Opinión

  • | 2013/09/04 18:00

    La primavera colombiana

    Muchos nos preguntamos por qué el reciente paro agrario no evolucionó hacia una “primavera colombiana”. La respuesta es que esta primavera ya se dio en 2008, cuando los colombianos en todo el mundo marchamos contra las Farc.

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El paro no afectó a las ciudades como sucedió en Brasil, porque en Colombia la población urbana se siente bien. Mientras que en 2002 solo 16% de la población se clasificaba como clase media, hoy la proporción llega a 30%. Cinco millones de personas han subido de estrato. Estos hogares ganan entre $2 millones y $8 millones mensuales.

No es casualidad que precisamente desde 2008 Colombia se clasifica entre los países de ingreso medio-alto según el Banco Mundial, con un ingreso per cápita que fluctúa entre US$4.000 y US$12.600 anuales. La inversión extranjera, el desarrollo del sector minero-energético y la expansión de la agroindustria son los factores fundamentales en este cambio, y este se ha dado gracias a la neutralización de la guerrilla.

La frontera económica se ha expandido. Bucaramanga, por ejemplo, es la ciudad donde más ha crecido la clase media. La UIS pasó de ser un foco guerrillero a la primera entidad formadora de ingenieros de petróleos. El nivel de vida del estrato 6 en Manizales equivale al estrato 2 o 3 en Yopal.

La expansión de la clase media ha contribuido a la modernización del país. Avianca, por ejemplo, cuenta con 5.000 frecuencias semanales y movilizó 23 millones de pasajeros en 2012. La ruta más demandada es Bogotá-Medellín. Hace 15 años había vuelos cada hora. Hoy hay vuelos cada 15 minutos. Para ciertos destinos volar tiene el mismo precio que viajar por tierra.

El desarrollo significa también formalización. En 2000, los electrónicos y electrodomésticos se vendían en Sanandresito. Hoy se venden en K-tronix. El Exito, por su parte, ha desarrollado las tiendas Surtimax, alianzas con los tenderos de barrio, que han llevado a que estos se formalicen, paguen impuestos y cumplan con la seguridad social. Gracias al concepto del empaque pequeño, los clientes de Surtimax pueden hacer el mercado para una semana con $15.000. Ya no hay que comprar el aceite por cucharadas o el jabón por cuartos.

Pero a pesar de que se ha avanzado tanto en áreas urbanas, el sector rural sigue por debajo de la línea de pobreza y no tiene quién abogue por él. Mientras la clase media urbana se manifiesta a través de las redes sociales y es capaz de tumbar la Reforma a la Justicia, los campesinos no tienen quién los represente. ¿Dónde estaba Fedepapa en las protestas? ¿Y Analac? La Federación de Cafeteros con su pesada carga burocrática no representa a nadie.

Y ni qué decir de los congresistas. Compran el voto de los campesinos y se roban la plata de las obras públicas y las regalías. No es casualidad que el Congreso sea la segunda institución más despreciada por los colombianos, después de las Farc.

Lástima que esto no lo entienda nuestro Presidente. No solo se inmoló con la frase de “el tal paro agrario no existe”, sino que ahora su gran aliado para la reelección es la vieja clase política, encarnada en Ernesto Samper. Basta decir, como lo denunció la periodista Claudia Morales en Twitter, que el 29 de agosto estaban en petit comité en un restaurante del norte de Bogotá, Ernesto Samper, su escudero Juan Fernando Cristo, su jefe de prensa, Darío Arizmendi, su exsecretario Juan Mesa –hoy miembro emérito de la Fundación Buen Gobierno– y Luis Carlos Sarmiento, decidiendo si sacaban o no al Ministro de Agricultura. Santos le insufló respiración boca a boca a Samper desde que lo nombró su representante en el Catatumbo.

Last, but not least, y volviendo a la primavera colombiana, Santos cree que el conversatorio de La Habana le garantizará la reelección. No hay tal. El paro le demuestra al Presidente que la política agraria se decide en Boyacá y Nariño y no en La Habana. Lo que se está discutiendo en Cuba es inane. Las Farc no representan a nadie, y menos a los campesinos a los que han azotado y empobrecido en esta larga guerra. La Fuerza Pública ha demostrado con creces que puede ganar la guerra. “Si nos dejan”, nuestro valiente ministro de defensa Juan Carlos Pinzón, el de mostrar en este gobierno, los puede “neutralizar”. No más “quizás, quizás, quizás”.
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