Opinión

  • | 2017/07/06 00:01

    Futuro devaluado

    Según el Gobierno, nuestra tasa de crecimiento de mediano plazo es 3,7% anual. El posconflicto podría subirla a 4%. Esto significa una devaluación sustancial de nuestro futuro, respecto de lo que se vislumbraba en 2010.

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Acaba de salir del horno el Marco Fiscal de Mediano Plazo 2017 y, como siempre, se trata de un documento serio, bien documentado y bien escrito. En medio del cansón toma-y-dame que tipifica el debate mediático criollo, los colombianos tenemos mucho que agradecerle al estupendo equipo técnico que elabora esta invitación anual a pensar en la coyuntura y las perspectivas de nuestra economía con serenidad y con rigor.

El documento, además de los capítulos que estipula taxativamente la Ley 819, incluye un capítulo muy interesante y oportuno sobre los costos fiscales y los beneficios sociales del llamado “posconflicto”. En gran síntesis, el planteamiento tiene tres patas. La primera, que las cifras se refieren a una implementación que habría de hacerse a lo largo de los siguientes 15 años. Segundo, que el costo total sería de $129.5 billones (constantes de 2016, algo así como 15% del PIB de dicho año). Tercero, que el beneficio estimado, lo que el documento denomina el “dividendo de la paz” que habría de observarse en la tasa de crecimiento económico, llega a 0,3% anual promedio a lo largo del horizonte examinado.

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Comprar, por $129,5 billones, acceso a una tecnología (el “dividendo de la paz”) que nos pone a crecer 0,3% anual más rápido para siempre es, por supuesto, una ganga. La diferencia entre crecer 3,7% anual a largo plazo –como se estima en otro capítulo del documento- y crecer 4% anual por 15 años implica un beneficio de $444 billones de 2016; es decir, casi 3 veces y media el valor de la inversión.

Independientemente de la lógica del argumento y de la validez de los cálculos –ambos tienen de largo y de ancho– lo cierto es que se trata de algo extremadamente deprimente. La razón por la cual es tan deprimente es sencilla: antes de que comenzaran los diálogos habaneros el Gobierno tenía una visión de largo plazo radicalmente distinta, inmensamente más promisoria y mucho más capaz de convocar simpatía y entusiasmo. Para la muestra, van dos botones.

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Primero, el hilo conductor del Plan Nacional de Desarrollo 2010-2014 publicado a mediados de 2011 no era, ni mucho menos, “la paz” sino la “prosperidad democrática”. El documento abría con la siguiente frase: “El contexto histórico que enmarca este Plan Nacional de Desarrollo es diferente al de otras administraciones. Estamos frente a un optimismo auténtico en nuestro futuro, una confianza incomparable en las potencialidades del país y una imagen en el exterior que es claramente positiva. De ser percibidos en el mundo como un Estado fallido nos convertimos en una economía emergente, atractiva para la inversión y para el turismo”. El documento pasa a mostrar cómo, con base en este potencial, la economía podría crecer a una tasa de 6% anual al amparo de unos ejes conceptuales que orientarían toda la política pública y que, valga decirlo, no incluían aquello de acordar textos con este o con aquel grupo criminal.

Segundo, en el MFMP 2011, antes de que se iniciaran los diálogos de paz y una vez surtido el grueso de los efectos de la crisis internacional de 2008, el Gobierno estimó que la tasa de crecimiento de largo plazo sería del orden de 4,8% y planteaba que: “este es un supuesto moderado pero responsable ya que es sobre el cual se construye el escenario fiscal y se define la senda de gasto en el mediano plazo”. Suponer un crecimiento de 4,8% a largo plazo le parecía moderado al Gobierno por cuanto los componentes de la política económica que se habrían de implementar en el cuatrienio –de nuevo, la “paz” no era parte de este conjunto– “deberán conducir a la economía por una senda de crecimiento de 6% en el mediano y largo plazo. (Recuadro 7.E) ”.

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Así las cosas, queda absolutamente claro que, para el Gobierno actual, el país tuvo una ruta económica y social de mediano plazo antes de acordar cosas con las Farc y otra muy distinta y mucho más oscura después de acordar cosas con las Farc. Quedará en cabeza de historiadores serios, provistos de la cabeza fría y de la perspectiva que nos faltan hoy, evaluar hasta qué punto haber sacrificado, en el altar habanero, la agenda económica planteada en 2010 explica la devaluación tan significativa que sufrió, entre 2010 y 2017, nuestro futuro económico.

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