Opinión

  • | 2014/04/02 18:00

    La legalización

    Ojalá nuestros candidatos presidenciales aprovecharan sus campañas para poner a pensar a los colombianos en los pros y contras de la legalización, a 100 años del inicio de la prohibición de la droga en el mundo.

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A la mayoría de los colombianos le parece bien que se prohíba la venta de droga en Colombia aunque al mismo tiempo se tolere ampliamente su uso. Si bien 76%1 de los colombianos se opone a la legalización de la droga –sin que sea muy claro lo que esto pueda significar en este país donde el consumo personal no es delito– solo 4%2 considera que la drogadicción es un problema muy grave. Al fin y al cabo, la droga aquí se consigue fácil y, además, –gracias a la Corte Constitucional– a (casi) nadie meten preso por usarla. Por ejemplo, se sabe que todo el que quiera droga en Bogotá puede encontrarla a una distancia que en promedio no pasa de unas 15-30 cuadras de su casa, y que incluso hay vendedores que la llevan a domicilio, con lo que se evita el riesgo de atraco que corre quien quiera salir a la calle a comprarla.

Como los colombianos nos acostumbramos a vivir en un país donde la droga es de buena calidad y abunda, y además tenemos una opinión y un régimen legal muy tolerantes frente al consumo interno, nos hemos anestesiado y ya no reparamos en el impacto trágico que el uso de ciertas drogas tiene en muchas comunidades vulnerables de nuestro país, ni en el creciente poder basado en las rentas del microtráfico que tienen las organizaciones criminales que manejan nuestro enorme mercado interno de drogas ilícitas.

Y aún menos nos preocupa a los colombianos el problema del narcotráfico, a pesar de que a todos nos consta que las bandas que exportan droga tienen arrinconado al Estado en vastas regiones de los departamentos de Córdoba, en el Urabá y en el puerto de Buenaventura, y que vemos todos los días cómo los cultivos ilícitos descomponen la sociedad y destruyen la ecología en las zonas productoras, y, finalmente, que sabemos todos que la renta que produce esta industria criminal sigue alimentando nuestro conflicto interno y corrompiendo a las autoridades.

Pero a pesar de que existe clara conciencia de que lo que venimos haciendo no ha servido para solucionar estos graves problemas, los colombianos no cuestionamos el estatus quo. A casi ningún político –de los que tienen oportunidad seria de llegar al poder– se le oye una idea distinta a la de seguir dando la misma pelea inútil en Colombia, o un ruido diferente al del eterno lloriqueo, también inútil, que usamos para pedir a los países desarrollados que reduzcan su consumo.

En 2014 se cumplen 100 años de la promulgación de la ley que prohibió –por la puerta de atrás– el consumo de droga en los Estados Unidos. Hoy pocos dudan que el enfoque prohibicionista que se inauguró con esta ley, llamada la Harrison Act, hizo al mundo mucho más daño que bien. Ojalá nuestros candidatos presidenciales aprovecharan sus campañas para poner a pensar a los colombianos en los pros y contras de la legalización, a los 100 años del inicio de la prohibición de la droga en el mundo. Estas discusiones matizarían un aburrido debate electoral, que hasta ahora ha girado en torno a los nombres y apellidos de los aspirantes y no en torno a las ideas que proponen. Pero no oiremos ni este debate ni ninguno parecido, porque hoy en día los políticos –cuidadosamente indoctrinados por expertos en comunicaciones– lo que hacen es repetir lemas obvios, inobjetables, seguros y aburridos, y no se arriesgan a tocar ningún tema que pueda generar controversia o que pueda afectar intereses.

Siendo la droga un problema fundamental para Colombia, es increíble que en plena campaña presidencial no sepamos si los candidatos más opcionados están o no de acuerdo con legalizar la venta de droga en el país para destruir el negocio de los carteles del micro-tráfico y para reducir lo que gastamos –y lo que sufrimos– en reprimir la oferta ilegal de droga. También nos deberían informar los candidatos su posición frente a la continuidad de la adhesión de Colombia a los tratados y a la política antidrogas de las Naciones Unidas, en un mundo donde otros países ya no aplican esos tratados y la legalización avanza a pasos agigantados. O decirnos si la receta que seguiremos usando será simplemente la de continuar con la misma política antinarcóticos de la edad de piedra e inconsistente que tenemos hoy, hasta que el ultimo país desarrollado legalice la producción y el consumo de droga, o –alternativamente– hasta que ellos descubran por fin la fórmula para producir cocaína sintética, o aprendan a cultivar matas de coca en invernaderos.

¿No tiene ninguna importancia el debate sobre la legalización de la droga en Colombia que plantearon algunos políticos atrevidos como John Sudarsky y Daniel Raisbeck? ¿A nadie le interesa? Según las encuestas solo 2%3 de los colombianos opina que el narcotráfico es un problema muy importante. Tal vez esto explique que Colombia sea el país más feliz del mundo.

[1] Siete de cada 10 personas están contra la legalización de la droga. Encuesta realizada el 22 y el 23 de noviembre por el Centro Nacional de Consultoría, por solicitud y con financiación de CM&. Tomada de eltiempo.com

[2] Colombia Opina 2013-3. La Gran Encuesta de Medición 9. Tomada de semana.com


[3] Ibidem

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