Opinión

  • | 2015/05/27 22:00

    La cara oculta de las noticias

    En el caso de Isagen el tema importante se ha desplazado de la controversia y pareciera que la decisión a tomar es si es buen negocio.

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En anterior columna se había planteado que atribuir a la muerte de los soldados en el Cauca la vertiginosa caída del prestigio del Presidente, y la visión tan negativa que aparecía de la situación del país, era una manipulación mediática para no reconocer que la ciudadanía ya tomaba conciencia de que lo que le venden en los medios no necesariamente es la verdad; que detrás de la noticia usualmente hay un tema subyacente que se pretende minimizar, sobre todo cuando este implica descalificaciones.

Infortunadamente la historia se repite.

En el caso de Isagen el tema importante se ha logrado desplazar de la controversia, al punto que pareciera que la decisión a tomar es si es buen negocio vender ese activo del Estado o no. O si el problema es si se apoya o no el progreso que significaría el desarrollo del programa de las carreteras de la cuarta generación.

El verdadero tema es el porqué el Consejo de Estado tomó esa medida cautelar; es decir, cuál es la situación jurídica que llevó a ello. Y ahí es donde se puede afirmar que lo que se busca –y hasta se ha logrado– es ocultar lo relevante que existe en el fondo: lo que se presentó fue el intento de acudir a las vías de hecho para, sin consideración por el marco de legalidad, imponer una voluntad.

En alguna forma se trató de actuar al estilo Petro; es decir, tomando como único referente la convicción de quien toma la decisión, para imponerla a las buenas o a las buenas, y sin tener en cuenta ni argumentos ni consideraciones legales que les sean contrarias.

Porque lo que era un imposible era aceptar que estando pendiente el pronunciamiento legal definitivo, se procediera sin tener en cuenta esa situación ni las eventuales consecuencias que de ello derivarían. Lo que estaba de por medio era un intento de abuso de poder.

Otro caso es el del glifosato. Las diferentes oposiciones a la medida tomada han vendido la idea que su uso es conveniente –incluso indispensable– en lo que llaman la guerra contra las drogas, y que ese debe ser el tema de debate. O, exagerando aún más, que es en beneficio de las Farc, que se dio esta como parte de las negociaciones de La Habana.

La razón real –y es la que se pretende ocultar o por lo menos disimular– es que se estableció que incluso más que su participación en un fracaso como el de la lucha contra las drogas, sus contribuciones son prácticamente negativas. Cualquier ilusión pasajera de que disminuyeran las plantaciones gracias a ese producto ha sido borrada cuando después de treinta años de trabajar intensamente con él no ha cambiado el escenario, ni la cantidad de producción, ni la dimensión de la actividad o del negocio. En cambio, los daños ambientales, el antagonismo que crea hacia el Estado en las regiones donde destruye tanto los cultivos de alimentos como el ingreso del campesino, el costo propiamente en dinero (para un resultado inútil o inexistente) hacen que lo que se requiriera era un pretexto para tomar una decisión ya evidentemente inevitable.

Que la Organización Mundial de la Salud diga que puede ser que sea un agente cancerígeno no es lo que lleva a ese cambio de política; así como el tema tampoco es el aspecto jurídico de si el principio de precaución es válido o aplicable en este caso: es simplemente la inutilidad de su uso o, peor, lo perjudicial de ello; lo que no se quiere reconocer al crear debates que desvíen la atención es evitar admitir el magno error y lo que implicaría como responsabilidad por el daño causado por una política mal escogida –y por haber perseverado en ella–.

Y el otro tema de gran despliegue mediático reciente es el de la controversia entre el vicepresidente Vargas Lleras y el ministro de Hacienda Dr. Cardenas.

Lo que está detrás de ello es simplemente que la promesa y el famoso programa de las grandes carreteras del 4G ya no puede existir y ni siquiera tiene la posibilidad de presentarse ni siquiera solo en el papel. Es decir, lo que se trata de ocultar es que los anuncios de las maravillas que promete el Gobierno no tienen respaldo real. Que al igual que las reformas que se sabe el país necesita (educación, salud, administración de justicia, etc.) no se hacen sino simplemente se anuncian pero no se concretan; que los proyectos de inversión se le venden a la opinión pública porque se detecta correctamente su necesidad pero no se tiene la capacidad real de dar la solución sino solo de aprovechar la expectativa que eso produce. Lo que no se dice es que se están buscando formas de esconder las consecuencias de haber dado más importancia a vender una imagen que a que detrás de ello haya una realidad.
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