Opinión

  • | 2015/05/14 00:00

    Demasiado simple y probablemente errado

    ¿Qué estará pesando más en el ánimo de los colombianos: los hechos del Cauca o el cambio que la situación económica produce en sus vidas?

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Demasiado simple y probablemente errado el atribuir a la muerte de los 11 soldados en el Cauca el resultado de las nuevas encuestas que muestran un deterioro de la imagen del Presidente, de la aprobación por la gestión del Gobierno, de las negociaciones de paz y, en general, de la institucionalidad colombiana.

Que bajo las condiciones de diálogos sin cese al fuego eso podía suceder era previsible; es más, había estado sucediendo con la muerte de unos policías sin que eso produjera el mismo raciocinio; la presentación haciendo énfasis en que era una masacre y que era violar su propia palabra magnificó la noticia; pero no representaba ningún cambio definitivo en la situación general; tanto es así que se manifestó un consenso en cuanto a que esto no debía alterar la continuidad del proceso de La Habana.

El paralelo, por ejemplo, podría ser más acertado con el rumbo o la situación de la economía, la cual sí ha sufrido un reverso total en los últimos meses.

En cualquiera de los dos casos lo que está sucediendo es que se está revelando una realidad que estaba oculta tras un manejo que en los medios defendía a capa y espada –es decir con lo que se decía y con lo que se callaba– la gestión de un gobierno acostumbrado a no ser cuestionado.

Y que aún lo defienden...

¿O no sería más de destacar la caída de las proyecciones sobre crecimiento del PIB como la más grande del continente, que repetir que lo esperado sigue siendo superior al promedio de los otros países? Lo primero muestra la vulnerabilidad del modelo sobre el cual estamos montados –inversión extranjera para explotación de nuestros recursos naturales–, pero además repercute en la situación de todos los hogares. Lo segundo ni refleja los problemas que se le presentan al Estado (más bien trata de minimizarlos) ni significa nada para la población.

Algo similar pasa con el desempleo: ¿qué debería merecer más despliegue: que 58% de los menores de 30 años no logran conseguir trabajo, o que bajó –supuestamente– 0,4% la tasa que mide el Gobierno? Lo primero lo sienten los afectados, sus familias, y en últimas toda la comunidad que acaba padeciendo la violencia como forma de solución laboral (paramilitar, guerrilla, bandas organizadas, compañías de vigilancia o las mismas fuerzas armadas). Lo segundo solo sirve para satisfacer a quienes solo ven indicadores macroeconómicos porque es donde autocalifican su gestión y no en la situación de quienes la viven.

En pocas palabras, ¿qué estará pesando más en el ánimo de los colombianos: los hechos del Cauca o el cambio que la situación económica produce en sus vidas?

O, si se tienen en cuenta los otros factores que simultáneamente afectan a la población –escándalos de las Cortes, polarización e incitación a la intolerancia, promesas no cumplidas de reformas e inversiones que no se concretan (a la Salud, a la Educación, a la Justicia, a las pensiones, etc.), abusos de autoridad y uso personal de la función pública, etc.–: ¿no será que la visión negativa que muestran las encuestas tiene que ver más con el deterioro del país que con los actos guerrilleros?

¿No será que ya no se logra disimular el fracaso, tanto del modelo como del gobierno? El público o lo que llaman la ‘opinión pública’ no tiene más fuente de información que lo que los medios de comunicación les entregan. El escenario que pintan las autoridades y repiten las diferentes formas de prensa adictas al gobierno se ha distanciado tanto de la realidad que lo que está apareciendo es una reacción del ciudadano ante el engaño.

Y el achacar la culpa de ese desánimo al ataque de las Farc es persistir en ese método: negar lo angustiante de la situación, ocultar el fracaso de las políticas que se han seguido y atribuir a los ‘malos’ los males del país.

Motivar en las acciones de las Farc el inconformismo que hoy se manifiesta es una manipulación parecida a la de afirmar que toda movilización popular es ‘infiltrada’ por ellos: es trasladar al ‘enemigo interno’ la culpa de las fallas oficiales, justificando así la negativa a corregir las causas del mal momento que pasamos.

Si algo es claro es que la firma de algún documento que permita el desarme de la insurgencia no solo es conveniente sino es lo mejor que le puede pasar en este momento a Colombia. Que pueda haber sido un caso de vanidad del Dr. Santos para pasar a la historia logrando lo que otros no pudieron, es algo secundario; que sea verdad que por jugársela toda a ese resultado se desatendieron los otros temas que hoy se expresan en los sondeos, es grave; pero lo que sería absurdo sería que se perdiera lo que ya se avanzó y se le dé satisfacción a quienes creen más en la solución bélica o a quienes dan más importancia al castigo que al avance que significaría terminar con el pretexto para no ajustar los descuadres del país.
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