Opinión

  • | 2017/03/16 00:00

    Licuando la decencia

    Muchos buenos candidatos de opinión pueden facilitar que a la segunda vuelta solo lleguen los representantes de las minorías corruptas o populistas.

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Sería muy desafortunado para el país, particularmente en estos momentos de elevada incertidumbre global y en medio de las enormes dificultades que representará la incursión en política de las Farc, que nos toque terminar teniendo que escoger, en la segunda vuelta de la elección presidencial en 2018, por el candidato menos malo.

Digo esto porque hay un tufillo a encuestitis aguda que si no se controla pronto puede pavimentarles el camino al poder a los enemigos públicos. La proliferación de firmas encuestadoras, con personajes de escasa formación estadística y profunda vocación politiquera, están alimentando la percepción de que existen múltiples candidatos alternativa, con verdaderas opciones de llegar al poder: Fajardo, López, Robledo, De la Calle, Ramírez, Pinzón, etc. Vamos para una primera vuelta con más de 16 candidatos en medio de una crisis de legitimidad y confianza en el sistema.

La elección por mayorías es algo que rara vez cuestionamos. Una de las características básicas de la democracia consiste en que quienes gobiernan representan a la mayoría de un pueblo. Y sus posibles abusos se acotan bajo la protección de un sistema constitucional que enaltece derechos fundamentales y la protección de las minorías. Sin embargo, la mecánica electoral fundada en la votación por mayorías solo se comporta bien si la elección es entre dos candidatos. Si se licuan los votos “racionales”, el sistema puede darle el triunfo a lo que la literatura ha denominado “un enemigo público”; es decir, puede terminar siendo elegido el candidato que es por amplia mayoría el peor de todos.

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Ejemplos de enemigos públicos elegidos en democracias son muchos más de los que uno se imagina. Hitler es el ejemplo fácil, aunque su ascenso definitivo al poder no fue exactamente el resultado de unas elecciones libres y justas. No obstante, el poder de su minoría en las elecciones del 32 ilustra el punto del enemigo público, ya que su 37% del voto popular fue fundamental para que Hindenburg se viera obligado a hacerlo líder de su coalición de gobierno a inicios del 33. Y el poder y el púlpito del cargo fueron los que lo catapultaron al triunfo en la elección de marzo de ese año. La elección estadounidense de 2016 es otro buen ejemplo de cómo demasiados candidatos moderados pueden terminar eliminándose entre sí, dejando la puerta abierta a quienes representan minorías radicales.

Por esto, si le creen al Marqués de Condorcet y a Borda, los padres de esta ciencia electoral, busquen por todos los medios posibles que los candidatos honestos y moderados hagan una única gran coalición por el país, por Dios, no le apuesten a hacer alianzas después de la primera vuelta, porque se quedan por fuera todos.

Los teoremas matemáticos sobre los diferentes comportamientos de los sistemas electorales abundan y con seguridad debe haber alguno que detalle qué sucede en un sistema de votación mayoritaria con segunda vuelta, donde unos pocos radicales se enfrentan a una amplia plana de candidatos moderados, liberales y tolerantes. Me atrevo a anticipar que, si los moderados se canibalizan entre sí, debatiendo la mejor forma de combatir la corrupción o la urgencia de unas elecciones limpias o la remuneración de los congresistas, entre mil otras cosas, las minorías radicales y las minorías corruptas lograrán 30% de los votos que los pondrán en la vuelta final.

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Para nadie es un secreto que la política colombiana maneja enormes montos de dinero en efectivo y que los topes se burlan a diestra y siniestra. La Registraduría ya dio la partida para que los políticos empiecen a engrasar las maquinarias –¡con billetes nuevooos!–. Ya se habla de dos a tres ‘López’ por voto y no pocos se ríen de la futura inflación electoral por aquello del Lleras de papel y el de carne y hueso.

Los contratistas ‘Odebrechtunos’ ya están sacando sus libreticas para hacer cuentas de lo que les deben. Los repetidos escándalos de políticos con pacas de billetes en sus neveras, cajas fuertes, cajuelas, cajas con moños rojos, etc. poco han servido para que tomemos conciencia de lo corrupto y cooptado que está el sistema. Esta elección es particularmente importante, el país ha logrado superar momentos muy aciagos. Estamos ad portas de una opción real para construir un futuro próspero para todos, pero la justicia que esto implica asusta a no pocos poderosos. Ya hay indicios de que el riesgo de recaer en las violencias y componendas usuales es alto. Si esas fuerzas prevalecen, pueden transformar esta gran oportunidad en la peor de las desgracias. Este es un momento para unir esfuerzos y no para diferenciar individuos.

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