Opinión

  • | 2013/11/27 18:00

    Austeridad y Reforma

    Tras la crisis financiera de 2008, se generaron fuertes emplazamientos al mercado y a la austeridad fiscal como responsables de sus costosas consecuencias. Dos documentos recientes sugieren lo contrario.

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Una de las pocas cosas buenas que trajo la crisis financiera cuyas secuelas y riesgos aún padecemos globalmente es un aporte indiscutible tanto a la calidad como a la variedad del debate económico. Innumerables artículos han aparecido en la prensa financiera y en las revistas especializadas aportando nuevas ideas e interpretaciones que prueban las afirmaciones anteriores.

Entre los conceptos que más se ligan a este nuevo debate se destacan dos. Primero, la idea de que el advenimiento de la crisis se explica en parte importante por la delegación excesiva que los responsables de la política pública le fueron dejando al ABC de la oferta y la demanda, al amparo de un presunto y malhadado fundamentalismo de mercado. Segundo, una vez la escala de la crisis se fue revelando, la idea de que para amortiguar sus consecuencias era necesario una política expansionista en lo monetario y lo fiscal.

Dos documentos publicados en los últimos días informan, me parece, estos grandes temas que la crisis de 2008 originó. Primero, el texto que resume las decisiones adoptadas por el comité central del Partido Comunista Chino (PCC) en la tercera sesión plenaria de su décimo octavo congreso, efectuada en Beijing entre el 9 y el 12 de noviembre últimos.

El resultado de esta sesión plenaria –calificada unánimemente por los expertos como la más ambiciosa en al menos los últimos 20 años– es un paquete que incluye unas trescientas reformas específicas que serán implementadas en los meses y años por venir, decisión que, sin duda, va a tener consecuencias muy importantes en la economía global. Las reformas van mucho más allá de la economía e incluyen, por ejemplo, cambios en la política de prohibir la procreación de más de un hijo por pareja y el abandono de los campos de trabajo forzoso. Hay una reforma profunda en la justicia, una unificación en los mercados de tierras, y una decisión de fortalecer la regulación en áreas como la farmacéutica y la ambiental. Pero, para los propósitos presentes, lo relevante es la postura radical a favor del mercado, cuyo papel en el futuro de China ahora es considerado “decisivo”, un marcado ascenso conceptual respecto de su rol anterior como elemento “básico” en la asignación de recursos. Contra este telón de fondo, se irán debilitando a través de la competencia los monopolios estatales, entrará capital privado al sistema bancario y se extenderá la igualdad de la reglas del juego que hoy solo se gozan en la zona de libre comercio de Shanghái.

El segundo documento hace referencia al tema de la austeridad y se trata de la tradicional publicación de la OCDE sobre las perspectivas económicas globales, específicamente en lo que tiene que ver con el documento presentado el 19 de noviembre en París. En concreto, el hecho de que la proyección para el Reino Unido se eleva de manera importante –más que cualquier otro país– respecto de lo que se pensaba en mayo, confirmando la fuerte revisión hacia arriba que en octubre hiciera el FMI. Este hecho es relevante porque las políticas económicas en dicho país han diferido respecto del consenso, en el sentido de enfatizar la austeridad fiscal, muy en contravía de reiterados llamados de entidades como el FMI y todo el establishment keynesiano para hacer todo lo contrario. Las cosas han cambiado de manera notoria: el FMI ya le ha bajado el tono a sus críticas hacia la estrategia de austeridad liderada por el Ministro Osborne, y lejos de haber implicado costos excesivos, ha generado una “grata sorpresa” para Olivier Blanchard, el economista jefe del organismo.

En gran síntesis, ni la austeridad pregonada por Osborne ha generado los desastres que se advirtieron en un comienzo, ni China, el principal motor que ha tenido y seguirá teniendo la economía global, parece sintonizada con la idea de que el mercado es un agente nocivo para el bienestar. Más bien lo contrario: tras la crisis el mercado pasa de ser un componente “básico” a ser un componente “decisivo” para la modernización de fondo que emprende esa gran nación y la austeridad parece reaparecer como elemento importante en el proceso de recuperación de las economías avanzadas.
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