Opinión

  • | 2017/11/09 00:01

    La formalización del empleo en las ciudades colombianas

    Generar empleo formal es un proceso evolutivo de acumulación y recombinación del conocimiento productivo que tienen los trabajadores.

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Adictos como somos a las malas noticias, fácilmente ignoramos las cosas buenas que ocurren en el país. En palabras del periodista Michael Reid, de la revista The Economist: “Uno de los problemas de las democracias latinoamericanas es la persistente negación del progreso por parte de académicos, periodistas y políticos”. 

La última buena noticia, reportada por el DANE, y que ha pasado totalmente desapercibida es esta: “En el trimestre móvil junio - agosto de 2017 la proporción de ocupados que cotizó a pensión en las 13 ciudades y áreas metropolitanas fue 50,4% y en las 23 ciudades y áreas metropolitanas la proporción fue 49,1%. Estas proporciones son las más altas en los últimos 11 años”.

En justicia, esta misma noticia podría haberse celebrado varias veces en los últimos años. Desde 2008, el número de cotizantes a las AFP y Colpensiones ha aumentado  5% por año, evidenciando un rápido proceso de formalización del empleo. (Entre 2008 y 2015 fue aún más rápido: 7% anual). Mientras que en 2008, solo cuatro de cada 10 colombianos en edad laboral cotizaba al menos una semana a pensiones, en la actualidad seis de cada 10 están haciéndolo. También en justicia hay que señalar, sin embargo, que el trabajador promedio cotiza apenas 26 semanas al año. La fidelidad en las cotizaciones prácticamente no ha cambiado en la última década, lo cual significa que muchos trabajadores no conseguirán ni siquiera una pensión de salario mínimo a la edad de retiro.

Vea también: “La Competencia entre las AFP y Colpensiones”.

Las causas del rápido proceso de formalización del empleo han sido poco estudiadas por los economistas colombianos, quienes tienden a obsesionarse con el salario mínimo y los impuestos a la nómina, y a considerar solamente posibles razones a nivel agregado para todo el país. Hay alguna evidencia de que la eliminación de los parafiscales con destino al Sena e ICBF desde 2012 ayudó a la creación de empleo formal, pero el efecto fue pequeño y ciertamente no explica la tendencia de toda la década ni, menos aún, las diferencias entre ciudades.

Según mis propias investigaciones (con Juan Camilo Chaparro, Neave O’Clery y Andrés Gómez Liévano), el motor más importante de este proceso ha sido la creciente sofisticación del aparato productivo en las ciudades donde hay más diversidad en las habilidades de los trabajadores. Ciudades intermedias que han diversificado sus actividades productivas, como Bucaramanga, Ibagué, Manizales, Popayán y Rionegro, han conseguido aumentos muy importantes del empleo formal. Entre las grandes ciudades, Medellín ha logrado diversificarse más rápido que Bogotá o Cali, especialmente desde 2011, con efectos favorables sobre el empleo formal.

Vea también: “Aprendamos de Bucaramanga”.

La generación de empleo formal es un proceso evolutivo de acumulación, diversificación y recombinación del conocimiento productivo que tienen los trabajadores y que coordinan las empresas. Hay cuatro estrategias que pueden ayudar a acelerar este proceso, y que dependen mucho más de los alcaldes que del gobierno nacional:

  • Una estrategia de diversificación inteligente de las actividades productivas para desarrollar sectores más sofisticados a partir de los conocimientos productivos que hay en los sectores ya existentes.
  • Capacitación y formación técnica de los trabajadores que se necesitan en esos sectores.
  • Infrastructura de transporte con el objetivo explícito de reducir los tiempos de viaje de pasajeros, especialmente en las horas pico de movilización de los trabajadores.
  • Coordinación con los municipios aledaños para facilitar la movilidad, planear conjuntamente el uso del suelo urbano y la relocalización industrial, ofrecer programas de capacitación y facilitar la búsqueda de empleo.

Vea también: “Diversificación Inteligente: Cómo Lograrla”.

A Colombia le falta recorrer mucho camino para tener un buen mercado de trabajo, pero negar el progreso reciente nos puede llevar a buscar soluciones en ideas anticuadas. Pensemos diferente. Hay progreso, aunque a veces cueste trabajo reconocerlo. 

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