Opinión

  • | 2015/03/05 06:00

    Cómo y dónde se clasifica a Colombia

    Con la intención de volvernos miembros de la Ocde, vale la pena ver dónde se ha encontrado el país en su historia.

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Hace algunos años, tras la presidencia de Andrés Pastrana, se comentó sobre hasta dónde Colombia sería un ‘país no viable’. En 2005, una clasificación referida justamente a ese tema nos colocaba en la franja de aquellos cercanos a ese estado: la denominación utilizada era de ‘Failed States Index’, producida por The Fund for Peace. 7 se consideraban ya serlo, y otros 25 en camino o en posibilidad de serlo; entre estos Colombia. En total se evaluaban cerca de 78 países, y los criterios de evaluación incluían desde resultados económicos, pasando por respuestas sociales, hasta funcionalidad institucional.

Hoy, viendo esa clasificación y la intención de volvernos miembros de la Ocde, vale la pena pensar en dónde se ha encontrado nuestro país en su historia.

Después de la guerra se habló simplemente de países industrializados, del segundo mundo, que apenas se mencionaba por ser los países bajo el comunismo, y del tercer mundo –al cual nosotros pertenecíamos–, y en nuestra región la Cepal nos dio una identidad común.

Para describirnos mejor nos llamaron ‘países subdesarrollados’, y después por consideraciones de presentación resultamos ‘países en desarrollo’ (nosotros siempre entre ellos).

Se organizó el llamado Grupo de los 77, formalizado en 1964, y trabajó arduamente por medio de la Unctad en favor de un nuevo orden mundial que modificara el sistema internacional financiero, monetario y comercial de la postguerra.

Esto acabó teniendo una especie de criterio geográfico y en 1974 se inició el llamado Diálogo Norte-Sur, con el propósito de negociar cambios en ese sistema o modelo de relaciones. Las conversaciones no avanzaron mucho, y el diálogo terminó por interrumpirse.

Como consecuencia de su fracaso, se crearon organismos de ‘cooperación sur-sur’. Unos más ambiciosos globalmente, como la ‘Comisión del Sur’, promovida y presidida por el presidente de Tanzania, Julius Nerere, y otros de carácter más regional; para nosotros el Sela (Sistema Económico Latinoamericano).

También bajo el liderazgo de Tito, de Yugoslavia; Nasser, de Egipto, y Nehru, de India, fue tomando fuerza el Movimiento de los No Alineados que buscó ser neutral ante los extremos de la Guerra Fría. Colombia entró a formar parte bajo Belisario Betancur y le correspondió asumir la presidencia bajo el Gobierno de Ernesto Samper.

En todas estas clasificaciones estaba Colombia por intereses compartidos con los otros agrupados. Después se habló de países con características similares. como por el ejemplo los BRIC –Brasil, Rusia, India y China– naciones que por el impulso que llevaban entrarían al nivel de los países industrializados o desarrollados. Estos han resultado los de mayor crecimiento y dinamizadores de la economía mundial, y representan ya en su conjunto una proporción mayor del PIB que los Estados Unidos o Europa.

A los ayudados por la Unión Europea, pero que parece no alcanzaron lo esperado –Portugal, Irlanda, Grecia y España– se les asignó el acrónimo negativo de Pigs.

En nuestro caso nos describieron entre los prometedores con el nombre de Civet, acrónimo formado junto con Indonesia, Vietnam, Egipto, Turquía.Cada una de estas agrupaciones –unas solo de nombre y otras formalizadas– ubican a los países por sus coincidencias o intereses comunes. Hoy nos agrupamos en Unasur y buscamos asociación en el Alba o en la Alianza Pacífico según las influencias que se impongan en nuestros gobernantes. En todo caso, siempre hemos compartido con quienes más se aproximan a nuestras condiciones.

También por razones de identidad de condiciones se han ido ampliando los grupos que representan la posición del otro lado del poder, con el G7, G8, G20, y ahora Ocde.

Lo que pretende el actual gobierno es que nosotros ya debemos pertenecer a este grupo. Estaríamos pasando del nivel de ‘posibles fracasados’ o ‘casi no viables’ a la selección del mundo de países desarrollados. Eso invita a un análisis.

La clasificación para 2014 del indicador de ‘países fallidos’, a pesar de reconocer mejoras en el país nos ubica como el peor de todo el continente (excepto Haití), de peor a mejor en el puesto 59 (sobre 178), en categoría de ‘muy alto nivel de riesgo’; los otros Civet están en: Indonesia=82; Rusia=85; Turquía=93; Vietnam=98; todos en una categoría superior.

Nuestro mejor puntaje sería en crecimiento económico, pero basado en una economía extractiva y dependiente de los precios internacionales de las materias primas (sin ese único indicador positivo –entre 12–, estaríamos entre los 45 peores del mundo, al lado de Togo y Ruanda). No se desagregan los de infraestructura, de productividad, de consumo interno, de ahorro, que nos ubicarían más cerca de los países del nivel más bajo de desarrollo. Todos los demás 11 indicadores están peor que el promedio total y el promedio regional. Los peores siendo ‘desigualdad económica’, ‘desplazados internos’ y ‘legitimidad del Estado’. La obsesión por entrar a la Ocde; es decir, un club al cual por nuestras condiciones no pertenecemos, es algo más que arribismo. Implica desconocer nuestra realidad, el mundo al cual pertenecemos, los problemas que compartimos y los objetivos que debemos buscar.
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