Opinión

  • | 2017/05/11 00:01

    Para después

    Las perspectivas de largo plazo han empeorado para Colombia. Se requiere reiniciar el debate sobre las reformas requeridas para mejorarlas.

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Algún día los colombianos tendremos que reiniciar todos los debates que fueron pospuestos o excluidos de la agenda en virtud de nuestra curiosa decisión de poner tantos huevos en la canasta habanera. Y digo que la decisión es curiosa por, al menos, dos razones.

La primera, porque en 2012, cuando arranca en forma el proceso, las Farc no eran parte importante de las preocupaciones ciudadanas, como se puede ver en diversas encuestas. Comenzando 2013, para poner una fecha, era inmensamente más relevante –según la encuesta de Polimétrica, por ejemplo- la suma de las violencias callejera (40%), la ejercida contra mujeres (14%) y la intrafamiliar (11%), que la violencia guerrillera (14%). Cosa similar pensaban los empresarios. Para ellos, según el Global Competitiveness Report de 2013-2014 (pg. 158) los problemas colombianos eran muy otros: la corrupción (20,2), la falta de infraestructura (14,6) y la ineficiencia de la burocracia (12,2) sobrepasan por mucho el flagelo del crimen (8,2).

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La segunda razón es que no es para nada claro que, al final del día, los beneficios sobrepasen los costos. Empecemos por lo fundamental: las vidas. El hecho es que, aunque elevadísima, la tasa de homicidios exhibe una marcada tendencia favorable desde su pico en 2002 (68,3 homicidios por 100.000 habitantes) hasta 2012, cuando arranca el diálogo (31,3). Algo externo al acuerdo habanero estaba funcionando bastante bien y el aporte de dicho acuerdo a esta tendencia favorable y previa luce extremadamente difícil de estimar con precisión dentro de unos años. Con los flujos de caja asociados a las actividades delictivas de las Farc inmodificados, es ilógico suponer, como bien lo plantea Juan Lozano, que la violencia intrínseca a la apropiación de estas riquezas, va a desaparecer. Los costos, de otra parte, apenas se están empezando a ver y me temo que nos tomará años medirlos rigurosamente.

Tomada la decisión, pasaron a la sala de espera las reformas que se requieren para impulsar el crecimiento económico de largo plazo, que es la única fuente de progreso en serio. Retomar esta agenda es, sin duda, el asunto más importante que los colombianos tenemos por delante.

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Una manera de ordenar los argumentos es recordando que las fuentes de crecimiento a largo plazo son solo tres: el capital físico, el capital humano y la productividad. En materia de capital físico, y según cifras del Penn World Table, el stock de capital sube 74,6% entre 2000 y 2014 –un ritmo de 4% anual-. De otra parte, el capital humano, tiene dos componentes: el número de trabajadores –que, según la misma fuente, crece al 2,8% anual entre 2000 y 2014-, y un índice que mide su “calidad” (años de educación y retornos a esa inversión), que crece, a su vez, a una tasa de 1% anual en el mismo período. Por último, la productividad crece al 0,6% anual en el mismo período. En total, la suma de estas tres tendencias son el subyacente de nuestra razonable tasa de crecimiento en el período: 4,3% anual.

Hay consenso entre los analistas en el sentido de que, en ausencia de reformas que afecten de manera significativa cada una de estas tres fuentes últimas, será imposible lograr en los siguientes tres lustros lo que obtuvimos en los precedentes. El Gobierno, por ejemplo, en el Marco Fiscal de Mediano Plazo 2016, reduce su proyección de lo que sería el crecimiento de largo plazo a 3,8% anual, medio punto por debajo del 4,3% de marras. Las pérdidas asociadas a medio punto de crecimiento a largo plazo son pasmosas: descontando a 5% anual, lo cierto es que si ello resulta cierto, el país pierde unos $400 billones reales en esos tres lustros (46% del PIB de 2016, para ubicarnos).

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¿Cuáles serían las reformas necesarias para que no veamos evaporar nuestros $400 billones? El tema está más que diagnosticado en estupendos trabajos. La creación de capital físico requiere bajar fuertemente las tasas de tributación empresarial, darle un vuelco sustancial a la regulación económica y estabilizar las reglas del juego. La creación de capital humano requiere, en primera instancia, flexibilizar de manera importante el mercado laboral para formalizarlo y, en segunda, mejorar la calidad del magisterio. Avanzar en productividad requiere darle aire fresco a la competencia externa y a la inversión extranjera con el fin de dar varios saltos rápidos hacia las mejores prácticas globales. En fin, bobaditas para después.

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