Opinión

  • | 2016/07/07 00:00

    La paz y la globalización

    La coincidencia de dos eventos que han llenado las noticias de los últimos días permite comparar la importancia o peso que tiene lo que sucede internamente y lo que nos mueve el exterior.

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Ningún hecho debería tener más relevancia para nosotros que el logro de firmar un acuerdo de Paz (así esto no sea en verdad la Paz) y por eso la reacción inmediata en la economía con el alza de la bolsa y la apreciación del peso respecto al dólar. Esa fue la tendencia desde que se anunció la firma de la cesación bilateral de hostilidades y la entrega de las armas (todo lo demás lo consideran anecdótico ‘los mercados’).

Al mismo tiempo, para el mundo no fue este el hecho más importante (como se trató de presentar con el escenario muy bien montado de la firma en La Habana) sino la votación del referendo en el Reino Unido. Y los efectos de este en Colombia también fueron inmediatos y parece que más marcados, pero en sentido contrario: el dólar subió y las acciones en la bolsa bajaron.

Se puede atribuir mucha culpa al factor indirecto de que la repercusión en el precio del petróleo fue el causante y no la relación con ese país; pero la verdad es que el sacudón que recibió el mundo se refleja y reflejará entre nosotros por diferentes vías con mayor inmediatez –y puede que con mayor intensidad- que la expectativa del fin del conflicto con las Farc.

Por un lado, este último ya los inversionistas lo daban por descontado y a través del cese unilateral de las Farc ya había producido los efectos esperados. Por otro lado, las consecuencias del referendo en el Reino Unido ni eran fácilmente previsibles ni aún se han dimensionado.

Al respecto es interesante ver dónde estas últimas aparecieron más rápidamente: una por el lado del Gobierno con declaraciones -y parece que gestiones- para propiciar una iniciativa conjunta de la Alianza Pacífico para que a través de esa agrupación se negocie con el Reino Unido un Tratado de Libre Comercio, bajo el supuesto que al salir de la Unión Europea no quedarán vigentes las obligaciones que ante terceros a través de ella tenía (un supuesto que podría depender de la forma en que entre ellos negocien esa salida).

Por el otro lado, en los medios de comunicación (que por esta época solo comunican sobre deportes) al destacar que según las reglas de los equipos europeos eso hace cambiar la situación de los deportistas extranjeros –entre ellos los colombianos– que, al convertirse el Reino Unido en ajeno a la Unión Europea, entran en la categoría de reglas que aplican a ellos, y lo mismo en el otro sentido. Un caso concreto se ilustra con Bale, el galés del Real Madrid: al no formar parte del cupo que se autoriza a los ciudadanos de la Unión Europea, ocupa uno del de los otros extranjeros por lo cual alguno de estos tendrá que salir (podría propiciar que sea nuestro James, si no está ya negociado su traspaso).

Pero una vez entendida la dimensión que tenía como puro escenario la firma de La Habana (la concreción de la entrega de armas es en todo caso diferida por lo menos 8 meses), y conocido que faltan por lo menos 50 puntos por negociar, los efectos en la economía de lo allí suscrito (que es sobre lo que tanto esperan e insisten los defensores de lo logrado) puede depender menos que de las consecuencias de lo que con el referendo de allá suceda. La polarización que Colombia vive y que no permite saber cuál será el futuro inmediato no es un caso particular sino un ‘aire de la época’; fue lo que sucedió en el Reino Unido; pasa en España; pasó en Perú; se ve en la forma en que Trump se acerca a Hillary. Pero sí nos permite sacar enseñanzas: en todos esos casos la polarización confunde los temas a decidir con la opinión que se tiene respecto al Gobierno.

A lo que juega el uribismo es justamente a que la mala opinión sobre el gobierno Santos prevalezca sobre el interés que hay en comenzar el camino para la paz.

Pero Santos le colabora, no solo con las torpezas verbales que comete, sino tratando de convencer a la ciudadanía de que lo que se firmó es la Paz, pero sin decir cuáles serán las medidas que se tomarán para alcanzarla; repetir la estrategia de buscar titulares sin realidades detrás ha despertado no solo el descontento de la población, sino el escepticismo que se refleja en los bajísimos índices de credibilidad que hoy muestra.

Dijo Tony Blair que en el referendo ‘se confundió un voto protesta con un voto decisión’. Esperemos que eso no suceda aquí. Pero ayudaría mucho que Santos dijera que habrá cambios, y cuáles.

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