Opinión

  • | 2015/05/27 22:00

    Muy pocas guarderías

    La falta de guarderías limita las posibilidades laborales de las mujeres más pobres.

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En el país hay 4,3 millones de niños menores de cinco años de edad. Cuatro de cada cinco viven en alguna de las 20 áreas metropolitanas y ciudades más grandes del país. Para que las madres de estos niños puedan trabajar necesitan que alguien los cuide en la misma vivienda o en algún lugar cercano. Idealmente, ese lugar debería estar a menos de 500 metros de la vivienda, de forma que pueda accederse fácilmente a pie. Con la densidad típica de las ciudades colombianas, eso requeriría que hubiera unas 12.000 guarderías en las 20 áreas y ciudades más importantes del país.

Este problema debería estar resuelto, puesto que durante cuatro décadas se exigió que todas las empresas pagasen una suma equivalente a 2% de su nómina mensual de salarios (3% desde 1988) “para que el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar atienda la creación y sostenimiento de centros de atención integral al preescolar para menores de 7 años”, según rezaba la Ley 27 de 1974. Hace un par de años se eliminó este parafiscal y el funcionamiento del ICBF pasó a depender de los recursos generales de presupuesto.

Se sabe cuantos infantes son atendidos en hogares ICBF que brindan educación inicial, cuidado y nutrición: 925.529 a diciembre de 2014; o sea, menos de una cuarta parte de la población menor de cinco años. Pero es imposible saber cuántas guarderías y jardines infantiles opera el ICBF ni dónde están ubicados, pues solo algunas de sus modalidades de servicios se prestan en su propia infraestructura. Las ciudades e incluso las comunidades pobres aportan en muchos casos locales o casas de familia para los servicios de atención del ICBF.

Una cobertura más amplia de servicios de cuidado infantil podría tener un impacto enorme. La experiencia de Medellín es reveladora
. El gobierno de la ciudad estableció en 2006 el programa Buen Comienzo para atender gratuitamente infantes en condiciones de vulnerabilidad, ya que para entonces el ICBF atendía apenas unos 50.000 menores de cinco años de los 150.000 que conforman aproximadamente esta población objetivo (hay 306.000 menores de cinco años en el área metropolitana de Medellín, incluyendo quienes no están en condición de vulnerabilidad).

Buen Comienzo amplió sustancialmente las posibilidades laborales de las madres, según un estudio recién terminado de Lina Cardona y Leonardo Morales, del Banco de la República de Medellín. Comparando con las zonas donde no hay guarderías, los autores encontraron que, donde se pone en funcionamiento una guardería o jardín infantil, se duplica el número de madres de menores que pueden salir a trabajar. Donde no hay guarderías solo tres de cada 10 madres pueden trabajar, mientras que allí donde hay una guardería a menos de 500 metros, seis de cada 10 madres pueden participar laboralmente. Es difícil pensar en un programa de mayor impacto sobre los ingresos y las condiciones de vida en las familias en las zonas beneficiadas. Y, por supuesto, sobre los niños atendidos en las guarderías, cuyo bienestar es el principal objetivo del ICBF.

El Gobierno ha reconocido que se necesitan 1.500 edificaciones adicionales de atención infantil, pero no parece muy dispuesto a dedicarles recursos del presupuesto: “Reiterando el compromiso del Gobierno Nacional con la primera infancia del país, en 2011, anunció que 25 millones de dólares incautados al narcotráfico serían invertidos en la implementación de la Estrategia”. La eficacia de semejante enfoque es evidente: en 2015 se construyeron apenas 31 centros de desarrollo infantil temprano. Por lo visto, muchas familias pobres tendrán que esperar otras cuatro décadas.
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