Opinión

  • | 2016/11/24 00:00

    Las divergencias económicas de la industria colombiana

    Socialmente se habla de la creciente desigualdad y poco se menciona la mayor disparidad productiva dada la intensificación de la competencia. ¡La tasa de cambio no basta!

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Según la revista Finanzas y Desarrollo de septiembre de 2014 del Fondo Monetario Internacional, a pesar de la fuerte reducción de la pobreza en el mundo, gracias a la globalización, la creciente desigualdad en la distribución del ingreso entre países y al interior de estos, ensombrece el logro generado por un mayor aumento de los ingresos por habitante de países emergentes frente a los habitantes de países avanzados. En términos de distribución del ingreso, los mayores perdedores de la globalización han sido el 10% más pobre del mundo y las familias de clase media y clase bajas de los países más ricos. Una alta divergencia se observa también en la estructura sectorial e industrial.

Hace unos años Margaret McMillan y Dani Rodrik escribieron sobre el cambio estructural, la productividad y el crecimiento, dentro de unas reflexiones sobre cómo hacer sostenible la globalización. Sus investigaciones concluyeron que, si bien en América Latina entre 1950 y 1975 la reasignación eficiente de recursos pasando de actividades rurales a urbanas había impulsado el crecimiento económico, los cambios estructurales tras la liberalización del comercio desde 1990 habían restado crecimiento en la región. Más que una crítica a la liberalización, sus reflexiones cuestionan la agenda de competitividad de países como Colombia.

La realidad es que la intensificación de la competencia en el mundo ha forzado la racionalización productiva y hace que las industrias tiendan a ser menos intensivas en mano de obra y más eficientes. En América Latina los más productivos están muy ligados a las materias primas, generan poca demanda laboral, por lo que los trabajadores desplazados de sectores poco productivos tienden a ser absorbidos por sectores menos productivos, como son la mayoría de servicios y la informalidad.

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El problema tiende a agravarse cuando no hay reentrenamiento productivo, cuando el mercado laboral es inflexible, como lo sugiere un salario mínimo que alimenta la informalidad o cuando la moneda se sobreaprecia por mucho tiempo y castiga los sectores transables.

Precisamente, el último dato mensual de la industria colombiana muestra que sin refinación creció -0,9% frente a septiembre de 2015, manteniendo una prolongada tendencia de pobre desempeño. Esto a pesar que la subvaloración del peso completa poco más de un año.

El país debe acelerar la agenda de reformas estructurales y transformación sectorial que ayuden a cerrar las enormes brechas de productividad de la industria.

Para ilustrar las disparidades industriales y por qué la tasa de cambio es necesaria pero no basta, tomé como punto de partida el fin de la bonanza en 2014. Entre los 56 grupos industriales determiné su productividad usando el valor agregado generado por el nivel de empleo usado.

Los más productivos en su orden fueron: refinación del petróleo, bebidas, vehículos automotores y sus motores, productos de café, hierro y acero, azúcar y panela, químicas básicas, abonos y compuestos inorgánicos –plásticos y caucho sintético en formas primarias–, minerales no metálicos, otros productos químicos, y hornos de coque. Sumaron 1.513 establecimientos industriales o 17% del total, emplearon 133.123 personas, 17,5% de los trabajadores de la industria pagaron más de $2,7 billones en salarios y sueldos, 27,1% del total de la industria. Estos grupos industriales representaron 50,6% de la producción bruta, 50,9% del consumo de bienes intermedios y 50,2% del valor agregado generado de toda la industria colombiana.

Los últimos 10 en su orden fueron: equipos eléctricos de iluminación, muebles, otros tipos de equipo eléctrico, calzado, partes y piezas de madera y de carpintería, recipientes de madera, otros productos de madera y de artículos de corcho, fundición de metales, juegos y juguetes, y artículos de punto y ganchillo. Representaron 10,1% de los establecimientos industriales, emplearon 7,1% de los trabajadores de la industria y pagaron 4,9% de los sueldos y salarios. Lo más preocupante es que apenas aportaron 1,6% de la producción bruta, consumieron 1,8% de los bienes intermedios y generaron solo 2,2% del valor agregado de toda la industria del país.

Mientras un establecimiento de refinación de petróleo en promedio empleó 42 personas y uno de artículos de punto y ganchillo 112, el valor agregado creado por trabajador en la refinación fue 87,5 veces más que el generado por la industria de punto y ganchillo. ¡Ah!, Y como 20,8 veces el de un trabajador promedio de la industria colombiana.

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