Opinión

  • | 2017/05/11 00:01

    La exhibición de la industria de confecciones

    El sector de prendas de vestir evidencia que no siempre la depreciación del peso genera competitividad y que el problema en general es de productividad.

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Datos recientes sobre la productividad laboral en las confecciones de prendas de vestir indican que ésta crecía cerca de 7,1% en 2015, un ritmo mayor al 2,3% de toda la industria manufacturera del país. Ello obedece en parte a un destacado crecimiento nominal del 18,5% de su valor agregado.

A pesar de tan buen dato, la productividad en confecciones apenas es un 38,9% la de un trabajador promedio en el sector manufacturero colombiano y un 54,7% la de un trabajador de sectores distintos a los de industria básica o de procesamiento de materias primas, entre ellas la refinación de petróleo.

Dentro de la industria manufacturera, las confecciones de prendas de vestir en Antioquía y Risaralda sobresalen con cerca al 12,4% del valor agregado industrial de cada departamento y el 18,8% del personal manufacturero contratado para el primero y el 34,5% para el segundo.

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El subsector también es importante en Bogotá. Siendo apenas el 4,24% del PIB industrial de la Capital, resulta ser su mayor empleador fabril con el 9,98% del personal empleado. Algo parecido ocurre en el Valle del Cauca donde representa el 3,9% del valor agregado y el 8,59% del empleo del subsector.

En otros departamentos como Santander o Atlántico apenas pesa el 0,45% y 0,63% del PIB industrial, pero representa el 5,63% y el 3,34% del empleo de industrias manufactureras.

Los menores pesos en el PIB frente a los mayores pesos en el empleo manifiestan la baja productividad laboral de las confecciones colombianas. Aun así, dicha productividad varía sustancialmente por regiones. En Antioquía y el Valle del Cauca es un 30% y un 22% mayor al bajo promedio del subsector. En Bogotá, Risaralda, Atlántico, Caldas y Quindío es entre un 20% y un 50% más baja que dicho modesto rasero.

La generalizada baja productividad es consistente con las cifras de comercio exterior.

En 2010 Colombia exportó cerca de 20.2 millones de kilos en confecciones de prendas de vestir y en 2016 apenas 10 millones. Una parte en la caída del volumen exportado podría explicarse por la tasa de cambio apreciada entre 2010 y 2014. La revaluación junto a la baja productividad, profundizaron el deterioro de la competitividad. Es así como el precio implícito del kilo exportado de confecciones pasó de USD29,7 a USD45,3 en esos años.

En los siguientes años se confirmó que el asunto es estructural. Con tasa de cambio muy superior a la de 2010, en 2016 el precio de un kilo de confecciones para exportación había corregido menos de la mitad de su encarecimiento internacional.  

Uno quisiera ilusionarse con la idea que el más alto precio obedece un generalizado mayor valor añadido a las confecciones del país, pero no es así.

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Primero porque en la mayoría de departamentos con alta improductividad laboral en confecciones persisten altos precios aún en presencia de una mayor tasa de cambio. Por ejemplo, en Atlántico el precio por kilo rondaba los USD58 en 2016 y en lo que va de 2017 dicho precio se acerca a los USD83. Este año en Santander el kilo se ubica cerca de USD59 y de USD46 en Risaralda.

Segundo porque Atlántico, Santander, Risaralda y Caldas han pasado de exportar conjuntamente 3,5 millones kilos de prendas de vestir en 2010 a solo 420 mil en 2016, el volumen va cayendo otro 29% en 2017 al tiempo que el monto de las exportaciones de confecciones de estos departamentos se contrae este año un 20,5%.

Tercero porque, por el contrario, el precio implícito por kilo de prendas de vestir importadas en Colombia apenas ronda los USD23 y no ha variado casi desde 2013. Luego si bien la mayor tasa de cambio ha reducido un tercio los 31.2 millones de kilos importados en 2014, el volumen importado en 2016 es aún un 25% mayor que en 2009 y el doble del exportado el año pasado.

Cuarto, el caso de Antioquía en confecciones es revelador. Con un dólar bajo, las exportaciones pasaron de USD312 millones en 2009 a USD412 millones en 2012 al tiempo que la balanza comercial se mantuvo positiva en cerca de USD260 millones anuales. Tras dos años de fuerte depreciación del peso colombiano, el volumen en 2016 es casi 3 millones de kilos inferior al exportado en 2013; el año pasado el monto bajó a USD230 millones y la balanza superavitaria terminó siendo la mitad de lo que era antes. El punto central es que a pesar de ser el departamento de mayor productividad en confecciones dicha productividad es inferior al promedio de la industria manufacturera colombiana y además dicha productividad permanece estancada desde finales de 2013.

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