Opinión

  • | 2014/10/30 06:00

    Las Farc a jardinear

    Esa es la paz que buscan las Farc. Que los dejen tranquilos para continuar en el fabuloso negocio del narcotráfico, o sea “jardinear”, que es precisamente la pena que quiere imponerles este Fiscal, que también tiene agenda propia.

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En 1984, los muros de las ciudades se llenaron de palomas de la paz. Era el gobierno de Belisario Betancur, que se había embarcado en una negociación con las Farc, entre otras guerrillas.

Era un privilegio ir a Casa Verde a departir con Tirofijo. Muchas personalidades cayeron en el embrujo. Recuerdo particularmente una foto de Gloria Zea con Jacobo Arenas, brindando. Ese proceso fracasó, como han fracasado todas las negociaciones siguientes.

En el actual proceso, tan poco transparente, el Gobierno no miente, pero no dice la verdad, que es otra manera de mentir. Nos enteramos del viaje de 18 terroristas a La Habana porque nos lo contó Iván Márquez, así mismo como publicó en la página de las Farc el contenido de los primeros acuerdos logrados, que después De La Calle tuvo que revelar como si fuera iniciativa del Gobierno.

Ese miedo a revelar la verdad se explica por el temor a la reacción de los colombianos ante hechos tan protuberantes como ver rozagantes a alias Romaña –verdugo de miles de colombianos– a la cabeza de otros personajes que le cortan a machetazos la cabeza a un niño de doce años que trata de huir. O la mano a una niña de 14 años por lo mismo.

Ver a esos bandidos en Cuba trae a la cabeza el recuerdo de Chamberlain cuando trató de apaciguar a Hitler en 1938. Y esta es exactamente la actitud del gobierno colombiano cuando se deja mangonear de Venezuela, solo porque ese país “ayuda” en el proceso de paz.

El Chamberlain nuestro es María Ángela Holguín. Por instrucciones de Santos, me imagino, ha callado frente a innumerables ataques verbales y físicos contra Colombia. Maduro y el neovenezolano Ernesto Samper acusan a “paramilitares colombianos” de asesinar a Robert Serra; entra la Guardia Nacional a Cúcuta; decenas de colombianos están detenidos por intentar pasar la frontera con un racimo de plátanos o reactivos donados por una ONG. Pero lo más importante es el refugio permanente de la guerrilla.

Y la Canciller callada. El lunes de la semana pasada, aparentemente Holguín tenía una cita con Maduro en Caracas para protestar formalmente por todos los atropellos. Pero Maduro la canceló por “problemas de agenda” y Holguín no musitó, como siempre.

En una interesante presentación de Eduardo Pizarro en el Observatorio de Paz de la Tadeo (2011)1, dice que no es conveniente la mediación y presencia internacionales en procesos de paz.

Su tesis es que en general los países involucrados tienen agendas propias, tal como sucedió en el proceso del Caguán con el cónsul francés Noel Saenz, que “ingridizó” la agenda, o el suizo Jean Pierre Gontard, que era negociador de secuestros por comisión.

Así mismo, en este proceso Venezuela tiene su propia agenda: defender sus intereses comerciales en el negocio de la cocaína que le suministra las Farc. Y el interés de Cuba es elevar su protagonismo internacional, su papel en el continente, el narcotráfico y los dólares que estamos pagando los contribuyentes colombianos para que los bandidos vivan sabroso en El Laguito.

Recuerdo del Caguán dos frases memorables: “Yo le creo a Tirofijo” (Andrés Pastrana) y “Yo le creo más a Tirofijo que a Uribe” (Yolanda Pulecio). El que no aprende de sus errores está condenado a repetirlos. Pero algo bueno tiene la presencia de todos los pillos en La Habana. Muy posiblemente se queden por allá. Esa era también la idea de Belisario Betancur: pagarles para que se largaran. Si esto sucede, la “guerrillerada” que quede por aquí se va a bacrimizar. Van 14 policías muertos por la alianza Farc-Usuga. De hecho, alias Isaías Trujillo se llama Luis Carlos Usuga, primo de los Urabeños.

Ahora que no me tache Juan Manuel Santos de “enemiga de la paz”. El enemigo de la paz es aquel que no le dispararía a alias Timochenko. Esa es la paz que buscan las Farc. Que los dejen tranquilos para continuar en el fabuloso negocio del narcotráfico, o sea: “jardinear”, que es precisamente la pena que quiere imponerles este Fiscal, que también tiene agenda propia.
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