Opinión

  • | 2014/03/09 07:00

    Lo que revela la devaluación

    El panorama nacional no ha cambiado, pero las influencias externas sí han permitido intentar distorsionar la realidad que vivimos.

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Ha aparecido recientemente la noticia de que Colombia es el país donde más nuevos millonarios y multimillonarios han surgido en los últimos años (Portafolio 22/12/2013).

Eso puede hacer henchir el pecho de las autoridades que tanto se precian de los logros económicos alcanzados bajo este gobierno.

Acompañado esto de la noticia repetida incansablemente por el presidente Santos de que bajo su mandato han salido 2’300.000 personas de la pobreza y una proporción parecida de la miseria, podría pensarse que en verdad la gestión de este gobierno ha transformado al país.

La verdad es que, contrariamente a lo afirmado por los Ministros que se preciaban de tener a Colombia ‘blindada’ contra las influencias externas, el panorama nacional no ha cambiado, pero esas influencias externas sí han permitido intentar distorsionar la realidad que vivimos.

Tanto las supuestas cifras de disminución de la pobreza como las de creación de nuevas fortunas corresponden a parámetros que se miden en dólares; pobre es quien percibe un ingreso de menos de dos dólares diarios, y está bajo la línea de miseria quien no llega ni a un dólar; millonario quien posee un patrimonio de más de un millón de dólares y multimillonario quien supera los treinta millones.

El que hasta la fecha de esos datos el dólar se haya devaluado de un máximo $2.700 a $1.780 significa que al convertir la moneda nacional al valor de esos parámetros, aparece como si todos los colombianos aumentamos en más de una tercera parte nuestra riqueza; por supuesto, nuestra situación en la realidad no ha cambiado; peor aún, a esto se adiciona que la inflación interna al mismo tiempo hizo que el valor en pesos, tanto de los bienes patrimoniales como de los ingresos personales, hayan aumentado sin que esto signifique que en nuestro contexto algo haya mejorado.

Por eso, ni los miles de millones de colombianos que supuestamente dejaron de ser pobres, ni los centenares de miles que se dice salieron de la miseria, ni la cantidad de nuevos millonarios y multimillonarios que aparecen en las estadísticas, se sienten incluidos en esas categorías o saben que se supone que es a ellos a quienes esos datos se refieren.

Habiendo tenido además la mayor revaluación, se explica también que seamos el país que supuestamente más ha enriquecido a su población (tanto a los de arriba como a los de abajo).

Que nada o muy poco ha cambiado lo demuestra el que el coeficiente Gini, tanto de la riqueza como del ingreso, se mantiene prácticamente sin variación en el último lustro. Seguimos siendo uno de los tres países con mayor desigualdad mientras otros como Brasil o Perú aprovecharon el buen momento que vivieron como países emergentes para mejorar el problema social de esas desigualdades.

Todas esas falsas reivindicaciones de grandes logros no alcanza, sin embargo, a engañar a quienes viven y sienten que en la realidad casi nada ha cambiado. Y es este fenómeno el que explica la curiosidad de que por ejemplo la política de paz del presidente Santos cuente con casi 65% de respaldo de la población, pero que apenas una tercera parte de ella esté de acuerdo con su reelección.

Pero la devaluación no es la enfermedad sino su manifestación. Pasaron las épocas de las vacas gordas para las naciones en subdesarrollo y el famoso ‘blindaje’ resultó engañoso: al tiempo que el alza de intereses del Federal Reserve acaba con el atractivo de invertir en países que ofrecen altos rendimientos, las correspondientes monedas se devalúan entrando en un espiral perverso, contrario para nosotros al que se vivió durante la crisis de los países desarrollados.

Hoy se vuelve visible que las promesas de un nuevo futuro contaban con una estabilidad que no existía. El presupuesto montado sobre el ‘dólar Cardenas’ ($1.950.oo) tendrá aumento de costos financieros tanto de capital como de servicio de la deuda. Pero este cambio en las variables se reflejará también en los proyectos para superar el atraso que teníamos, los cuales comienzan a su turno a retrasarse: las licitaciones para las megacarreteras se posponen por falta de proponentes concretos; los recursos que se destinarán para eso –o sea la venta de las acciones de Isagen– se retrasan; los pliegos para las concesiones de telefonía de 4G requieren nuevas reglas tras la sentencia de la Corte Constitucional que obliga la restitución de los actuales equipos a la Nación; los estudios para el tramo de la Autopista del Sol que tomó años en decidirse apenas ahora van a comenzar... etc.

En fin, falta ver los efectos del que se acabe la falsa imagen de bonanza utilizando la revaluación del peso. ¿Cómo se presentará la nueva información ahora que el peso se ha devaluado bastante por debajo del nivel en el cual aspiraba mantenerlo el Gobierno? ¿Se hablará ahora de nuevos pobres? ¿O de potentados que pierden sus fortunas? ¿Será nuestra devaluación también la más alta de la región?.
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