Opinión

  • | 2015/08/19 19:00

    La gran bogotá

    Bogotá y sus municipios aledaños deben conformar oficialmente un área metropolitana.

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Bogotá D.C. es el núcleo de una gran conurbación que supera ya los 9,5 millones de habitantes y que genera casi 30% del PIB nacional. Pero funciona como una hidra de 23 cabezas, donde ninguna de ellas sabe lo que piensan las demás. Como resultado, los problemas que deben ser atendidos en forma coordinada no reciben la atención que merecen.

El problema de la movilidad es un buen ejemplo. Bogotá D.C. recibe por tierra diariamente unas 150.000 personas. Aproximadamente la mitad son viajeros regulares que van a la capital por razones de trabajo. Quienes vienen de Soacha, Chía, Funza, Cota o Mosquera, municipios relativamente bien conectados a la ciudad, gastan en promedio 50 minutos diarios para llegar a sus trabajos y otro tanto para regresar. Quienes vienen de otros lugares gastan en cada dirección una hora y media en promedio. 

Este martirio diario no tendría por qué ocurrir, pues el número de viajeros que recibe la capital es verdaderamente pequeño: no llega a 2% de la población residente de la ciudad. En condiciones geográficas mucho más difíciles, la isla de Manhattan, con una población de 1,6 millones, recibe a diario 2,3 millones de viajeros. La misma Bogotá D.C. moviliza diariamente en el Transmilenio a dos millones de personas.

La movilidad es solo uno de los problemas comunes que requerirían una mejor coordinación entre la capital y sus municipios satélites. La contaminación del aire y el agua, así como el uso de los suelos, son problemas tan o más importantes. Aunque hay entidades intermunicipales, como la CAR, que tienen responsabilidades en estos temas, sus capacidades de coordinación se quedan cortas frente a los problemas.

La falta de coordinación no solo perjudica a la capital, sino que limita seriamente las posibilidades de desarrollo de los lugares cercanos. La administración distrital podría ayudarles a los municipios aledaños a cobrar impuestos, a capacitar a los funcionarios públicos, a estructurar unos buenos Planes de Ordenamiento Territorial y a identificar las necesidades de infraestructura para facilitar las iniciativas empresariales que podrían tener más éxito fuera de la capital.

Hay 22 municipios que pueden considerarse parte de la Gran Bogotá porque comparten un mercado laboral común a través de flujos laborales diarios de por lo menos 10% de la fuerza laboral. Ello debería llevar a que en esos municipios surgieran empresas que podrían aprovechar la experiencia que esos migrantes diarios han adquirido en la capital. Pero por la falta de coordinación hay muy poca empresa fuera de la capital: apenas unos 200.000 puestos de trabajo formales en esos 22 municipios, mientras que en Bogotá hay unos 2,3 millones de puestos de trabajo formales. 

Aunque se ha hablado de conformar el Área Metropolitana de la Sabana de Bogotá –que incluiría algunos municipios no sabaneros– la idea no ha pasado del papel. Los candidatos a las alcaldías de la capital y de los municipios aledaños que realmente estén pensando en el bienestar de sus electores tendrían que expresarse sobre este tema y esforzarse por orientar a la ciudanía sobre la necesidad de la coordinación entre los municipios de la Gran Bogotá. 

La conformación de áreas metropolitanas se rige por una lista de procedimientos establecidos en la Ley 1225 de 2013, que concluye con la aprobación en consulta popular. Ya existen legalmente seis áreas metropolitanas, la de Bogotá debería ser la próxima.
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