre los republicanos, había logrado sembrar mucho malestar con el acelerado incremento en los cultivos de coca. De hecho, en los meses próximos se va a dar un debate en el Congreso estadounidense sobre el tema, lo que demuestra que las críticas han calado y la desconfianza hacia nuestro país está reverdeciendo.

Afortunadamente, Pinzón ha logrado poner el tema en contexto. Su arduo trabajo y rigor se contraponen al desmedido negativismo de Uribe. El embajador demostró con pruebas la excelente gestión de la fuerza pública al incautar más de 400 toneladas de droga (el equivalente a la producción de más de 110.000 hectáreas de coca) y explicó ampliamente la probable incidencia en el área cultivada de coca, de los incentivos económicos del acuerdo de paz.

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Los resultados de su labor fueron contundentes, haciendo de la visita de Santos a la casa Blanca un gran éxito. El Presidente pierde mucho alejando a las personas que no le dan la razón. Disentir no es traicionar; todo lo contrario, es el mejor respaldo que se puede dar a un líder para que no cometa errores y pueda ser exitoso en su complejísima tarea.

El acuerdo con las Farc implica un nuevo panorama político, plagado de incertidumbres para todos. ¿Cómo va a ser el posconflicto? ¿Qué podemos esperar de la participación política de las Farc? En particular, qué tantas ventajas están ganando y qué tanto se les puede estar facilitando llegar al poder para imponer su ideología. Porque no nos digamos mentiras, el proyecto político de las Farc es socialista y no socialdemócrata. Ellos genuinamente creen que los problemas de la sociedad parten de la economía de mercado y la libre empresa. Así que no es irracional sentir susto y claramente existen escenarios posibles que ameritan pensar con cuidado cómo va a evolucionar la democracia colombiana ante semejante reto.

No me cabe duda de que a la mayoría de los colombianos nos aterra un gobierno afín a las Farc. Pero también sabemos que hay rabo de paja que exige urgentes cambios, porque, aunque el país ha avanzado, falta mucho para que podamos garantizar que nuestros gobiernos sí sean capaces de ofrecerles verdaderas oportunidades a todos los colombianos. Y por más que queramos acallar nuestro subconsciente, la ominosa injusticia, impunidad, desigualdad, corrupción y desgreño administrativo en cientos de municipios enmermelados amenazan nuestra credibilidad como opción para el progreso de la mayoría.

Toca cambiar sí o sí la forma en que se hace política, la capacidad de control sobre la ejecución del gasto y la efectividad de las sanciones a todos los que sigan con esta insoportable robadera. Y que las sanciones se apliquen de forma efectiva, basta ver los patrimonios intocables de todos los pillos para confirmar que en Colombia el crimen paga y paga bien.

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Los Fajardos, Navarro Wolffs, López, Robledos, Pinzones, Ramírez y Velascos son ejemplos de que se puede ser decente y serio en el manejo del poder. Todos ellos, aunque tienen visiones divergentes, quieren por consenso una Colombia próspera, con justicia social y con oportunidades para todos. Ninguno comulga con ideologías que exijan sacrificar libertades individuales o económicas, ni son afines a promover clientelas y patronazgos para llegar al poder. Ellos son capaces de ofrecernos algo en el espíritu de la concertación chilena o el pacto de la Moncloa en España como mecanismo de liderazgo y transformación política para navegar el posconflicto. Esta es la fórmula para darle una buena contienda a las Farc en su bienvenida al debate electoral.

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