Opinión

  • | 2017/06/08 00:01

    Humareda billonaria

    Lo de la fortuna de las Farc parece un refrito. Si fueran multibillonarias no habrían negociado un acuerdo para reintegrarse a la sociedad.

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Todo este refrito sobre la billonaria fortuna de las Farc me huele a humo. Sufrimos de déficit de atención crónico. Tenemos problemas enormes por resolver y nos distraen con titulares sonoros, cifras exorbitantes, mundos de riqueza inimaginables en asuntos que no son tan prometedores como nos anuncian.

En primer lugar, ya deberíamos haber aprendido a ser más incrédulos. Las millonarias sanciones de la Contraloría, o la Procuraduría, o los anuncios de la Fiscalía casi nunca ingresan a las arcas del Tesoro. Busquen cuánto presupuesta Colombia anualmente por concepto de sanciones de los entes de control o por concepto de extinción de dominio a narcos o a corruptos o por incautaciones de dinero; ya verán que los montos son insignificantes.

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En todos los años que he seguido las cifras del presupuesto no recuerdo uno solo con más de $100.000 millones por todos esos conceptos juntos. El titular de la sanción a Saludcoop anunciaba más del billón de pesos, la sanción a Petro también llega a niveles exorbitantes –más de $200.000 millones–, y las de Reficar seguramente tendrán un titular similar. Esto se repite una y otra vez: el Metro de Medellín, Guavio, Termo Río y el Transmilenio de la 26; ya todos sabemos que al final no se recupera nada.

Si las Farc fueran multibillonarias no habrían negociado un acuerdo para reintegrarse a la sociedad. Si hacemos un mínimo ejercicio mental, no existe escenario probable bajo el acuerdo negociado que les ofrezca un mejor futuro que el que compra el billonario negocio de la droga que le imputan a las Farc. Comparen con la Ndrangheta calabresa: jamás han buscado negociar con el Estado italiano. Esta poderosísima mafia –cuyos cabecillas son capturados con frecuencia en Colombia y con quienes las Farc tienen vínculos, según el periodista Sabiano– maneja el lucrativo mercado de la droga en buena parte de Europa, mientras tenga estos negocios continuará implacable. En cambio el negocio de la droga en Estados Unidos es otra historia. La cocaína es otra víctima de los variables gustos de los milenials. Basta mirar cualquier periódico de Estados Unidos para entender que los opioides, las drogas de prescripción y la marihuana son productos cuyo consumo está creciendo. Inclusive la metanfetamina le ha ganado espacios. Los titulares que hablaron del rápido crecimiento en las muertes por sobredosis de cocaína olvidaron anotar que esa cocaína había sido mezclada con fentanyl, un opioide tan poderoso que con el equivalente a dos granos de sal de más, la dosis es mortal.

En segundo lugar, si a lo más selecto y educado de nuestra élite la tumbó Bernie Madoff con el cuento de que les podía pagar intereses de 10% anuales sobre sus platicas atesoradas en paraísos fiscales, seríamos unos ilusos pensando que a las Farc no les ha pasado algo de esto a lo largo de estos años. Los contadores y financieros de esa guerrilla sí que deben haber sufrido y enfrentado sorpresas y riesgos en su difícil tarea de administrar este supuesto capital. La crisis financiera de Cuba con la caída del muro de Berlín, o la crisis actual ante la pérdida de los subsidios venezolanos; el colapso de Libia; las privaciones en Irán, producto de las sanciones internacionales, o la situación actual en el vecino país son todos eventos que tienen que haber causado más de una pérdida y un dolor de cabeza.

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Estafarse entre evasores, corruptos y bandidos es parte natural de la actividad, y una de las variables a tener en cuenta al momento de analizar cuánta plata le queda a las Farc después de todos estos azarosos años. Esto sin tomar en cuenta los retos de administrar todos los ingresos descentralizados de cada uno de los frentes y lo que se deben haber robado en cada uno de ellos.

Inclusive, si suponemos que las estimaciones de Forbes son acertadas y los ingresos brutos de las Farc son US$600 millones al año, esto la ubicaría, según la tasa de cambio que se use, entre los niveles de ingresos de Colombina o Colanta. Pero aquí no hablamos de una empresa, las Farc no generan valor, tienen que vestir, alimentar y dotar un ejército. Sus costos son enormes y tienen que pagar mayores precios a quienes se aventuran a ser sus proveedores. Sus márgenes netos no pueden ser ni de 10%. Y su riqueza va de la mano de los cultivos bajo su control que han cambiado drásticamente a lo largo de los años.

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Aunque las cifras son provocadoras, en realidad poco dicen. Y nos distraen del verdadero activo de las Farc. En el mundo del crimen el valor está en las redes de contactos y la reputación que les permita hacer cumplir acuerdos. Lo que vale ahora es poner a las Farc a hablar y cumplir lo pactado, que informen sobre el 100% de su operación y permitan desmontar esta mafia del narcotráfico desde la raíz. Este sería el beneficio de oportunidad más importante de la historia del crimen mundial, con impactos desde Italia hasta México: allí es adonde hay que apuntar.

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