Opinión

  • | 2015/07/22 00:00

    La ciudad de los hippies

    Portland, Oregón, es la ciudad donde van los jóvenes a pensionarse.

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Para desescalar el conflicto, hoy no me voy a dedicar a ensalzar a los Honorables Miembros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias–Ejército del Pueblo, porque de pronto me llama el Fiscal a contar lo que ya conté, o me mete a la cárcel por mostrar videos.

El tema es Portland, Oregón, donde vivo ahora. Portland es la ciudad de los hippies. San Francisco ya no lo es, porque está tomado por Silicon Valley y es carísimo.

Cuando uno baja del avión en Portland, se siente inmediatamente la tranquilidad. La tranquilidad de saber que no le van a robar en la calle. Ese cambio de percepción es lo que más afecta positivamente. Es una sensación de libertad.

Portland es una ciudad amable.
Tiene un metro de superficie con cubrimiento limitado y excelente servicio de buses. No hay atracos, ni señores empacando maní con la mano en el bus. No hay colados. Se le cede el puesto a las personas mayores y mujeres embarazadas o con niños.

Los carros dan la vía no solo a otros vehículos, sino también a los peatones. Para cruzar una calle sin semáforo se va hasta la esquina y los carros paran cuando hay gente cruzando.

La semana pasada se celebró por la noche la carrera en bicicletas, desnudos. Asistieron más de 50.000 competidores. Cada fin de semana de verano hay otra actividad: una degustación de los más de 3.000 food carts que hay en Portland; Oregon State Fair en Salem, donde en un principio se vendía ganado, pero ahora está llena de exhibidores de toda clase. La maratón, la media maratón y la revista aérea a la que asisten 100.000 personas, para mencionar solo unas pocas actividades.

La marihuana libre está altamente controlada por el gobierno, que está otorgando licencias para los agricultores y los dispensarios que venden marihuana médica. La licencia para poner un dispensario son US$10.000. Como la marihuana empieza a pagar impuestos, el precio subirá. Se prevé un mercado negro si la marihuana “oficial” después de pagar impuestos se vuelve demasiado cara.

No hay ni qué decir que las calles son limpias, sin huecos. Hay multa por parquear sobre los andenes. Se puede parquear en la calle, pagando en máquinas que indican en un volante la hora de expiración. Si se parquea mal, una grúa se lleva el carro a un depósito particular donde no lo desvalijan pero toca pagar para sacarlo.

En verano la ciudad se vuelca a los ríos, lagos y al Océano Pacífico para pescar
. Se paga US$35 por licencia para pescar truchas y si se quiere sacar salmón y esturión hay que pagar adicional.

Los lagos son cargados con alevinos periódicamente para que los pescadores no hagan pesca predatoria. Cada persona puede pedir licencia para matar un venado, uno solo.

Todas estas normas son vigiladas y controladas por guardias que le piden a uno la licencia de pescar en los lugares más remotos. Eso se llama Law Enforcement, que no tiene traducción en español, y por lo tanto es expresión desconocida en nuestro país.

Para pescar, muchas veces las familias se van de camping, pero el camping gringo es como trasladar la casa.
Llegan camionetas llenas de equipo náutico, algunos con sus lanchas. Colchones inflables para no dormir en el piso. Calentadores a gas para la carpa. El camping es en un sitio civilizado (demasiado), donde hay espacios demarcados. Hay baños, mas no ducha, y estamos al frente de un lago donde vamos a pescar en lancha.

Se ven tatuajes por todos lados y no desdicen de la persona, porque todo el mundo tiene. Muchos se hacen la manga donde todo el brazo está tatuado.

La población LGBT no tiene ninguna amenaza.
Las parejas de homosexuales son tan normales como las heterosexuales. En los cursos que dan para padres adoptantes acuden homosexuales de ambos sexos y son totalmente aceptados.

Es un completo shock cultural, pero al que uno se adapta con facilidad, porque el entorno es amigable. No amenazante, como en nuestro país, donde oí en National Geographic que a un equipo que filmaba en toda Suramérica, llegando a Bogotá les robaron todo. De eso es que uno viene escapando.
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