Opinión

  • | 2015/06/10 19:00

    Gracias a Juanpa y la guerrillerada

    Tomé la decisión de devolverme a Estados Unidos. Mi negocio en Medellín se estaba marchitando por “uribista” y eso que era en la ciudad más pro Uribe de Colombia.

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A muchos nos han tachado de “enemigos de la paz”. A otros los han enmermelado. Al punto que se han roto amistades por temor de que califiquen de uribista a quien se me acerque.

Después de 13 años por fuera, fui a parar a Medellín en 2013, por asuntos familiares. Yo conocía mucha gente, tanto cuando era directora de esta revista, como después, durante mi paso por el gobierno.

Sobra decir que esos grandes amigos que cultivé durante 15 años me dieron la espalda cuando no tuve poder. Y es así, no me quejo. ¿Qué ganaban ahora con lamberme a mí? Yo ya no les servía y otro distinto era el halagado nuevo funcionario de turno. El único que me tendió la mano de verdad fue Felipe López y nunca dejamos de comunicarnos. El otro es un paisa muy rico que prefiere pasar de bajo perfil.

Fast Forward. Llego a Medellín en febrero de 2013 a buscar oficio. Trabajo con una compañía asesora de impuestos, la más respetada del país. Consigo algunas asesorías, algo de lobbying, cosas sueltas. Un cliente me aprecia mucho y consigo una asesoría permanente.

Trabajo, trabajo, trabajo y escribo esta columna. A algunos no les gusta. Sobre todo en Palacio, a pesar de que mi columna es difícil de encontrar en el website de Dinero. O a lo mejor ni la leen.

Recibo algunas ofertas, entre ellas dirigir la versión en línea de una publicación. Al final me dicen que no porque soy una “alborotadora”. Lo mismo con mi patrón de Bogotá, me dice que me saca del brochure y el website porque los clientes están “molestos”.

Feliz de que haya regresado mi amigo Óscar Naranjo, lo llamo a saludarlo. Le digo que quiero ayudarlo en su Ministerio. Se entusiasma y quedamos de vernos en Bogotá. Mi amigo Óscar no me vuelve a pasar al teléfono ni a responder email. ¿Le habrá consultado al Presidente?

Cuando estoy que saco la mano, me llega una invitación para concursar por un superpuesto en una compañía carbonera, la más grande del país. Feliz, me entrevistan, me dan esperanzas. Al final del proceso mi nombre es vetado, creo yo por presiones del Gobierno.

La polarización que existe en el país me llevó a esta situación. Sin haber participado nunca en política de verdad, el presidente Santos me tacha de uribista. No lo niego. Fui uribista del 3% y le ayudé a Álvaro Uribe al comienzo de su campaña. A los tres meses me fui a Canadá como embajadora. Hoy somos buenos amigos.

Hay cosas de Uribe que me molestan, como la candidatura a la Gobernación de Antioquia de Liliana Rendón, una persona muy cercana a Luis Alfredo Ramos y muy mal vista en Medellín. Ella fue la que dijo en el Congreso que el marido tenía razón de pegarle cuando ella se portaba mal.

Cuando volví al país a comienzos de 2013, tenía muchas esperanzas: inversión extranjera como nunca, nuevos negocios, la internacionalización de Medellín y la excelente calidad de los ejecutivos jóvenes. Pensé que era un país renovado también en lo político y en el gobierno. Pero no. Sigue lo mismo pero peor: las mafias tomándose el Congreso y los poderes locales y regionales. Las Cortes de Justicia desmoronadas. Su credibilidad en el suelo.

Tomé la decisión de devolverme a Estados Unidos. Mi negocio en Medellín se estaba marchitando por “uribista” y eso que era en la ciudad más pro Uribe de Colombia. Viajé a la capital de los hippies donde me estaba esperando mi novio.

Yo ya había vivido acá tres años. Portland es una ciudad que avanza. Estoy poniendo un negocio relacionado con Colombia. Para el contrato de arrendamiento no tuve que presentar referencias ni extractos bancarios. No me hicieron firmar con huella ni me mandaron a notarizar el contrato. No tuve que pagar estampillas. No me pidieron la tarjeta de seguridad social ampliada a 150%.

Como estamos en verano ayer fuimos a pescar a uno de tantos lagos que rodean Portland. Había familias, parejas, personas mayores. No había atracadores ni vendedores de maní. Aquí sí se muere uno de viejo, haya en Colombia Proceso de Paz o no. Gracias presidente Santos, gracias Luciano Marín Arango (a) Iván Márquez, gracias Sergio Jaramillo. Sin ustedes no estaría acá de vuelta.
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