Opinión

  • | 2016/12/15 00:00

    Negro el porvenir si seguimos dependiendo del petróleo

    Lo insólito es que como Estado hayamos organizado nuestra economía alrededor de las exportaciones de petróleo cuando no lo tenemos.

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Nos han dado la noticia que el alza del precio del petróleo y un probable descubrimiento de nuevos yacimientos offshore pueden aliviar en algo la difícil situación que se presenta por la baja de los precios del crudo (ver Elisa Pastrana Sube el precio del petróleo: alivio momentáneo para Minhacienda y los viajeros).

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Por supuesto que estas son buenas noticias, que es mejor tener mayores reservas y que parece convenirnos tener precios altos del crudo...

Pero...

Desde hace rato la dependencia del petróleo llevó a que la baja en su precio se volviera la única explicación para la caótica situación económica. Sin embargo, ni es esa la sola causa de lo mal que estamos y los problemas que tenemos, ni tiene el peso que se le pretende dar. Por un lado, la caída fue compensada con una recuperación, parcial pero significativamente mayor y más rápida que lo previsto (subió de menos de US$30 el barril a US$55 hoy, es decir casi 100%); por otro lado tenemos la bonanza cafetera más alta en producción y precios de la historia reciente (en el año subió el precio alrededor de 60% y rompemos el récord de bultos anuales), siendo este sector el que tradicionalmente más mueve la economía interna.

Pero eso amerita que reflexionemos sobre la situación actual, sus perspectivas y peligros.

Fue absurda la estrategia, o política, o modelo de montar una economía en una ‘globalización’ consistente en exportar recursos naturales para importar productos elaborados. Era por definición la típica enfermedad holandesa. La caída del sector productivo –industria y agricultura– fue causada por ello y no tuvo que ver con el cambio en el precio del crudo.

La baja del precio del petróleo fue solo el complemento, no solo por la merma en el valor, sino porque nuestro costo de extracción sacó del mercado casi 40% de lo que producíamos. Ya no aspiramos al millón de barriles diarios sino rondamos los 650.000 y con la paralización de Caño Limón es probable que los 700.000 sean una meta lejana.

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Pero lo insólito es que como Estado hayamos organizado nuestra economía alrededor de les exportaciones de petróleo, cuando no lo tenemos: nuestras reservas probadas no han mostrado un horizonte de más de 7 años (aunque entre menos extraemos más se alarga este) cuando países como Venezuela o Arabia Saudita tienen cien veces más que nosotros, y cualquiera de los países petroleros ve su capacidad para producir en términos de decenas de años.

Pero sobre todo debemos ver las perspectivas a mediano y largo plazo.

La tendencia reciente del precio del petróleo ha sido hacia la baja (ver Amylcar Acosta Remando contra la corriente), siendo más grande el potencial de oferta que la demanda (solo hechos excepcionales han producido históricamente las grandes alzas en forma transitoria; en especial la creación del cuasi monopolio de la Opep en los 70, y a comienzos de este siglo las guerras de Irak con Irán, Kuwait y en cierta forma Arabia Saudita y los Estados Unidos. Pero estas bajas transitorias de producción (que trajeron las alzas de precio) han creado una nueva estructura del sector. Estados Unidos, que importaba 10 millones de barriles diarios, hoy es autosuficiente y amenaza con volverse gran exportador dependiendo del fracking (que de por sí, al aumentar su producción incrementa la oferta y contribuye a bajar precios, creándose para ese modo de extracción un círculo virtuoso); Rusia tiene la producción hoy más grande y China disminuye su tasa de crecimiento –o sea de sus consumos– al tiempo que aumenta su autonomía con hallazgos e inversiones en otros países petroleros (Nigeria).

El acuerdo para disminuir en 2% el bombeo va en contra de las condiciones del mercado, es probable que sea de muy breve duración y puede que de poca aplicación. El potencial de los países en guerra (así como el de Venezuela) está subexplotado, pero tanto sus necesidades como sus capacidades tienden a que vuelva a su producción anterior. Y el mundo declaró enemigo los combustibles derivados de fósiles por el daño que causan al medio ambiente, buscando energías alternas o productos que remplacen sus derivados, como el etanol y los biotextiles.

Queda el tema de Reficar, que se presenta a futuro como el lado positivo de la política sectorial. Independientemente de las causas de los sobrecostos, el hecho es que su propietario –Ecopetrol– los tendrá que absorber; es decir, que, después de las utilidades operacionales que produzca en la refinación, sus resultados netos serán durante muchos años pérdidas que trasmitirá a su dueño. El Dr. Echeverry, su presidente, ha dicho que desde su entrada hace un semestre han bajado los costos de 67 a 44 por unidad, lo cual no parece verosímil. Solo puede explicarse por una manipulación del balance (¿‘reajuste’ o ‘depuración’?), o que el nivel de corrupción y mal manejo anterior superaría todo lo que hasta ahora se ha denunciado en otros casos.

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