Opinión

  • | 2016/09/01 00:00

    La guerra fría no ha terminado

    La guerra fría misma no es sino un capítulo del choque de civilizaciones, donde el objetivo mismo de la que toma fuerza es destruir los vestigios de aquella a la cual derrota.

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Se ha entendido por ‘la guerra fría’ la confrontación entre los modelos políticos y económicos del capitalismo y el socialismo. Más exactamente entre las posiciones del imperio americano y de la Unión Soviética.

Pero lo que hoy vemos es que esto era solo una manifestación de una confrontación más profunda.

En realidad aquello fue solo la expresión de la pretensión hegemónica de lo que hoy llamamos ‘Occidente’ –es decir las propuestas de ‘capitalismo y democracia’– ante la alternativa que se presentaba en ese momento.

Pero justamente por esa característica de pretender ser la solución única, esa situación se ha trasladado a otros actores pero no ha terminado.

Si el terrorismo del extremismo islámico hoy amenaza a Europa (y a los Estados Unidos) es porque esa religión también pretende ser dueña de una revelación que debe imponerse universalmente.

Y si las políticas americanas se orientan a la ‘contención’ del expansionismo económico chino es porque no es compatible ese sistema político oriental con el que consolida la fuerza de occidente liderada en el momento por los Estados Unidos.

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Pero, a su turno, la guerra fría misma no es sino un capítulo del choque de civilizaciones, donde el objetivo mismo de la que toma fuerza es destruir los vestigios de aquella a la cual derrota.

Se pregunta uno cómo una cultura y una civilización tan rica, poderosa y adelantada como en su momento lo fue la griega pudo desaparecer de forma tal que hoy solo quedan ruinas que visitan los turistas como si nada quedara de ella. Incluso sorprende que de lo que tuvo que ser su religión solo quede el registro como de unos mitos, pero no exista ya absolutamente ningún culto a eso que en su momento fueron sus dioses.

Preguntando cómo pudo suceder eso, la explicación más cercana es que justamente la nueva ‘civilización’ que vino a imponer la ‘era cristiana’ lo primero que tenía que hacer era borrar su columna vertebral, o sea el culto a sus dioses, o sea su cultura.

No muy diferente es lo que han intentado hacer los talibanes cuando destruyen los grandes monumentos de Budas para mostrar el poder que acompaña sus creencias. Ni se puede ver como una gran novedad el intento de Isis o Estado Islámico de volverse la punta de lanza para imponer su religión en el mundo. Es simplemente otra manifestación del choque de civilizaciones que desde la era cristiana ha enfrentado los ‘valores de occidente’ con los de otras culturas.

En realidad, con pretexto de la defensa de una religión, de un modelo económico o de un modelo político, o más exactamente del conjunto de ellos, la ‘civilización’ americana será a su turno la punta de lanza –en este caso la defensa armada– que reivindica la superioridad y en consecuencia la necesidad de universalizar sus propios modelos.

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Las guerras en Siria, o con Libia, o el pulso en Ucrania son solo parte del esfuerzo –tal vez la necesidad– de lo que hoy representan los Estados Unidos como líder de ‘Occidente’.

Y en ese sentido la ‘guerra fría’ fue solo parte de un desafío a ese poder. Y cualquier otro desafío recibirá el mismo tratamiento de descalificación a sus propósitos y de intervención en donde estos corran el peligro de imponerse.

El mismo amigo que me anotó cómo lo que hizo el cristianismo con la cultura griega se puede comparar con lo que han hecho los talibanes y lo que podrían hacer los fundamentalistas musulmanes, me decía que la solución ideal sería que se le reconociera o entregara al ‘Estado Islámico’ la categoría y el territorio al cual aspiran, con lo cual se evitaría no solo la amenaza del terrorismo sino la de una continuación o una nueva guerra fría.

No parece ser esa la ‘solución ideal’, si se tiene en cuenta que eso se trató de hacer en alguna forma con Israel, con el resultado de la guerra entre el Estado Judío y los países árabes que lo rodean, a veces más como guerra fría y a veces como amenaza de convertirse en una nueva guerra mundial por el apoyo que le dan los americanos.

Lo malo de las soluciones ideales es que tienen mucho de ideal y muy poco de solución.

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