Opinión

  • | 2017/09/01 08:42

    Ética para el progreso

    La necesidad de una ética social y empresarial basada en el progreso del individuo, sus méritos, solidaridad y profesionalismo.

COMPARTIR

Apenas estamos comprendiendo la importancia de los jefes que enseñan con el ejemplo, y eso es lo que les duele de los políticos, empresarios, empresas y ciudadanos que ocupan altos y visibles roles económicos, sociales y políticos del país y están hoy señalados de contribuir o alimentar la cultura de violencia, corrupción y privilegios amañados que se ha acentuado desde tanto tiempo atrás.

Es inexacto hablar de que al país siempre lo han gobernado los mismos; tal vez sea más acertado decir que lo han hecho las mismas ideas, prevenciones, prejuicios, complejidades culturales y creencias sociales con cierta capacidad de repetición, y de allí que los reiterados resultados se evidencian cuando nos comparamos con el progreso de otras naciones.

También le puede interesar: Ausencia de un norte y audaces propuestas

Puede ayudarnos a salir de la crisis la modernización de las instituciones, pero sin una transformación cultural del ser humano, que es el que compone y dirige las instituciones, dudo se logre un cambio con la profundidad que se requiere.

Es importante reflexionar sobre qué tiene que ver nuestro SER con la baja productividad, el lánguido bienestar, el disímil desempeño empresarial y la difusa labor del Estado. Dichas caracterizaciones brillan en las cifras de crecimiento, la estructura productiva y la canasta exportadora del país. ¿Cuánto de nuestro SER explica nuestra escasa capacidad de apropiarnos de la modernización económica y la trasformación productiva del mundo?

Esto ayudaría a explicarnos cómo la bonanza terminó siendo una maldición, o de qué forma ante una situación crítica, que amenaza el bienestar colectivo, el país se polariza fraccionando aún más el esfuerzo que se requiere todos hagamos conjuntamente.

Sin embargo, ante la desesperanza hay referentes que deberían replicarse en nuestra sociedad o que nos revelan criterios para escoger mejor nuestros líderes.

Le sugerimos leer: Mister dollar

Me refiero al padre Francis, quien tal vez fue el primer “jefe” que enseñó a temprana edad a muchos a entender las obligaciones y responsabilidades del líder. A pesar de la jerarquía de su cargo y del poder que le daba su autoridad como rector del Colegio San Carlos, era común verle hacer las labores más sencillas y básicas por sí mismo, servir con pasión, dedicación y agradecimiento a sus alumnos, profesores y empleados; sin importar su origen social, su posición económica y su condición religiosa o ideológica.

Aún en una institución educativa, el padre Francis hizo de su liderazgo un respeto a la diferencia de los demás, sin que ello significara desorden ni ausencia de reglas o normas.

El factor clave en la identidad del colegio, gracias a él, fue la cultura de la meritocracia. Razón por la que era menos común juzgar las personas por sus gustos y formas de pensar, pero valorarlas por sus esfuerzos y capacidades en el deporte, las artes y hacia la excelencia académica. 

Enseñaba el individualismo no para promover el culto a la persona de sus estudiantes, pero sí para propiciar, desde muy jóvenes, que debían valerse por sí mismos a través del sentido de superación personal y de competir lealmente.

El padre Francis apostaba por la condición humana y su capacidad en construir saberes y herramientas que ampliaban las limitaciones de la naturaleza. Su ejercicio educador lo hizo pensando en que el ideal como personas eran ciudadanos sólidos intelectual y profesionalmente. 

Sin interferir en la autonomía de sus profesores y la personalidad de sus estudiantes; quiso que fueran apropiándose y creando valores que contribuyeran a la confianza en sí mismos, a tener criterio propio y a ser personas de carácter; a tener voluntad de perfeccionamiento y de autorregulación.

Lea también: Uribe vs Santos de cara a la bonanza

Francis repetía la importancia del servicio y el agradecimiento que correspondía a sus estudiantes, sabiendo que la humildad es el aprecio y consideración por los demás.

No pocas desilusiones e incomprensión imagino debió tener. Pero sabía que formar para ejercer las libertades requería potenciar el talento, las virtudes y capacidades en la inmensa mayoría de sus estudiantes.

Su legado es una ética individual y colectiva basada en la participación democrática, el desarrollo científico, la igualdad de oportunidades, el respeto a la ley, el amor al trabajo, el mérito en el bienestar económico, así como el desarrollo de una conciencia atenta con la responsabilidad social.

Una ética que ilusiona con el Santo Padre. Bienvenido a la tierra en la que sembró y formó el padre Francis, Papa Francisco.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?