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Publicado: 2013-03-07T13:00:00

La imagen

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Al presidente Santos le vendría mejor ser él mismo. No convence a la opinión porque en esta nueva campaña para recuperar imagen no parece auténtico. Y la imagen corresponde a la realidad.

En épocas del presidente Ernesto Samper, en los noventa y en pleno Proceso 8000, Colombia era percibida como una narco democracia. El gobierno culpaba a los medios de comunicación de “distorsionar la imagen del país”. El Presidente cambiaba asesores de comunicación y se inventaba paseos por todo el territorio nacional. Cuando Estados Unidos le quitó la visa, Samper se fue a Chaparral y en plaza pública, en discurso veintejuliero, dijo que “yo no necesito visa para venir a Chaparral”. Pero francamente, un país donde los dineros del narcotráfico ponen Presidente, es una narco democracia. La imagen refleja la realidad.

En los 80 y 90 nos quejábamos los colombianos de la imagen que teníamos en el exterior. Dejamos de proyectar la imagen del simpático Juan Valdez, por la de Pablo Escobar. Todo el mundo sabía dónde quedaba Medellín, la ciudad más violenta del mundo con 387 homicidios al año por 100.000 habitantes (hoy en el país la tasa es de 32 homicidios por año por 100.000 habitantes). El pasaporte colombiano era garantía de requisa en los aeropuertos. Ser colombiano era equivalente a ser narcotraficante. No podíamos cambiar la imagen ni de Medellín, ni del país, con campañas publicitarias y avisos de una página en The New York Times, simplemente porque la realidad es tozuda y Medellín y el país estaban acorralados por los narcotraficantes y el narcoterrorismo. Vivíamos una guerra. ¿Cómo pretendíamos proyectar una imagen positiva si el país estaba en guerra?

En 2000 fui embajadora en Canadá. La imagen de Colombia era de un país violador de derechos humanos cuyas Fuerzas Armadas, en complicidad con las autodefensas, mataban sindicalistas, maestros, “defensores de derechos humanos” sea lo que sea que ello signifique. No importaba lo que yo dijera, hiciera, escribiera, no podía cambiar la imagen del país. Canadá no le vendía armamento a Colombia porque estábamos en la lista negra de violadores de derechos humanos. Hoy las AUC están desmovilizadas, se ha golpeado fuertemente a la guerrilla y Colombia no es un narco estado. Hoy Canadá le vende armas ofensivas a Colombia. Cambió la imagen del país porque cambió la realidad.

El presidente Santos está preocupado por la caída en su imagen. Culpa a los medios de distorsionar la realidad, de exagerar lo malo de su gobierno e ignorar los logros, como lo hicieron en el pasado Samper y otros expresidentes. Hace cambios en Palacio, reemplazando al jefe de prensa John Jairo Ocampo, por Otto Gutiérrez, que ocupó el mismo cargo con Andrés Pastrana. Sacó por la puerta de atrás a Juan Felipe Muñoz, que funcionaba como asesor de imagen. Y trajo a JJ Rendón que ya tuvo su primera derrota con la candidatura a la alcaldía de Bogotá de Enrique Peñalosa.

La preocupación por la imagen –y hay que tener en cuenta que Santos es muy vanidoso– ha llevado al Presidente nuevamente a hacer campaña. Baila en la calle, echa harina en el Carnaval de Negros y Blancos en Pasto, maneja jeep Willis en la zona cafetera, se pone el disfraz de mamo de la Sierra Nevada, de Juan Valdez, de sanandresano raizal.

A Santos eso no le queda bien. No es auténtico. Él no se crió en una finca arriando vacas como Álvaro Uribe. A Uribe el traje de campesino le quedaba muy bien pero el sacoleva muy mal. Santos es lo contrario, es un cachaco, un niño bien de la sociedad. Sacoleva, esmoquin, saco y corbata y hasta los pantalones anaranjados le quedan muy bien. Aunque él se sienta inseguro, es un buen comunicador (vale la pena anotar que el mejor comunicador que tiene el gobierno es el Mindefensa Juan Carlos Pinzón).

Al presidente Santos le vendría mejor ser él mismo. No convence a la opinión porque en esta nueva campaña para recuperar imagen no parece auténtico. Y la imagen corresponde a la realidad. Si las percepciones de los colombianos cambian, es porque los hechos así lo dictan. Y no hay asesor de imagen que pueda cambiar esa tozuda realidad.

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