Opinión

  • | 2013/11/17 12:00

    La otra lista

    Los países desarrollados que aparecen en el Índice de Secreto Financiero que acaba de publicar la Red para la Justicia Fiscal (RJF) podrían hacer mucho más para evitar la evasión tributaria y el lavado de activos en el mundo.

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Para los colombianos, que quedamos de 94 entre 174 países en la lista de percepción de corrupción que publicó Transparencia Internacional el año pasado, es una experiencia nueva el no aparecer en alguna lista global de países corruptos. Pero, en efecto, Colombia no sale en la versión del Índice de Secreto Financiero que acaba de publicar, el pasado 7 de noviembre, la Red para la Justicia Fiscal (RJF) con la lista de los países que mejor protegen el secreto financiero en su modalidad más dañina. En cambio, sí lo hicieron Suiza, Alemania, el Reino Unido y Estados Unidos, entre otros.

De acuerdo con la RJF –que es una coalición de activistas cuya agenda es combatir la pobreza causada por la inequidad tributaria en los países más débiles– los dirigentes corruptos y los evasores tributarios que sacan el fruto de sus actividades ilícitas de los países pobres forman la demanda transnacional de corrupción, mientras que las personas que proveen los servicios de los paraísos fiscales –así los países donde funcionan estos tengan o no palmeras– suministran la oferta trasnacional de corrupción. Y unos y otros cierran el círculo que permite que ese fenómeno sea tan prevalente en el mundo actual.

Lo que tienen en común todos los países que aparecen en el Índice de Secreto Financiero de la RJF es que sus leyes y/o sus prácticas permiten que las personas y las empresas escapen al alcance de las normas –tributarias, penales, de regulación financiera, de dividendos, de gobierno corporativo etc.– de los países de donde provienen los recursos, utilizando el secreto financiero como instrumento para lograr ese fin. Por esto se dice que el Índice de Secreto Financiero –que es un listado de países clasificados según la importancia de la contribución que cada uno hace a la evasión tributaria y al lavado de activos en el resto del mundo– es el otro lado de la moneda de los índices de corrupción que publica Transparencia Internacional.

Buscando cambiar esta situación, la RJF usa su índice para denunciar el modelo económico de los paraísos fiscales, que se basa en convencer a quienes pretenden evadir los impuestos y los controles de los países donde se originan los recursos, que ese dinero será custodiado en un banco que funciona en país seguro, confiable y respetuoso del derecho, cuyas normas además lo ayudarán a esconderlo ahí aun cuando esto implique infringir las leyes de otros países. Según la RJF, el lema de este negocio es: “No robaremos tu dinero, pero no nos importa si tú lo robaste en otro lado”.

En el Índice de Secreto Financiero de 2013 salen 82 países y territorios clasificados de acuerdo con una metodología que combina un porcentaje asignado al nivel de “secretividad” que permitan las normas y las prácticas de cada uno de los países que merecen estar en el índice, con un factor de ponderación que refleja el tamaño del respectivo sector financiero. Por esto, aunque la metodología de cálculo del índice da mayor peso al elemento cualitativo (secretividad) que tiende a ser más alto en los paraísos fiscales que funcionan en países pequeños, el índice también incluye varios países grandes por su impacto en los mercados financieros mundiales. Este año Suiza, que es uno de los países más limpios, según la lista de Transparencia Internacional, aunque al mismo tiempo aloje un océano de dinero sucio, repitió el primer puesto que había obtenido en 2011 en el índice de la RJF que se publica cada dos años.

Para la RJF, los paraísos fiscales son culpables de que el aumento del comercio internacional que vino con la globalización no se haya reflejado en mayor bienestar y menos desigualdad para la mayoría de los habitantes del tercer mundo, ya que gracias a ellos las personas que más se beneficiaron de las nuevas oportunidades económicas pudieron evitar el pago de impuestos. También sostiene la RJF que su existencia promueve y agrava las crisis financieras, como pudo verse en la crisis de 2008, cuyos protagonistas los usaron para evitar las normas prudenciales de los Estados donde captaban los recursos y para asumir más riesgos que los permitidos sin revelar lo que estaban haciendo a las autoridades de sus propios países hasta cuando fue demasiado tarde. Además, la RJF insiste en que los principales usuarios de estas jurisdicciones y de los esquemas que ofrecen para esconder el verdadero efecto económico de las transacciones y a los beneficiarios reales de las mismas no son los mafiosos sino las grandes corporaciones multinacionales.

En Colombia, donde desde hace muchos años es necesario que una empresa o un grupo económico se quiebre para que el Estado pueda pillar los incumplimientos serios a la ley (en la autopsia que le hace cuando entra a liquidarlo), el descalabro de InterBolsa nos recordó que Luxemburgo y Delaware sí existen. Pero InterBolsa no es la única empresa colombiana que ha usado paraísos fiscales para evitar el cumplimento de nuestras normas, ya sean tributarias, cambiarias, de regulación prudencial, etc., ni los dueños de InterBolsa son los únicos colombianos que tienen dinero en los países que aparecen en la otra lista.
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