Opinión

  • | 2013/11/17 06:00

    Las cuentas alegres del turismo

    El realismo mágico en las metas oficiales del sector.

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Es difícil creer que Colombia recibirá 4 millones de turistas extranjeros y US$4.000 millones de ingresos externos por turismo en 2014, como lo ha anunciado el Gobierno. Puesto que según las cifras de la Organización Mundial de Turismo, el país recibió 2,2 millones de turistas en 2012, tendría que estar ocurriendo una revolución turística para saltar a 4 millones de visitantes en apenas dos años. Tampoco es creíble que cada turista gaste en promedio cerca de US$1.000 cuando el gasto por turista en España son US$969, en Italia US$889, en Francia US$647 y en México US$543. Las cifras oficiales del sector parecen influidas por el eslogan “Colombia, realismo mágico”, que identifica la campaña de promoción del país en el extranjero.

Realismo a secas es lo que necesitan los países que carecen de experiencia turística y que ignoran los comparadores internacionales. Según la OMT, Colombia ocupa el puesto 71 en el ranking mundial por número de turistas, muy lejos de Francia, el líder mundial, que recibe 83 millones de turistas al año, pero también por debajo de otros 11 destinos latinoamericanos, entre los que se destaca México, con 23 millones de turistas al año.

Colombia no tiene la infraestructura para el turismo masivo que representan varios millones de turistas al año. Una gran cantidad de los viajeros que recibe el país no son turistas en el sentido tradicional del término, sino viajeros de negocios, visitantes familiares y viajeros fronterizos. Los primeros gastan solo en hotel y restaurantes y sus exigencias de calidad no son muy diferentes a las de las clases ejecutivas nacionales. Los visitantes familiares son más inclinados a hacer compras, pero la mayoría se hospedan en casas de familiares y amigos y su principal interés no es el turismo propiamente dicho. Los viajeros fronterizos pueden venir a hacer algunas compras pero sus estadías son muy cortas, muchas de menos de un día.

Eso deja como mercado potencial a los viajeros enfocados en nichos específicos de mercado, como ecoturismo, eventos culturales, deportes acuáticos y playas. Pero en casi todos estos mercados, la mayoría son colombianos, no turistas extranjeros. A pesar de que el país tiene muchos sitios y actividades de potencial interés, no cuenta con infraestructura masiva en ninguno de estos nichos, ni tiene medios de transporte ágiles para que los turistas extranjeros puedan combinar diversas actividades en un solo viaje. Con características semejantes, Costa Rica recibe ya más turistas que Colombia, porque las distancias son menores y porque ha entendido mejor dónde están sus verdaderos mercados.

El turismo es una de esas actividades en las que el éxito consiste en la acción coordinada entre multitud de agentes privados y entidades del gobierno. Parte de esa coordinación la logra el mercado: para que el turismo internacional sea exitoso hace falta que haya competencia entre compañías aéreas y entre cadenas hoteleras internacionales, lo cual es más factible en países más densos y más ricos. Pero la mayor parte de la coordinación requiere de instituciones públicas, pues también hace falta que los sitios de interés natural e histórico estén bien mantenidos y sean de fácil acceso, que haya buenos aeropuertos y carreteras, y que en las ciudades haya seguridad, andenes limpios, zonas verdes acogedoras y museos deslumbrantes.

No es por casualidad que los milagros turísticos en los países en desarrollo sean más frecuentes en países poco democráticos, donde un dictador o un partido que controla todos los poderes pueden imponer esa difícil coordinación. Las democracias más complejas y descentralizadas, como Colombia, tienen menores posibilidades de triunfar en la competencia turística internacional.

Puesto que al país no le hacen falta divisas, el Gobierno no debería proponerse metas mágicas de turismo internacional. Debería más bien ayudar a explotar las posibilidades del turismo doméstico de gama alta y de unos pocos nichos de turismo extranjero sin ambicionar un turismo masivo que no tiene cómo manejar y que, si efectivamente llegara un día, destruiría los tesoros que tenemos. ¿Recuerda usted el paraíso que era San Andrés antes del turismo masivo?
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