Opinión

  • | 2014/07/24 06:00

    Piensa mal

    Hoy, cuando en nuestro país lo más escandaloso parece ser la manera como se fabrican los escándalos, es más importante que nunca ser desconfiados.

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Ya lo dijo Maradona: la historia enseña. Una de las lecciones más constantes que deja la historia es que los seres humanos somos crédulos. Desde el principio de los tiempos hemos caído una y otra vez en los mismos engaños, tanto individuales como colectivos. El antídoto contra este mal consiste en “malpensar” sobre casi todo.

A veces es obvio. Casi todo el mundo sabe que cuando alguien se le acerca a uno en la calle y le propone repartir un paquete que acaba de encontrar, hay que salir corriendo para el CAI más cercano. Igual pasa con los premios que uno se “gana” por internet, o con los mails que llegan de Nigeria con propuestas de negocios.

A veces no lo es tanto. La gente tiende a olvidarse de desconfiar de ciertas cosas. Si aparece algún chisme en la prensa –usualmente acompañado de documentos reservados–, sobre la iniciación de un juicio o de una investigación administrativa contra un funcionario o exfuncionario público importante, nadie se pregunta por qué diablos salió la noticia en ese momento y no en otro, ni qué buscan quienes están detrás de la revelación.

Como de estas cosas no malpensamos lo suficiente, en nuestro país el deporte de iniciar escándalos filtrando los documentos de los expedientes que llevan los órganos del Estado es de bajo riesgo, aun cuando la divulgación de información reservada destruye en la práctica la presunción de inocencia del afectado y va en contra de las normas procesales, de las penales, de la ética periodística y hasta de los diez mandamientos.

Tras la primera filtración suelen seguir nuevas revelaciones en los momentos precisos, milimétricamente, justo antes o después de los avances de los respectivos procesos penales o administrativos. Así, mediante una orquestación cuidadosísima, en Colombia se calibra a la opinión pública para utilizarla para influir sobre las decisiones de los funcionarios que dirigen las investigaciones.

Pero vayamos mas allá. Las filtraciones de los expedientes evidencian que tras los escándalos contra funcionarios públicos hay gente con acceso a las entidades investigadoras y a los tribunales. Esos mismos contactos revelan que es también probable que los titiriteros que hacen aparecer la información confidencial en los medios, también puedan incidir en la propia iniciación de los procesos judiciales y administrativos y en su posterior desarrollo.

Por eso, para no ser crédulos, es útil aplicar a todos los escándalos jurídico/mediáticos que van apareciendo en la prensa la regla del Iceberg, que consiste en que por cada metro que un Iceberg sobresale del agua, tiene otros siete que no se ven porque están sumergidos.

¿Cómo se aplica esta regla a los casos del alcalde Petro, el procurador Ordóñez, Andrés Camargo, Andrés Felipe Arias y María del Pilar Hurtado?

Cada uno de estos escándalos tiene su explicación malpensante propia. A algunos les parecerá que los enemigos de Petro impulsaron el proceso de su destitución por ser él de izquierda y para castigarlo por dañar negocios, y no por el manejo que le dio a las basuras de Bogotá. Otros opinarán que los enemigos del Procurador demandaron su elección ante el Consejo de Estado para intentar detener el proceso de destitución de Petro y porque no gustan de sus posturas de derecha, y que para intentar justificar la demanda armaron un debate artificioso sobre los nombramientos que hizo el Procurador.

Para otros más el proceso de Arias no tiene bases reales y se hizo solo con el fin de dejar al presidente Uribe sin sucesor político, y la extradición de María del Pilar Hurtado lo que busca en realidad es apretarla con la amenaza de una larga condena en Colombia, para obligarla a que hable contra Uribe.

Y muchos opinan que la persecución contra Andrés Camargo siempre tuvo como único fin torpedear las aspiraciones presidenciales de Peñalosa.

Pero todos estos escándalos tienen algo en común: la utilización fría y maquiavélica de filtraciones de información confidencial a los medios de comunicación, los cuales a veces parecen dirigidos desde la oscuridad por los enemigos de las personas que los sufren.

Siempre habrá que ejercer el criterio para distinguir los casos en que sí se justifican las investigaciones periodísticas y judiciales, de los escándalos artificiales que en realidad se hacen para eliminar contradictores políticos, o para quitar funcionarios que hacen investigaciones incómodas, o para facilitar negocios, o simplemente para ayudar a la cabeza de alguna entidad de control a salir más veces en los periódicos, con cara justiciera, buscando publicidad.

Sin embargo, como en nuestro país hoy lo más escandaloso parece ser la manera como se fabrican los escándalos, es más importante que nunca ser desconfiados. Piensa mal.
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