Opinión

  • | 2014/04/15 00:00

    El fondo del asunto

    A pesar de las claras evidencias en contra, hay quienes aún se empeñan en culpar a la industria de hidrocarburos de los males que aquejan a Colombia. ¿Por qué?

COMPARTIR

Seamos claros: el sector petrolero no es el causante de la sequía en el Casanare, y creería que hasta los más acérrimos enemigos de la industria estarían de acuerdo conmigo. Existen múltiples evidencias que se han ventilado en los medios de comunicación recientemente que prueban sin lugar a dudas este hecho. Vale la pena recordar que la industria de hidrocarburos consume apenas 0,7% del agua utilizada en el departamento en cuestión.

También vale la pena mencionar que la afectación hídrica más significante de la industria extractiva del petróleo no es sobre aguas superficiales, que son las que se relacionan con las sequías, sino sobre aquel recurso hídrico asociado a la explotación misma; es decir, sobre el agua que se encuentra en la actividad extractiva del crudo. Y para ser claros, este recurso no es apto para el consumo (salvo después de tratada en la superficie, una vez extraída), ni tampoco sirve para regular el ciclo de agua, porque está a kilómetros de profundidad de la superficie. Si acaso, las exigencias que la normativa nacional impone a las compañías petroleras para tratar el líquido extraído tiene un impacto positivo y muy localizado en las aguas superficiales donde operan estas compañías. Basta mirar lo que sucede, por ejemplo, en campos como Castilla o Rubiales para corroborar este efecto.

Además de varios estudios específicos en relación con la afectación de fuentes hídricas por parte del sector petrolero, Colombia cuenta con un amplio y sofisticado sistema de información sobre la oferta y demanda de agua en el país. El Sistema de Información Ambiental de Colombia, en su capítulo hídrico, tiene una cantidad importante de datos que permiten hacer análisis objetivos en relación con la afectación hídrica a nivel nacional y local. Todo además contenido en un documento llamado el Estudio Nacional del Agua, que data de 2010, y que da cuenta de la realidad del recurso hídrico en el país.

Este episodio es entonces uno más en donde se asignan responsabilidades a la industria de hidrocarburos sobre los males que aquejan al país. Siendo tan claro el hecho de que la sequía no la causa la industria de hidrocarburos, sino el ciclo natural del clima -probablemente, eso sí, afectado por la cada vez mayor variabilidad en las condiciones climáticas– la pregunta que uno se hace es la siguiente: ¿por qué hay gente empeñada en echarle, literalmente, el “agua sucia” a la industria de hidrocarburos?

Pueden ser varias las respuestas a esta pregunta, pero en el fondo, creo yo, existe una que manda sobre las otras. Muchos grupos de interés perciben a la industria de hidrocarburos como una gran generadora de rentas económicas o de réditos políticos que se traducen en votos, y están viendo cómo hacen para aprovecharse de ello. Por supuesto que existen analistas genuinamente preocupados por el impacto ambiental que la extracción petrolera pueda tener sobre el ambiente, y analizar dicho impacto y tratar de mitigarlo es lo que hay que hacer todos los días, y es lo que hacen las compañías petroleras responsables.

Por supuesto que el Estado colombiano debe vigilar la actividad y tratar de minimizar el impacto ambiental que la misma genere, siempre pensando en no ser más papistas que el Papa. Pero la gran mayoría de las críticas a la industria provienen, creo yo, de una calculada maniobra para ver cómo se logra extraer rentas o votos a través de los rumores, las falsedades y la siembra de la ignorancia. Todo esto en últimas se refleja en titulares de prensa o en debates políticos que terminan afectando la regulación y normatividad que rige la industria, todo en detrimento del desarrollo no solamente del país, sino, y sobre todo, de las regiones donde operan las petroleras. Es decir, equilibrando por lo bajo.

En el fondo, la búsqueda de réditos de algunos pocos termina por afectarnos a todos, bajo el pretexto de una falsa convicción ambiental. Ese es el fondo del asunto, y ya es hora que Colombia, un país que no puede darse el lujo de desaprovechar su riqueza petrolera, se ponga las pilas y responda.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?