Opinión

  • | 2018/01/18 00:01

    La improductividad de Colciencias

    No nos engañemos, los recursos de la ciencia y la tecnología son la más deseada mermelada para la tostada de los corruptos.

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En el sector público los dineros para la ciencia y la tecnología se dilapidan con demasiada frecuencia y nunca pasa nada. Aprovechemos los bochornosos escándalos alrededor de Colciencias para recordar el homicidio impune de Jairo Zapa Pérez. Un ingeniero civil que acreditó una supuesta Maestría en Hidráulica y Recursos Ambientales para untarse y relamerse con más de $100.000 millones en recursos de regalías. Todo un “profesional” que enmascaraba la corrupción como proyectos de ciencia y tecnología para el “desarrollo” de Córdoba. Platica que se perdió y que, como es costumbre, la Fiscalía nunca encontró. No por azar el cargo anterior de Zapa era el de coordinador de Ciencia y Tecnología del departamento.

Esto es sintomático y un excelente medio para ilustrar el problema más grave que aqueja al país, que no son los mentados desbalances fiscales, el crecimiento del gasto público o el bajísimo recaudo de impuestos. Para mí, estos últimos son solo síntomas de la verdadera enfermedad que marchita al país y el mecanismo con el que nos mantenemos distraídos con titulares en prensa y con comisiones de expertos para que publiquen sendos estudios que nos den esperanza, pero que no curan el problema.

El problema de fondo es la estructura social organizada alrededor de clanes que controlan la riqueza, el sistema electoral, la política y la justicia a lo largo de buena parte del territorio colombiano. Estructuras tan ricas y poderosas que distorsionan tanto los incentivos y las oportunidades de los colombianos, que el país perdió su capacidad de generar conocimiento básico: ciencia y tecnología. Somos una nación incapaz de generar conocimiento o solucionar problemas estructurales de forma definitiva.

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Uno de los premios Nobel de economía más brillantes, Robert M. Solow, explica cómo el hacer fábricas, acumular máquinas o el crecimiento de la fuerza laboral solo explican una pequeña parte de la prosperidad de los pueblos. Para Solow, lo que conocemos como la productividad total de los factores es lo fundamental. Los países que son exitosos son los que se erigen sobre ideas, no sobre favores. Ciudadanos dedicados y obsesionados por generar conocimiento básico, inventores que buscan solucionar problemas y agricultores que personalmente manejan sus huertas y hatos con elevadísima productividad (generalmente con una tenencia de la tierra igualitaria).

La historia de Inglaterra, Alemania, Francia u Holanda están plagadas de estos momentos donde el rumbo de la humanidad se transforma y aparece un nuevo gigante del conocimiento o de la tecnología. No es casualidad que Newton escribiera los principios matemáticos de la filosofía natural en la Inglaterra de 1687, ni que los relojes de precisión o cronómetros marinos de los hermanos John and James Harrison permitieran a los navegantes ubicarse con la misma exactitud que un GPS nos guía hoy día. Sus líderes promovían el conocimiento para así garantizar el éxito en sus conquistas.

En Francia, Lavoisier entierra con sus descubrimientos la visión aristotélica de un mundo, al demostrar con rigurosos experimentos que el aire está compuesto en 20% por algo que él denominó oxígeno, probando que el aire no es un componente básico de la creación. Con la revolución científica y el método experimental desatan las amarras de la química como fuentes de innovación y progreso para la humanidad. En Colombia esto no pasa, nuestros genios tienen que emigrar o sufrir la corrupción e irresponsabilidad de nuestros líderes. Cuando el sistema social selecciona personal o asigna recursos con base en corrupción y favores recíprocos, los incentivos se dirigen a formar contadores, abogados, economistas: personajes que validen las apariencias de los abusos que se cometen día a día.

Los empresarios y comerciantes también se deterioran y aprenden que importan más las relaciones, amistades y familiares, que el conocimiento o experiencia de hacer las cosas bien. Por todo esto, en Colombia la productividad de los factores no crece desde los 70. El país dejó de aprender, no innova, no trae tecnologías de punta, no hace investigación básica en agricultura, no está obsesionado sobre el cómo hacer las cosas bien. Esto es el problema de fondo, dejamos de formar gente cuya pasión sea resolver problemas pensando y haciendo experimentos y nos llenamos de vivos que solo quieren ser ricos sin esfuerzo.

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