Opinión

  • | 2014/06/13 06:00

    La canasta de las Farc

    A estas alturas –escribo lunes 9– parece claro que la contienda electoral la va a ganar Óscar Iván Zuluaga, a pesar de los ríos de mermelada que repartió el gobierno de JMS, y el apoyo de casi toda la izquierda.

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Creo que precisamente la desconfianza y rabia que les tenemos a las Farc, apoyos oportunistas a JMS como el del incoherente Petro, las famosas “patrasiadas” de Santos y el descaro con que se repartió la mermelada, le restaron muchos votos de opinión, en un país cada vez más urbano.

Peor aún, en mi opinión personal, más allá de los Ñoños, es la presencia de Ernesto Samper como participante activo de la campaña reeleccionista lo que me impide votar por el presidente-candidato. JMS revivió al cadáver político que más daño le ha hecho a este país.

Realmente el interés de acabar con las Farc por parte de la sociedad surgió cuando estas se volvieron una amenaza real para la Colombia urbana, como la bomba del Nogal, el secuestro del edificio en Neiva, las pescas milagrosas, el secuestro colectivo de la Iglesia La María en Cali, los diputados, los secuestros en Bogotá de víctimas que luego se vendían a la guerrilla y muchos otros crímenes.

La fuerte y casi monotemática campaña del presidente-candidato en favor de la paz fue su gran error. Pero tampoco presentó propuestas creíbles sobres temas espinosos como salud, la reforma a la justicia, la descongestión de las cárceles y la seguridad ciudadana. Ni siquiera fue capaz de prometer recursos para el metro de Bogotá, algo tan populachero.

En noviembre de 2013, las Farc representaban el quinto problema en importancia para los colombianos. Para abril de 2014 este asunto pasó al octavo puesto en el ranking y ahora el empleo, la salud, la educación, la lucha contra la corrupción y la seguridad ciudadana son los temas que preocupan realmente a los colombianos.

El empleo, curiosamente, marcó como el primer problema en las encuestas, a pesar de que la tasa de desempleo ha bajado a un dígito. Se puede interpretar como que la brecha aún es muy grande o que parte de los empleos creados no son de calidad.

El segundo problema para los colombianos es la salud. A pesar de la amplia cobertura –más del 80% de los colombianos– la atención es pésima. La concepción del modelo diseñado por Juan Luis Londoño era excelente, pero la corrupción, como la de Saludcoop, acabó con el modelo. El paseo de la muerte es la regla.

La tercera prioridad para los colombianos es la educación. Ya es claro para la clase media que el futuro de sus hijos depende de una educación de calidad y el acceso a la educación superior. Esto no es un imposible desde el punto de vista presupuestal si se dejan de gastar los recursos en Ñoño y sus compinches.

Seguridad ciudadana. La experimenté por primera vez en Canadá cuando puede salir tranquila a la calle, sin agarrar el bolso, quitarme las joyas, con la cédula y las tarjetas de crédito en la billetera, montando en bus sin que me manosearan, dejar la bicicleta afuera de la casa, manejar el carro con la ventana abierta. Nunca, y digo nunca, pude hacer eso en Colombia.

Después, como sexta prioridad, aparece la corrupción. En la medida en que más colombianos pagan impuestos, las personas naturales están afectadas en el bolsillo por la última reforma tributaria y exigen resultados visibles. Pero el dinero para inversión se fue en comprar adhesiones a punta de billete, lo que produjo un lógico rechazo de los contribuyentes. La mermelada fue demasiado visible.

Esto no significa que Óscar Iván sí va a solucionar estos problemas endémicos, que requieren tiempo, planeación y presupuesto. La primera victoria del Zorro, la más clara y evidente que puede lograr ya es alcanzar la paz, bajo condiciones satisfactorias para los colombianos. Las Farc son un ejército vencido. Lo demuestra la arrodillada carta de Timochenko a Z, anunciando la presente tregua. No tienen ninguna posición de fuerza para negociar.

De manera que si Zuluaga quiere empezar con pie derecho y resultados, culmine la negociación con éxito y divulgue más el alcance de los acuerdos. Hay gran desconfianza en el país por falta de información. De ahí los chismes y rumores que han horadado la credibilidad del proceso de paz.

 Y como mi corazoncito sigue siendo verde, no votaré. Mi novio me traerá el desayuno a la cama y él se irá a votar en blanco, siguiendo las instrucciones de su jefe político, Jorge Robledo.
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