Opinión

  • | 2014/11/30 09:00

    María Ángela en su laberinto

    ¿Cuál es el miedo a decirle la verdad a Venezuela? ¿Por qué no presentar nuestros justos reclamos? ¿Por qué dan refugio a los jefes guerrilleros?

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Conozco personalmente a María Ángela Holguín y la respeto como profesional. Para una diplomacia en tiempos normales, María Ángela es la mejor calificada. Pero debido a los turbios momentos por los que atraviesa Venezuela, no se sabe si la genuflexión de María Ángela ante ese país es iniciativa propia, u orden de Santos II.

La semana pasada Holguín encabezó una comitiva oficial a Caracas, que incluía a la Ministra de Comercio, el Ministro de Minas, el de TIC, Viceministro de Defensa, el Director de la Polfa, Aduanas, un delegado de Minhacienda y el embajador en Caracas, Luis Eladio Pérez.

La página oficial describe los temas de la reunión: contrabando, intercambio comercial, información y comunicación (sic), seguridad y defensa, transporte y minas y energía. No conocemos el resultado de la reunión, pero podemos presumir sin temor a equivocarnos, que se firmaron acuerdos plagados de buenas intenciones, memorandos de entendimiento –esa figura diplomática tan desgastada–, y firma de tratados inútiles.

Y es que los verdaderos temas de fondo se quedaron en el tintero. Por ejemplo, el asesinato de Robert Serra. En Venezuela hay dos organismos armados legales que están en guerra: las Fuerzas Armadas Nacionales y los Colectivos. Las primeras son las tradicionales, de donde salieron Hugo Chávez y Diosdado Cabello. Los Colectivos son grupos civiles armados creados por Cuba, que operan como paramilitares.

Robert Serra, parlamentario del PSUV, pertenecía a un colectivo. Aparentemente fue asesinado por sus guardaespaldas. Al día siguiente de su muerte hubo una masacre donde el jefe del Colectivo 5 de marzo, José Odreman, fue asesinado junto con otros miembros del mismo. Odreman era el jefe de escoltas de Serra.

Sin tener ninguna información, Maduro acusó a los paramilitares colombianos dirigidos por Álvaro Uribe. Lo secundó el fiel neo-venezolano Ernesto Samper, desde Unasur, en un tuit. Aparentemente, el jefe de la banda fue un tal “El Colombia”, quien posteriormente fue capturado en Cartagena, y aún no ha sido extraditado. María Ángela no defendió a Álvaro Uribe, un expresidente de la República, frente a las acusaciones de Maduro.

Nuestro embajador, Luis Eladio Pérez, tuvo la valentía de aclarar que “El Colombia” es venezolano y le cayó todo el gobierno bolivariano encima. Para rematar, María Ángela lo regañó y todo parece indicar que perderá el puesto. Como lo dice Sergio Ocampo Madrid en La República:“Y frente a todo esto, en una reacción mezquina y obsecuente, la canciller Holguín regañó públicamente a Pérez porque 'los embajadores no están autorizados para hablar con los medios'”.

A pesar de la penosa situación del pueblo venezolano, María Ángela eliminó las visas “Mercosur” con el argumento de que Venezuela no estaba correspondiendo. Con estas visas los venezolanos podían venir a hacer empresa en el país por dos años y después podían regularizar su situación. Ya hay más de 50.000 empresarios venezolanos en todo el país. Ya se han instalado en Colombia compañías venezolanas que están dando sus frutos como Locatel, Farmatodo y Clean & Clean. Sin visa tardarán mucho más en venir.

Otro punto que no se mencionó en la reunión es el pago a las empresas colombianas a las que se les deben facturas, o que teniendo inversiones en Venezuela fueron expropiadas. Almacenes Éxito, Cementos Argos, Avianca, Grupo Corona, entre muchas otras, esperan que la Cancillería alguna vez siquiera represente los intereses comerciales de los colombianos.

Y si María Ángela no iba a abogar por los industriales colombianos, menos lo iba a hacer por el aberrante encierro de Leopoldo López y demás presos políticos.

Los países garantes del proceso de paz son Cuba y Noruega. Me pregunto yo: ¿Cuál es el miedo a decirle la verdad a Venezuela? ¿Por qué no presentar nuestros justos reclamos? ¿Por qué no ayudar a los presos colombianos? Y el reclamo mayor, ¿por qué dan refugio a los jefes guerrilleros? Nunca tendrá respuesta porque María Ángela no se atreverá a preguntar.
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