Opinión

  • | 2015/09/02 19:00

    Las sorpresas del censo agropecuario

    Lo interesante es cómo ahora, con una información relativamente cierta, se diseña una política y un modelo tanto para la función que debe cumplir ese sector como en qué forma puede o debe cumplirlos.

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Nos informaron el Presidente y los medios de comunicación que el Censo Nacional Agropecuario pinta un panorama del sector rural bastante menos alentador de aquel con el cual hasta ahora se trabajaba.

Pareciera ser una sorpresa para quienes solo hacen estudios desde los escritorios en Bogotá, pero no es una realidad desconocida para quienes sí están relacionados con el campo.

Las cifras de pobreza, de desigualdad y analfabetismo se acompañan de datos sobre atraso tecnológico, falta de maquinaria y falta de explotación adecuada de la tierra.

Toda esta información lo que muestra es lo poco que nos hemos interesado no solo en atender el campo como recurso económico y las necesidades de la gente que en el viven, sino siquiera en tener conocimiento de ese tema. Aquí sí que sería pertinente el uso del ‘revelan’ que tanto uso dan los medios de prensa cuando desean destacar una noticia volviéndola escándalo.

El Censo mismo es prueba de lo poco que ha pesado en las preocupaciones de Gobierno esa problemática tanto económica como social: no se había realizado una encuesta similar desde hace 45 años, lo que llevó a que ya desde antes del actual mandato se ordenara por una ley adelantar tal trabajo; y este fue diferido primero por el presidente Uribe y después dos veces bajo el primer mandato del presidente Santos, viniéndose a cumplir solo siete años después de lo ordenado.

Prueba también de la indiferencia hacia ese tema es que, fuera de los titulares repitiendo el contenido del censo, prácticamente ninguno de los ‘formadores de opinión’ y columnistas fue más allá de expresar lugares comunes (la brecha entre el campo y la ciudad, etc.) y mucho menos se ha dado algún seguimiento en los medios de comunicación. Tienen razón quienes adelantan los paros al afirmar que el sector rural solo existe cuando así se manifiesta.

Pero, ante lo que pareciera ser una sorpresa, lo interesante es cómo ahora, con una información relativamente cierta, se diseña una política y un modelo tanto para la función que debe cumplir ese sector en todos los aspectos del orden social (incluidos su función económica) como en qué forma puede o debe cumplirlos.

Es decir, debe incidir en las decisiones y debates que hasta ahora se han adelantado sin suficiente respaldo y en consecuencia hasta cierto punto sin suficiente responsabilidad.

Replantear por ejemplo el tema de si ‘neoproteccionismo’ o ‘segunda apertura’, debate que tanta actualidad tiene ahora, sobre todo por las posiciones expuestas en la Asamblea de la Andi. Diferentes son las del Ministro de Agricultura, que enfatiza la necesidad de defender o promover la producción de cereales (arroz y maíz) incluyendo barreras y subsidios, y las de quienes, aparentemente sin pensar en las consecuencias que tendría la pérdida o disminución de esta actividad, solo ven lo que representa dentro del mundo del mercado (es decir, cuáles son las alternativas para conseguir mejores precios para esos productos o cómo sacar ganancia de ellos) pero no dan importancia a cómo afecta a la población que de ella depende o hasta qué punto se debe garantizar la seguridad alimentaria y la ocupación del territorio.

Pensar en los efectos que produce ese descuido u olvido cuando llegamos hoy a la necesidad de importar 12 millones de toneladas de alimentos que representan directa o indirectamente (la mayoría son insumos para concentrados) 20% de la alimentación de los colombianos; y repercute con la actual devaluación en un alza de 10% en el renglón de alimentos, principal componente de la canasta familiar de las clases bajas. O pensar también en que, como lo dice en alguna forma el censo, el aumento de la edad promedio en el campo se debe explicar porque la falta de oportunidades solo presenta como alternativas el éxodo o el alistamiento en la guerrilla, en el paramilitarismo o en las bacrim.

O, planteando el problema en términos más ampliados como un problema del modelo de desarrollo, si la inserción en el comercio mundial debe ser dirigida desde el Estado, como lo hicieron con tanto éxito los países asiáticos con lo que ellos llaman Política Industrial y occidente Planeación Estratégica, o seguir con la idea que un orden liderado por la iniciativa privada librada al vaivén de las demandas del mercado, por ser mejor para los inversionistas, lo es también para el conjunto de la Nación.

Decidir si, ahora que ya no existe la propuesta de que el Estado sea el dueño de los medios de producción, es mejor que este desaparezca al máximo y la libertad total rija las relaciones sociales –y básicamente las de producción– (o sea la propuesta neoliberal), o si es más conveniente la dirección, planeación e intervención desde el Estado para poner los recursos que de él dependen (crédito, diplomacia, investigación, etc., pero también el manejo tributario, devaluación de la moneda, etc.) al servicio de un modelo de desarrollo dirigido en tal forma que en vez de acrecentar los problemas sociales (en particular la desigualdad) asuma la función, entonces sí definida como prioritaria, de ‘cerrar la brecha’.
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