Opinión

  • | 2014/05/15 06:00

    Se asoma un Niño

    Las variables climáticas del Pacífico apuntan a un fenómeno de El Niño a finales del año con una probabilidad de más de 80%. Aunque no sabemos cómo se afectará la hidrología, es mejor estar preparados.

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De manera lenta pero segura, una enorme masa de agua –más grande que la superficie de los Estados Unidos– con temperaturas sub-superficiales 6 grados superiores a la media, se acerca a las costas suramericanas. Ahí asoma un El Niño.

No es que sea sorpresivo, ni mucho menos que sea la primera vez que Colombia se enfrenta a este fenómeno climático. Cada cinco o seis años, comúnmente, nace uno nuevo, y en muchos casos pone a temblar a los sectores que dependen del clima, particularmente el agrícola y el energético. Este Niño, en particular, se parece mucho al ocurrido en 1997-1998, el cual fue de gran intensidad y tuvo un fuerte impacto en la hidrología del país.

Durante un fenómeno de El Niño la capacidad de generación térmica en el país se vuelve fundamental. La disponibilidad del parque térmico durante la ocurrencia de estos fenómenos es tal vez la razón más importante por la cual se le reconoce a estas plantas de generación un cargo por confiabilidad, generen o no. Ahora es cuando tienen que probar su capacidad, pues las van a sacar al baile. Mientras que en años de hidrología normal generan entre 18% y 20% de la energía consumida en el país, durante un El Niño puede subir hasta 50%. De ahí la importancia de tener certeza de abastecimiento del combustible para que las plantas funcionen.

Aunque no sabemos cómo se vaya a afectar la hidrología esta vez, en materia energética sí tenemos varias cosas claras. La primera es que el nivel de los embalses reguladores (no del embalse agregado) actualmente está por debajo del que se presentaba en el año 1997, en razón a que desde septiembre de 2012 la hidrología se ha comportado por debajo de sus promedios históricos. La segunda es que el contrato de exportación de gas natural con Venezuela permite cortar el suministro a ese país para atender situaciones de demanda crítica en Colombia, como ahora. La tercera es que, de no hacer nada, el país se puede ver enfrentado a uno de varios escenarios no tan amables. El más seguro será el de un periodo con precios de energía altos.

Lo más grave que podría pasar es que lleguemos al segundo semestre, ad portas de El Niño, con los embalses en los niveles actuales. Para permitir acumular agua hay que desplazar generación hídrica con térmica. Y, para eso, es necesario destinar la totalidad del gas natural disponible para ello a las plantas que puedan generar con ese combustible. Esta generación, combinada con la generación con carbón y algo con líquidos, permitiría al país pasar el Niño sin inconvenientes distintos a que los precios de la energía seguramente serán mucho más altos que en años anteriores.

En efecto, según cálculos realizados por varios expertos energéticos, es deseable generar 75 gigavatios hora/día (Gwh) entre ahora y noviembre y 90 Gwh entre diciembre y marzo para permitir acumular un nivel suficiente de agua en los embalses que permita afrontar con tranquilidad El Niño que se viene. Para generar esta cantidad de energía se necesita no solamente la disponibilidad de las plantas a carbón y algo de líquidos en los últimos meses del año, sino que se requiere la totalidad de las exportaciones de gas natural a Venezuela para alimentar las plantas térmicas. Hoy están disponibles 100 millones de pies cúbicos diarios (con los que se generan 58 Gwh/día), a través de una reciente resolución expedida por el Ministerio de Minas, pero se necesitan adicionalmente los 40 millones de pies cúbicos que están disponibles una vez reinicie la operación del campo Gibraltar, suspendida gracias al bloqueo de los U'wa que se resolvió recientemente. Según la resolución expedida por el Ministerio, este gas seguiría estando destinado a las exportaciones, en lugar de utilizarse en la generación térmica.

Esto, a mi juicio, es un error. No sabemos aún cómo va a impactar El Niño al país, pero sí sabemos que se viene y que los embalses están bajos. En cualquier caso, Colombia se enfrenta a unos meses de precios altos, al desplazarse la generación hídrica actual por generación térmica. Pero muy distinto sería un escenario de El Niño con hidrología crítica con embalses robustos y con agua almacenada, a uno con embalses en promedios menores y con afugias para generar. Esto nos llevaría a precios prohibitivamente altos de electricidad, sin saber muy bien qué consecuencias podría esto traer, especialmente considerando que algunos comercializadores y distribuidores de energía en Colombia están expuestos a los precios de la bolsa, que son los que realmente subirían. Particularmente cierto es para las electrificadoras de la Nación que, por diferentes razones, no están contratadas por periodos mayores a un año. Es decir, a comienzos del año entrante estas electrificadoras tendrán que comprar 100% de su energía en la bolsa, quién sabe a qué precios. Estos precios, a su vez, terminan por incrementar las facturas de todos los consumidores de electricidad.

Si bien la Creg ha expedido resoluciones que establecen cómo se deben comportar los agentes durante fenómenos como estos, especialmente a través del Estatuto de Racionamiento, aún quedan cosas que se deben adoptar desde el Ministerio. Qué tan preparados estemos dependerá de las decisiones de política pública que se tomen en los próximos meses. Por lo pronto, necesitamos todo el gas que podamos conseguir.
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