Opinión

  • | 2014/07/10 06:00

    La Colombia de Falcao y James

    La Selección Colombia es, en parte, reflejo de lo que ha ocurrido en el país durante los últimos 24 años.

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En 1995, Faustino Asprilla se fue del Parma para el Newcastle en Inglaterra. Su transferencia se tasó en US$11,7 millones. En 1999, un año después de la penúltima aparición de Colombia en un Mundial, Iván Ramiro Córdoba se fue del San Lorenzo al Inter de Milán por US$17,3 millones.

Eso ocurría con algunos jugadores de la Selección de 1998, la cual participó en el Mundial de Francia, ganando un partido a Túnez y perdiendo contra Inglaterra y Rumania. La Selección de 2014, 24 años después del Mundial del 90, ganó cuatro partidos (muchos dicen que el quinto nos lo robaron), y los dos jugadores más caros del equipo son Falcao (47 millones de euros) y James (45 millones de euros pagó el Mónaco, pero seguro vale mucho más después de su brillante actuación en el Mundial). Sin duda, la Selección ha cambiado en 24 años.

Falcao y James crecieron en un país distinto al que les tocó a Asprilla y a Iván Ramiro. Somos más ricos: el PIB de Colombia durante ese periodo pasó de US$99.800 millones a alrededor de US$380.000 millones, un crecimiento anual promedio de 10,8%. Y el PIB per cápita pasó de US$2.500 a US$8.000, con un crecimiento de 9,5% promedio anual. Esta mayor riqueza, en general, se ha reflejado en un mayor bienestar de la población (por supuesto, con sus excepciones y asimetrías, naturales en cualquier proceso de desarrollo). La tasa de mortalidad ha caído de 6,2 a 5,8 por cada 1.000 habitantes, según el Dane. La esperanza de vida de los colombianos ha crecido de 71 a 75 años, y la tasa de mortalidad infantil ha caído de 28 a 17 por cada 1.000 habitantes.

El Índice de Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI) del Dane pasó de 35,8% en 1998 a 27,7% en 2012, con un importante aumento en la cobertura de servicios públicos y en la resolución del déficit de vivienda. Colombia igual sigue siendo un país urbano, con 76% de la población viviendo en ciudades, según el Banco Mundial, mientras que en 1998 ese número era de 71%.

Y la nutrición, salud y educación han cambiado también. Aunque no es fácil conseguir estadísticas de los primeros dos, no es ilógico pensar que James y Falcao comieron más balanceado, mejor proteína y en promedio mayores calorías que Iván Ramiro y Faustino. Tampoco es ilógico pensar que si Falcao y James se enfermaban, tenían mejor cobertura y mayor acceso a drogas y cirugía para su tratamiento que sus pares más veteranos. Y si James y Falcao deciden educar a sus hijos en Colombia, encontrarán mayores oportunidades para matricularlos en un colegio en donde reciban su educación primaria y básica con mayor facilidad de lo que les tocó a los cracks de los noventa.

Las razones detrás de este desarrollo son múltiples, tanto para bien como para mal, y no es del caso tratar de identificar una más importante que otra. La Constitución del 91, las leyes de servicios públicos (las 142 y 143, por ejemplo); la Ley 100 de la Salud; el fortalecimiento de nuestras fuerzas armadas y el notable aumento en la seguridad física y presencia del Estado en el territorio nacional; la disminución del secuestro y la percepción de seguridad; la inversión de capital tanto nacional como extranjero; el incremento en la productividad laboral; el notable aumento en las regalías por la explotación de recursos naturales (petróleo y carbón, fundamentalmente) y el consecuente incremento en la inversión pública; la expansión de la frontera agrícola en el país; las tecnologías de la información; las transferencias condicionadas para la reducción de la pobreza y la miseria (Familias en Acción y demás programas); el ICBF y la aplicación de programas nutricionales balanceados, etc., son apenas una pequeña muestra de lo que en Colombia ha sucedido en estos años de sequía mundialista.

Y, por supuesto, todavía falta resolver problemas serios y estructurales, como el narcotráfico, la violencia, la corrupción, y tantos otros que aquejan a nuestra sociedad. Sin embargo, y a pesar de estos enormes retos, la tendencia del país en estos años ha sido relativamente positiva, a pesar de miles de altibajos en el camino (la crisis del 99, la de 2008-2009, múltiples problemas sociales y de seguridad, etc.). Y no hay motivos para pensar que, independientemente del gobierno de turno, el desarrollo de Colombia seguirá por la misma tendencia.

Lo único realmente importante es que podamos seguir haciendo estas comparaciones cada 4 años. De la mano de esta magnífica y querida Selección, seguro que así será.
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