Opinión

  • | 2014/10/19 09:00

    A nuestras espaldas

    Gracias Juan Carlos Pinzón por abrirnos los ojos sobre lo que realmente pasa en la isla. Creo que no nos cuentan la verdad porque, si supiéramos, se acabaría el proceso de paz. Al mejor estilo Samper, todo fue a nuestras espaldas.

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Las embarradas han sido muchas. La más reciente, el aislamiento en que tienen los negociadores de La Habana al Ministro de Defensa sobre lo que realmente sucede allá, al punto que el ejército tiene que espiar tanto a los propios como al enemigo para saber qué está pasando.

Es así como Juan Carlos Pinzón se enteró de los paseos de Timochenko a Cuba (no sabemos cuántos), las reuniones con el ELN allá mismo, la escala en Nicaragua de Timochenko –un país con el que hay un conflicto limítrofe–, más todo lo demás que no sabemos. Y todo esto con el dinero de los contribuyentes y especialmente de los empresarios que acolitan la campaña “Soy capaz”, ideada por un funcionario del Gobierno, perdón, de la Andi, a quien ninguno de los afiliados fue capaz de decirle “no”.

Con “secretos” como estos es que el proceso de paz está perdiendo, a pasos agigantados, su menguada credibilidad. Mientras Santos II dice que el proceso está de un cacho, los guerrilleros dicen que falta mucho, por lo menos dos años más.

El Gobierno, que dijo que no se discutiría ningún punto por fuera de la agenda, cedió al recibir a las víctimas no solo de las Farc, sino también a las de los paras y del Estado. ¿Qué tienen que ver estos dos últimos en el paseo? Todo por darle gusto a las Farc. Además, pidieron una comisión de género. Desde ya me declaro hombre para no estar ahí.

Dice el Presidente que ya hay tres puntos de la agenda aprobados, pero los guerrilleros les han puesto “salvedades” a los puntos álgidos. Y en esas salvedades habrá asuntos como la no entrega de armas y no pagar cárcel, que a fin de cuentas los colombianos no nos vamos a tragar.

Santos II dijo que se haría una reforma tributaria para financiar el postconflicto. Pero se presenta esta descarada reforma tributaria que a través del CREE aumenta el impuesto a la renta en tres puntos. De una tarifa de renta de 34% (incluyendo CREE), pasamos a 37%, que es no solo la tarifa más alta de América Latina, sino que queda 10 puntos por encima de la media latinoamericana de 27,5%. Y todavía pretenden atraer inversión extranjera. No pudieron vender Isagen y la última subasta petrolera fue un fracaso.

La reforma, tan tímida en el recaudo esperado, parece haberse olvidado del postconflicto que requerirá ingentes recursos. Debe ser que ya no hay afán, viendo que el final de la negociación se hará en el próximo gobierno y Santos perderá el ansiado Nobel de Paz.

El empresariado está pidiendo a gritos que la Dian acepte las normas IFRS, pero nada en esta reforma. Los contribuyentes seguirán llevando tres contabilidades: la fiscal, en IFRS y en Colgaap. Pareciera que la Dian y la Superintendencia de Sociedades estuvieran bravas y no se hablaran.

Otras reflexiones que parecen chistes. Durante este gobierno, Ernesto Samper resucitó, no solo con el importantísimo cargo de Secretario de Unasur, sino con participación política. Pero Samper no deja de ser Samper, cuando declaró que paramilitares colombianos habían asesinado a Robert Serra en Venezuela. La Canciller lo tuvo que regañar.

Santos II va a Panamá a felicitar al presidente Juan Carlos Varela y a pedirle que extradite a María del Pilar Hurtado, y a los pocos meses declara a ese país como paraíso fiscal, acabando con las operaciones de grandes bancos nacionales, que tienen 30% de la inversión financiera en Panamá. ¿Le consultó esta medida a Luis Carlos? Porque el que manda es él.

Pero la mejor embarrada es cuando hizo una “cumbre” en Cartagena con Bill Clinton, Tony Blair y Henrique Cardoso. Resulta que estos personajes son conferencistas de millón de dólares y el Gobierno pagó para que vinieran, se tomaran una foto con él en las murallas de Cartagena y se volvieran a ir. Vanidad de vanidades.

Primero cae un mentiroso que un cojo, dicen por ahí. Gracias Juan Carlos Pinzón por abrirnos los ojos sobre lo que realmente pasa en la isla. Creo que no nos cuentan la verdad porque, si supiéramos, se acabaría el proceso de paz. Al mejor estilo Samper, todo fue a nuestras espaldas.
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