Opinión

  • | 2015/09/02 19:00

    El peso del dólar

    El ajuste del peso frente al dólar era esperado por todos. Los beneficios de una devaluación, sin embargo, pueden tardar en llegar.

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El comportamiento de la tasa de cambio en Colombia durante las últimas semanas deja a cualquiera sorprendido. No solamente por la devaluación masiva que ha sufrido la moneda durante los últimos doce meses, sino porque desde hace muchos años no se veía una volatilidad como la que vive el mercado cambiario. En efecto, la volatilidad está en los niveles más altos en relación con otros mercados emergentes desde el año 2008.

Las causas de la devaluación son bien conocidas. Desde hace un tiempo mucho se ha escrito sobre la exposición de Colombia al desplome del precio del petróleo y su importancia dentro de las exportaciones del país (además de la caída de los precios de otros productos básicos, como el oro) y de las recientes noticias recibidas desde China, que muestran una desaceleración importante de la economía de ese país, uno de los compradores principales de esos productos básicos colombianos.

Si bien un ajuste en la tasa de cambio era esperado por todos, ya hay muchos economistas y analistas, tanto nacionales como internacionales, que se preguntan si no será que la devaluación ha sido demasiado abrupta. Una devaluación de este estilo puede terminar generando importantes presiones inflacionarias sobre la economía, en la medida en que tanto los productos importados como los insumos extranjeros para la industria suben de precio de manera inmediata. Esta presión de los precios al alza, que en Colombia ya se esta viviendo, podría eventualmente llevar al Banco de la República a ajustar sus tasas al alza.

Por otro lado, el déficit en la cuenta corriente colombiana podría llegar a 5,8% del PIB a finales del año, según Bloomberg. Esto pone mayor presión al alza del peso frente al dólar, además de que podría ser una señal de una revaluación del interés por parte de inversionistas internacionales en relación con los activos nacionales.

Una devaluación debería hacer más competitivo al país frente al resto de sus competidores en el mercado internacional. Esto genera, por un lado, mayores posibilidades de incrementar las ventas a nivel internacional (con mejores precios) y, por el otro, una protección implícita al mercado doméstico en la medida en que los productos locales se vuelven más baratos que los productos importados. Esto es cierto en la medida en que el peso colombiano se devalúe no solamente frente al dólar, sino frente a las monedas de otros países con los que compite. Lo que ha sucedido con el comportamiento de la tasa de cambio durante los últimos meses es que este fenómeno no es solamente colombiano, y el dólar se ha fortalecido frente a casi todas las monedas del planeta. Esto quiere decir que para el resto del mundo, la relación de precios en pesos frente a precios en otras monedas distintas al dólar, no se ha modificado sustancialmente. Brasil, Chile, Perú, México, entre otros, han visto caídas similares de sus monedas frente al dólar. Esto podría retardar los beneficios de la devaluación del peso frente a los mercados internacionales.

Por la misma razón, puede ser que en relación con países distintos, el poder adquisitivo del peso no se haya modificado sustancialmente. Pero frente a las transacciones en dólares y frente a Estados Unidos, Colombia ha perdido de manera importante su capacidad adquisitiva, y los precios de productos denominados en dólares se han disparado. La cacareada frase de los últimos años, de que era más barato pasar vacaciones en Miami que en Cartagena, ya no es tan cierta.

Todo lo anterior ocurre en un país que, como Colombia, no puede hacer mucho desde el punto de vista de política económica para cambiar la cotización de la moneda. La del país es una economía pequeña y abierta en un contexto de competencia global, y las herramientas de política monetaria y fiscal pueden hacer relativamente poco para cambiar las tendencias de manera sustancial. Esto no quiere decir que haya que quedarse cruzado de brazos, ni mucho menos.

Las autoridades económicas tienen importantes decisiones que tomar en los próximos meses para tratar de que los beneficios de la devaluación sean mayores que sus costos.
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