Opinión

  • | 2016/03/03 00:00

    La agnotología

    "Me pusieron la vacuna en mayo, pero en agosto comenzaron los desmayos. Se me durmieron las piernas, las manos no las sentía. Cuando me daba cuenta, aparecía en el hospital”. Testimonio de Eva Mercado, de 15 años, niña de El Carmen de Bolívar.

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La palabra agnotología (literalmente «estudio o tratado de la ignorancia»; del griego neoclásico a «sin», gnosis «conocimiento», y logía, «tratado» o «estudio») es un neologismo acuñado por Robert Proctor, un profesor de historia de la ciencia en Stanford que se tropezó con un memorando (ex)secreto, escrito en los años 60 del siglo pasado por Brown & Williamson, entonces filial de la gigantesca British American Tabaco y dueña de Kool, Luky Strike y varias marcas más de cigarrillos.

Ese memorando hacía referencia al plan que tramaron las grandes compañías tabacaleras para oscurecer el entendimiento de la opinión pública sobre los peligros de fumar, mediante la fabricación y diseminación de falsas dudas, controversias irrelevantes y estudios inconducentes, que publicaban en un boletín “científico” con el fin –vil– de evitar que la gente comprara menos cigarrillos, o que el gobierno regulara su publicidad.

A partir de lo que aprendió al estudiar la conspiración que mantuvieron durante muchos años las compañías tabacaleras para crear ignorancia entre el público sobre los peligros que representa el tabaco, Proctor coeditó en 2008 un libro titulado “Agnotología, hacer y deshacer la ignorancia” en el que se examinan las maniobras de distintos grupos de interés para deformar la información que le llega a la opinión pública sobre el tabaco, el cambio climático, la industria militar, el orgasmo femenino y otros temas igualmente procelosos.

Porter afirma que “la ignorancia no es solamente lo que aún no se conoce, es también una táctica política, una creación deliberada de agentes poderosos que quieren que usted no sepa”. Para Porter, los empresarios privados que enfrentan controversias como la que se suscitó en relación con el tabaco tienden a usar la ciencia “comercialmente” con el fin de “manufacturar” la ignorancia, para lo cual inundan al público con datos científicos triviales o con información científica inútil, buscando distraer la atención de la opinión para proteger sus ventas o demorar la implementación de normas que puedan afectar sus intereses.

En estos días, la BBC publicó un artículo sobre la agnotología en el que se refirió al programa económico de Donald Trump, quien propone bajar sustancialmente los impuestos en Estados Unidos, y simultáneamente incrementar el gasto militar y otros gastos y además mantener el presupuesto balanceado. Tal vez los colombianos deberíamos inspirarnos en la incredulidad de la BBC y recurrir a la agnotología para analizar lo que buscan y lo que ocultan los gremios cuando dicen que en Colombia “solo unos pocos pagan impuestos”, y también podríamos analizar bajo esa luz si los mamertos que dicen que a Isagen la regalaron, y agregan que su venta pone en peligro los recursos hídricos colombianos, realmente creen que eso es así.

Otras situaciones colombianas también ameritarían la aplicación de la agnotología. Por ejemplo, en estos días resucitó –gracias a una tutela que resolvió el Consejo de Estado en favor de las familias afectadas– el caso de las niñas de El Carmen de Bolívar que cayeron enfermas después de ser vacunadas contra el Virus de Papiloma Humano (VPH). Como esas niñas son de familias pobres, es fácil que el Gobierno y los proveedores de vacunas abusen de la fuerza de sus propios argumentos científicos para aplastar los reclamos de las afectadas, sin dar una consideración justa a sus puntos de vista y a sus problemas.

Tras perder la reciente tutela, el Gobierno anunció mecánicamente que repetirá los exámenes que ya hizo a las niñas de El Carmen –lo que deja ver que los funcionarios insisten en que el problema no pasa de ser un caso de histeria colectiva–, pero esa repetición es inútil. La vacuna parece muy segura, pero la probabilidad de que un ataque de histeria colectivo se prolongue por varios años es prácticamente inexistente. Debe haber algo más. Hay que seguir buscando.

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