Opinión

  • | 2016/12/15 00:00

    Impuestos a los pobres II

    Otros apuntes en el debate con el senador Jorge Enrique Robledo acerca de la reforma tributaria.

COMPARTIR

Robledo en su crítica a la reforma se equivoca en el tema de fondo. La mayoría no pagamos impuestos porque nos los impongan, muchos contribuimos voluntariamente. Nosotros tenemos la fortuna de vivir en una democracia, que por imperfecta que sea, es infinitamente mejor para la mayoría que el Estado autoritario que Colbert representa.

Lea también: Marica corrupción

Nosotros podemos cooperar entre todos para que el gasto público sea lo que determina qué vamos a llegar a ser como pueblo. Las grandes naciones tienen enterrados en su infraestructura de ciudad y logística 70% de toda la inversión que han realizado a lo largo de su historia. Nuestras grandes ciudades son ejemplo de ello y poco a poco van avanzando: Cali, Barranquilla, Bogotá y Medellín tienen todas logros importantes que mostrar. Los impuestos son la señal de una voluntad colectiva, de una capacidad de cooperar y de confiar los unos en los otros para emprender proyectos comunes. Son prueba de que el todo es mucho más que sus partes.

Un aumento de impuestos no es una conspiración para desplumar el ganso –los pobres–. Los aumentos de impuestos son una prueba de la voluntad y capacidad del grupo para coordinarse efectivamente ante una adversidad y una señal al mundo. A veces surgen dudas sobre el futuro de un pueblo, la corrupción de su Estado, la creciente desigualdad, la violencia pueden hacer difícil el financiamiento con deuda pública y la desconfianza pueden disparar las tasas de interés. Entonces, como le pasa en estos momentos a Colombia, la sociedad tiene que apretarse el cinturón y demostrarle al mundo que es capaz de asumir los costos de sus retos pagando más impuestos.

Si no logran un acuerdo pagando impuestos, quedan los caminos fáciles como la inflación, que traslada los costos a los más débiles, o la salida populista de incumplir los pagos de la deuda pública, desconociendo el enorme costo en intereses que pagarán todas las generaciones futuras en represalia por la avivatada. Siempre alguien va a pagar, los impuestos son los únicos que logran el recaudo con alguna progresividad, incluido el IVA.

Lea también: John Lennon

El debate debe centrarse en las falencias del Estado en proveer bienes públicos, no en excluir de la obligación de pagar impuestos a la clase media o a las clases populares. Mockus puso a pagar impuestos a todos, incluidos los más pobres: aquellos cuyas humildes viviendas estaban avaluadas en apenas $9 millones. Traten de imaginarse una vivienda que vale menos que una moto. Según Robledo, tener que pagar este impuesto es una infamia, el más hambriento termina obligado a tributar el equivalente al costo de un corrientazo al año. Sin embargo, la realidad es otra. Estos hogares contribuyen con gusto, ellos saben que con su pago del predial ratifican sus derechos a ser ciudadanos, les permite evidenciar sus derechos de propiedad, los hace iguales, los hace parte de la sociedad; y les representan millones de pesos al año en ingresos en especie: bienes públicos que les mejoran su calidad de vida. El contrato social existe y gracias a que tienen voz, la ciudad les empezó a garantizar sus derechos con agua, alcantarillado, alumbrado público, transporte e importantes mejoras en educación y salud.

Tributar debe ser un esfuerzo de todos, una sociedad no es viable si solo deben pagar impuestos las 3.600 empresas serias que ya contribuyen con más de 70% del impuesto de renta y cuyas cargas impositivas llegan hasta 60% de todo lo que ganan. El mundo va en otra dirección y los impuestos a las empresas van a bajar a 20%, China y sus subsidios a sus conglomerados estatales hacen necesario bajar los impuestos a las manufacturas para poder defender la generación de empleo en el país.

El debate serio se debería centrar en los onerosos impuestos jamás legislados que pagamos los hogares de la clase media y de clases populares como consecuencia de la mala calidad de la educación y salud pública. Más de un millón de niños asisten a colegios privados solo en Bogotá, y en el país esta cifra ronda los 2 millones, con un costo para los hogares de $6 billones en matrículas al año. En salud prepagada los hogares gastan más de $2 billones al año y en seguridad deben estar gastando mínimo otros $2 billones.

Las clases populares son las que padecen la tributación ilegal más infame: la extorsión y los créditos a tasas de usura de 20% mensual con el pagadiario o de 5% mensual de la hipoteca para los que tienen un predio. Los más pobres de este país pagan más de $700.000 millones al año en intereses de usura a esas mafias, combos, que cada día ganan más poder a través del control de la calle en los barrios populares de Colombia. Como decía Hitler: “el que controla la calle ya está a un 50% del camino de controlar al Estado”.

Lea también: Fundaciones: caridad, una quimera

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 523

PORTADA

¿Cómo llegó Jeff Bezos a convertirse en el hombre más rico del mundo?

Jeff Bezos, el fundador de Amazon, llegó a ser temporalmente el hombre más rico del mundo, lugar al que volverá más pronto que tarde. ¿Cómo lo logró?