Opinión

  • | 2013/10/05 14:29

    Pecado capital...ista

    Pareciera que en Colombia ser rico es un pecado. Sin embargo, la posibilidad de generar riqueza en un país es de mucha importancia para el progreso y bienestar.

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En Colombia, enriquecerse de manera lícita pareciera ser un pecado. No es inusual oír en la radio, ver en la televisión o leer en la prensa una diatriba o un ataque contra alguna compañía o algún individuo alrededor del hecho de que está ganando mucha plata, de que se está enriqueciendo. Múltiples debates en el Congreso, promovidos por partidos de ideologías variopintas, desde la izquierda hasta liberales, han tocado el tema. Y muchas veces dicha diatriba viene acompañada de insinuaciones de influencias, corrupción, o gabelas por parte del Estado. Mientras en otros países la riqueza es algo que se promueve y a lo que se aspira, pareciera ser que en Colombia ser rico es mal visto.

Es una lástima que en Colombia se estigmatice de esa forma la generación de riqueza. Es muy difícil para una economía capitalista generar progreso y bienestar sin generar los incentivos adecuados para construir patrimonio. Y en este tema, como ocurre muchas veces con los debates en el país, se pone el foco donde no toca. No hay que cuestionarse el enriquecimiento de unos pocos. Seguramente lo tienen bien ganado, a punta de trabajo, inteligencia, sagacidad y estrategia, y muchas veces por generaciones (eso que llaman herencia, que aparentemente en Colombia también es un pecado). Lo que el país debería estar haciendo es viendo como provee de herramientas a la mayor cantidad de gente para que tengan acceso a la posibilidad de volverse ricos. Esto incluye generar políticas que mejoren la calidad y cobertura de la educación, la nutrición infantil, el acceso a tecnologías y a infraestructura física y de vivienda. Lo que se debe hacer es equilibrar el punto de partida, no estigmatizar el punto de llegada.

La esencia del modelo capitalista es la generación de riqueza con base en el esfuerzo individual. Múltiples filósofos y economistas han escrito extensamente sobre el tema. Los países que decidieron adoptar ese modelo –como Colombia– entienden que es el mecanismo más eficiente para asignar capital hacia las actividades más rentables y productivas, lo que en últimas –con imperfecciones, por supuesto–, asumiendo el resto de factores constantes, debe permitir a una población progresar y desarrollarse, y legar a las generaciones futuras un mayor bienestar. El modelo, inclusive, ha incorporado elementos de responsabilidad social y ambiental, como parte de un concepto más amplio de sostenibilidad, pensando a más largo plazo pero siempre dentro del principio, que sigue siendo el fundamental, de maximizar la renta.

Por supuesto que el Estado tiene que entrar a equilibrar las cargas y repartir las rentas, pero lo que no puede hacer es asfixiar el emprendimiento o la posibilidad de amasar patrimonio, que es lo que muchos buscan. Y la sociedad en general, en lugar de estigmatizar y desconfiar sobre la generación de riqueza, debería es acogerla y promoverla.

Claro que la crítica y la destrucción es el camino más fácil. Por supuesto que Colombia tiene un tema con la riqueza mal habida, que sin duda ha contribuido a generarles, así sea de manera inconsciente, mala fama a los ricos. Y claro que la riqueza genera muchos sentimientos, entre ellos la envidia y el resentimiento, porque inevitablemente se genera inequidad (siempre habrá gente más acaudalada que otra). Pero no por ello se convierte en pecado. Si se entiende de donde proviene, si se entienden sus beneficios y la importancia de que la misma es parte fundamental de la generación de bienestar, probablemente la riqueza, y la gente que la genera, serán vistos con otra óptica. Y es función del Estado y de la sociedad en general entender y explicar bien el motivo por el cual algunos son ricos y otros no. Sin dogmas.
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