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Alberto Carrasquilla.

| 8/8/2013 3:00:00 PM

La joven y el viejo

La Constitución de 1991 y el Banco de la República están estrechamente vinculados. Tres reflexiones para celebrar un par de onomásticos.

por Alberto Carrasquilla

El pasado mes de julio se celebraron un par de aniversarios de enorme relevancia: los 22 años de firmada la Constitución que nos rige (el día 4 o 7, aún no se sabe) y los 90 años del Banco de la República (el día 25, con certeza).

Que los dos onomásticos compartan mes es una afortunada coincidencia, ya que la Joven y el Viejo están estrechamente vinculados con lazos usualmente cariñosos, pero provistos también del ocasional arrebato. La historia de la moneda colombiana en general, y la vida de nuestro nonagenario, en particular, tiene diversas fases –estupendamente recogidas en un libro editado por Adolfo Meisel en 1990– pero no cabe duda de que la cirugía más radical, entre las muchas que ha sobrevivido el Viejo, es la independencia que le otorgó la Joven. Y como todo viejo remojado en aguas de juventud, nuestro Emisor no ha hecho sino mejorar.

Tres reflexiones para celebrar un hecho notable: la complejidad que tiene la convivencia entre una Joven inquieta, chévere y progresista y un Viejo cuyo éxito depende de ser austero, conservador y repetitivo, no ha llegado a ser un problema serio, a diferencia de muchas otras latitudes. Eso habla bien de los progresistas colombianos –por respetar las reglas del juego así no las compartan– como también de los funcionarios responsables del manejo del Banco independiente, sus dos gerentes y sus 16 codirectores, por forjar ese respeto en el fogón exigente y democrático del día tras día.

Primero, la independencia del Banco Central no fue un asunto fácil. Como la bondad de haberla obtenido es aceptada de manera prácticamente unánime, lo cierto es que el país tiene una deuda enorme con quien fue su artífice más importante: el doctor Francisco Ortega (q.e.p.d.). Desde al menos 1988, siendo Gerente, él estaba haciendo consultas detalladas y preparando propuestas específicas tendientes a lograr la independencia del Banco, especialmente en la dirección de eliminar la financiación monetaria del gasto público. Ortega fue quien preparó, con Jorge Enrique Ibáñez y Roberto Steiner, el primer e influyentísimo borrador que se discutió en la Asamblea Constituyente y quien tuvo la mayor claridad conceptual a lo largo de las discusiones. El entonces ministro, Ruddy Hommes, recuerda haber sido inicialmente adverso a dicho borrador y solo cambió de opinión con un argumento contundente del presidente Gaviria, un convencido de la tesis de Ortega: “Imagínese, ministro, donde salgan elegidos Samper o Navarro”. Hommes recuerda haberse convertido al instante.

Segundo, estos 22 años han dejado claro que la economía internacional tiene una injerencia cada día más decisiva en el día a día de la conducta del banco central en un país pequeño. La lección ha sido reforzada en estos tiempos de política monetaria hiperexpansiva en el centro, reflejada en tasas de interés cercanas a cero. Contra dichas decisiones y las realidades de mercado que han creado, envalentonarse subiendo tasas al compás de una u otra regla basada en variables domésticas, como se hizo entre mayo de 2010 y febrero de 2012, equivale a un harakiri tropical y es un regalo para los jugadores del carry trade. La Junta del Banco ha comprendido el punto, creo yo, y desde julio de 2012 ha alineado su tasa de intervención con la realidad, bajándola 200 puntos básicos.

Tercero, perdida de tal manera parte tan importante de la potencia monetaria de antaño, la banca central colombiana de los siguientes años tiene que ser parte sustancial de la construcción y la defensa de la estabilidad financiera, entendida de manera amplia. Hace unos 15 años proponer que la actual Superintendencia Financiera, en ese entonces con funciones peligrosamente desarticuladas, fuera independiente (o adscrita al Banco de la República independiente) era considerado una locura, y ello me consta.

Hoy día, gracias al liderazgo de Carlos Gustavo Cano, uno de los actuales codirectores, la idea es tomada con mucha mayor seriedad. Esta y otras propuestas tendientes a desempaquetar y a hacer transparentes los diversos riesgos, serán decisivas para que la convivencia compleja entre el Viejo y la Joven siga siendo armónica, no obstante las inevitables turbulencias por venir.

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