Opinión

  • | 2014/02/19 20:00

    Gobernando desde el Malecón

    Es inevitable que el lema de la campaña de reelección “Unidos por la paz” sea el lastre que hunda al candidato de las Farc y de los Castro. Los mismos amigos de Maduro.

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No es de extrañar que la oficina de prensa de Palacio, o sea el diario El Tiempo, no haya mencionado nada sobre la vía libre que acaba de dar el gobierno que preside, perdón, presidía, Juan Manuel Santos, a las otrora estigmatizadas Zonas de Reserva Campesina.

El Colombiano (febrero 15 de 2014, pág. 10) tituló: “Catatumbo abre puerta a la creación de las zonas de reserva campesina”. En efecto, el Incoder ha dado vía libre a la creación de las llamadas “republiquetas” donde no puede entrar la fuerza pública. “Hemos llegado a acuerdos con el gobierno...lo que queda es que el consejo directivo del Incoder...constituya la ZRC…en Tibú” explicó Juan Carlos Quintero, integrante de la Zona. Según el mismo, en marzo se emitirá la resolución definitiva. Son 115.000 hectáreas que desde La Habana acaba de “liberar” la guerrilla/mesa.

El 11 de julio 2013 en El Tiempo Santos había declarado enérgicamente: “no vamos a poner en juego la autoridad del Estado y la seguridad de los colombianos” en medio del paro en el Catatumbo, refiriéndose a las ZRC. Palabras vacuas como las “fuerzas oscuras” o las “investigaciones a fondo”.

No es el primer gol de la guerrilla. Humberto de la Calle fue muy claro en decir que no se negociaría nada por fuera de la agenda. En ella no estaba contemplada la salida subrepticia de guerrilleros para huir del ejército, como Pablo Catatumbo. Una semana después de su rescate, que ocurrió cuando el ejército le soplaba en la nuca, Caliche, su segundo, encargado de su seguridad, cayó a manos del ejército.

Para rematar, se levantó la orden de extradición al cantante Julián, que se encontraba dizque preso en Venezuela, para que se refugiase también en Cuba. Las Farc dictan la política carcelaria del país. Esto no es más que un Caguancito: los jefes se refugian en la zona desmilitarizada de La Habana y la guerrilla se toma parte del territorio nacional.

No ha dicho tampoco Santos que la mesa decidió que serán las Farc quienes determinarán la política agrícola y minera. Según el acuerdo publicado, se creará un Fondo de Tierras para repartir entre los campesinos baldíos apropiados y ocupados. Habrá “expropiación administrativa” para tierras “inexplotadas” que incumplan la “función social y ecológica”. Hay un plan no solo para delimitar la frontera agrícola, sino también para proteger las áreas de “especial interés ambiental que incluyen las zonas de reserva forestal”. Léase, la guerrilla determina dónde podrá haber agricultura y minería.

Raya en lo patético que “el acuerdo reconoce que las ZRC son una figura que tiene el Estado para... contribuir al cierre de la frontera agrícola y la producción de alimentos” (subrayado mío). Mejor no lo podía haber dicho Nicolás Maduro. No desarrollo agrícola en la altillanura porque de golpe producimos más alimentos de la cuenta y nos da por exportarlos, poniendo en peligro la “seguridad alimentaria”.

La Habana también dicta la política de relaciones exteriores. El presidente Santos no ha sido capaz de sacar un solo comunicado oficial ante los graves hechos que están pasando en Venezuela. El miedo a que Maduro, perdón, Diosdado, decida “no apoyar” el proceso de paz impide que el gobierno colombiano se pronuncie como la democracia que pretende ser. Señor Santos, usted no necesita a Caracas para seguir su apuesta de La Habana. Cuba va a continuar apoyándolo porque no se va a perder el vitrinazo internacional. Pronúnciese en nombre de los colombianos, quítese las rodilleras.

Mientras tanto, los militares están encendidos. Los episodios Andrómeda, y ahora el escándalo de contratación, deslegitiman la capacidad del gobierno colombiano como negociador. El garrote se le salió de las manos a Santos y la zanahoria la está entregando ya en medio de la negociación.

Con el descrédito de la Mesa ante tantas irregularidades y abusos, es inevitable que el lema de la campaña de reelección “Unidos por la paz” sea el lastre que hunda al candidato de las Farc y de los Castro. Los mismos amigos de Maduro. Pero no, a Santos lo rescatará un gran salvavidas de mermelada. ¿Vamos a quedarnos de brazos cruzados cuando se entrega el país a las dictaduras, a los narcotraficantes y a los corruptos? .
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