Opinión

  • | 2015/02/07 12:50

    ¿Por qué la obsesión de Santos con la Ocde?

    Ahora que recibimos ‘sugerencias’ de la Ocde sobre las medidas y las políticas que debe seguir Colombia para ingresar a ese club, es bueno tener alguna visión o información acerca de ella.

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Comencemos por aclarar que en nada nos perjudicaría pertenecer a esta o a cualquiera de las organizaciones internacionales que se presentan como favorecedoras del desarrollo económico y la cooperación, como el nombre de esta lo indica: Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico. Lo que sí conviene es entender bien de qué se trata esta organización y el porqué de la cuasi obsesión del presidente Santos, no solo porque entremos a ella sino por vendérnosla como un gran logro.

Su antecedente u origen remoto fue en 1948 para la coordinación de las ayudas del Plan Marshall a la Europa destruida. Se llamó Organización para la Cooperación Económica Europea y fue promovida por Estados Unidos y Canadá.

En 1961 se transformó en la actual Ocde, conformada inicialmente por estos dos países más los europeos, y completada desde 1989 básicamente con unos miembros de la recién caída Cortina de Hierro. Aparte de estos, solo cuatro nuevos miembros han ingresado desde entonces (México, Chile, Israel y Corea del Sur).

Se puede ver como un club muy exclusivo o como uno que no llama tanto la atención. ¿Por qué el presidente Santos lo convirtió en una meta de su gobierno?

Pensaría uno que un país que tiene el grado más alto de desinstitucionalidad; donde los órganos del poder público son aquellos de los cuales más desconfía la ciudadanía; donde es consenso que la Rama de la Administración de Justicia no funciona, y que está en mora de las reformas sociales más fundamentales –educación, salud, pensiones–; cuya productividad por trabajador no alcanza a la mitad del promedio de esos países; que tiene los índices de desigualdad, de desempleo, de informalidad más altos del continente; la infraestructura vial más atrasada de Latinoamérica; el único país que aún no ha logrado homologar la Normatividad Internacional de Información Financiera (NIIF); el único que aún tiene un conflicto armado interno; la tasa de homicidios, de secuestros, y hasta de robo de celulares que acosan a la ciudadanía; en fin, que está de toda evidencia lejos de lograr el nivel de orden y armonía para siquiera hablar de un país que funciona, pensaría uno, repito, que es absurdo que tenga como preocupación el ser reconocido como el par de lo que caracteriza a los miembros de ese club.

Solo en algunos objetivos del actual Gobierno coincide: según la presentación hecha en 2008 en Portafolio “En materia económica, se requiere liberalizar los servicios financieros, hacer más dinámico, simple y transparente el sistema tributario, fortalecer los marcos de inversión extranjera, desarrollar políticas de buen gobierno corporativo, fortalecer los mecanismos de supervisión y control, implementar un buen marco legal de competencia, mejorar los sistemas de contratación estatal y los estándares de transparencia en la gestión pública.”

El Dr. Juan Manuel Santos la presenta como un reconocimiento al nivel de desarrollo de un país, y en efecto solo países que consideran el desarrollo económico como razón de ser del Estado son invitados a ser sus miembros. Vale recordar que un país no aplica a esta membresía, solo puede ser invitado por su Consejo Directivo.

Ningún país que tenga el menor asomo de izquierdismo en el sentido de no aceptar las prioridades económicas por encima de las sociales o de profesar poca reverencia a las leyes del mercado es candidato siquiera potencial; aquellas naciones que defiendan la función interventora y planificadora del Estado son descartadas como calificadas para ingresar, al igual que aquellas en las cuales las condiciones de los habitantes tienen más relevancia que las finanzas del Estado. De modelos de desarrollo nada se contempla y es visto como un premio a quienes abandonan las veleidades diferentes a los patrones políticos, culturales y sociales del capitalismo.

Ante estas consideraciones se comprende el interés de Santos: por un lado es un logro alinear al país con su posición personal; por otro es casi un reconocimiento o premio que le otorgan dentro de los valores que él a su turno valora; y además conseguiría una nueva legitimidad para seguir adelantando y defendiendo los modelos y principios económicos y políticos en los cuales cree.

Lo que no es tan claro es en qué se beneficia Colombia con ello; ¿hasta dónde tiene ese ingreso más importancia que la atención a los problemas a los cuales esa organización da menos relevancia?; o, en una manera global, ¿hasta dónde la identificación personal del presidente Santos y la valoración que de esa entidad hace debe volverse una meta para que el país mismo la vea así?

En otras palabras: ¿es suficiente la admiración que el Dr. Santos profesa por esa organización para que busquemos a cualquier costo volvernos parte y en consecuencia alinearnos con ella? ¿Sí debe ser visto como un propósito prioritario entrar en un club que es indiferente al listado de deficiencias que tenemos como país?.
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