Opinión

  • | 2014/03/19 18:00

    Equidad Social: Tres Tristes Trabas

    ¿Cuáles temas quisiera uno ver en el corazón de la nueva agenda legislativa? Yo comenzaría con la desigualdad social y tres problemas que le son transversales.

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Superada la cita de marzo 9 para conformar nuestro nuevo Congreso, ya el país está en plena recta final hacia la elección del Presidente. En este contexto cabe pensar, o al menos cabe soñar, en los temas económicos que uno quisiera ver en el centro del debate público, en el corazón de la agenda legislativa y en el alma del nuevo programa de gobierno.

Comencemos, digo yo, con la desigualdad. No creo que haya nadie en el país que controvierta la idea de que es deseable buscar más equidad social, no solamente por la dimensión ética, sino también por los costos potenciales que la inequidad acarrea. Una amplia literatura académica ha mostrado que dichos costos incluyen dificultades para avanzar en programas en salud y educación, cosa que su vez dificulta el progreso en materia de capital humano y, por ende, es una traba al crecimiento económico futuro. La inequidad también potencia la inconformidad social, haciendo más difícil la búsqueda de la estabilidad política y, en consecuencia, deteriorando la tranquilidad y la capacidad de generar consensos que requieren los grandes debates y las grandes decisiones de política pública. Hay evidencia en el sentido de que una política redistributiva bien diseñada puede ayudar, al mismo tiempo, a reducir la desigualdad y a catalizar los ingredientes del crecimiento económico.

La desigualdad es, de otra parte, un tema transversal que implica reflexiones sobre al menos, tres cosas que son ciertas en Colombia y que requieren atención urgente. Primero, si bien hemos sido una sociedad agresiva en materia de política social (gastamos mucho, en relación con nuestro ingreso) la diferencia entre la desigualdad de ingresos antes y después de estas transferencias es muy bajo. Mejorar la distribución de ingreso en Colombia pasa por mejorar la calidad del gasto social y muestra que hay temas espinosos por delante. Por ejemplo, como se ha mostrado en diversos estudios, buena parte del gasto social es apropiado por personas con ingresos altos. Pensemos, por ejemplo, en los subsidios pensionales y los brindados a la educación terciaria, terrenos completamente ajenos y desconocidos para la población verdaderamente pobre.

Segundo, nuestra estructura tributaria es también transversal al tema más general de la desigualdad. Mientras en la OCDE los impuestos a las rentas personales equivalen al 8,4% del PIB y generan el 25% del recaudo total, en Colombia dichos impuestos personales representan solo el 1,2% del PIB y generan el 6% del recaudo total. Esto no es una realidad favorable a la redistribución, que requiere mucho más énfasis en las rentas de las personas y mucho menos énfasis en las utilidades de las empresas. En Colombia mantenemos una idea falsa y peligrosa para una política pública exitosa en la doble tarea de reducir la inequidad y promover el crecimiento: estamos actuando como si las empresas son ricas y las personas son pobres.

Tercero, Colombia tiene, respecto del ingreso medio, un salario mínimo legal significativamente más alto que los países de la OCDE, que son mucho más exitosos en redistribuir. Mientras nuestro salario mínimo legal equivale al 70% del salario promedio y ha venido creciendo, en la OCDE es 40% y no pasa del 50% en ningún país miembro. Un salario mínimo legal demasiado alto, que rebasa las posibilidades objetivas del país, tiene que ser visto como una barrera, paradójica si se quiere, a la formalidad laboral, a la modernidad y al progreso social. La informalidad, y por ende las ocupaciones de muy baja productividad, escaso futuro y bajos ingresos, es el único destino que le queda a la población que esta barrera aísla respecto del país formal. La informalidad, a su vez, dificulta el avance en temas tan importantes como la salud y la educación.

Conviene estrenar legislatura e inaugurar agendas de gobierno con un tema crítico como la desigualdad, flagelo contra el que poco hemos avanzado, no obstante la retórica igualitaria de nuestra Constitución, encendidos discursos políticos y reiterados reclamos de la inmensa mayoría de los ciudadanos. Avanzar en serio, de otra parte, implica repensar a fondo al menos tres temas polémicos: la calidad del gasto social, la estructura tributaria y el salario mínimo.
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