Opinión

  • | 2014/05/29 06:00

    La segunda vuelta

    Quienes apoyaron a los tres candidatos eliminados votaron con el corazón en la primera vuelta. ¿Cómo lo harán en la segunda?

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Dicen los politólogos que en los países donde se usa el sistema de doble vuelta electoral se vota con el corazón en la primera vuelta y con la cabeza en la segunda.

Para explicar este aforismo con un ejemplo práctico, digamos que usted i) apoya a Clara López y ii) no quiere que Zuluaga llegue al poder. Bajo un sistema de doble vuelta como el que tenemos en Colombia, en la primera vuelta usted podría votar sin problemas por Clara, pero en la segunda –una vez eliminada Clara– su candidato sería Santos, por quien usted votaría no por convicción, sino estratégicamente para bloquear a Zuluaga.

Sabemos que quienes apoyaron a los 3 candidatos eliminados votaron con el corazón en la primera vuelta. ¿Cómo lo harán en la segunda vuelta?

Como estos electores definirán la elección presidencial –porque ya se vio que ni Zuluaga ni Santos pueden ganar si no suman votos ajenos a los suyos propios– los dos candidatos que quedaron en el juego se dedicarán durante los próximos 15 días a atraerlos, para lo cual tienen 2 caminos: el primero (el corto) consiste en negociar con los propios candidatos derrotados para que estos les endosen los votos que obtuvieron, y el segundo (el largo) consiste en acudir directamente a las bases de los tres grupos políticos derrotados, el Conservatismo, el Polo y los Verdes, buscando que sus integrantes voten por ellos.

Aunque las negociaciones entre jefes políticos normalmente se visten con un ropaje ideológico y programático para hacerlas presentables, lo que tendrán que acordar Zuluaga o Santos con los dirigentes de las colectividades derrotadas para lograr su apoyo es el reparto del futuro poder, y ya ambos dieron un paso –sincrónico– en ese sentido en sus discursos post-primera-vuelta, en los cuales lo primero que hicieron fue picarle el ojo a todos y cada uno de los candidatos derrotados, independientemente de sus distancias ideológicas y de sus pasados enfrenamientos.

En cambio, para atraer directamente a los integrantes de las bases conservadoras, polistas y verdes, las opciones que tienen Zuluaga y Santos son: o persuadir a estos electores de que cambien de posición y los apoyen, o asustarlos con lo que podría ocurrir en el país si gana el contrario, buscando así que voten por ellos estratégicamente aunque no los hayan convencido de nada.

¿Qué va a pasar? Se diría que lo más probable es que Zuluaga haga un acuerdo “programático” con los Conservadores, con quienes tiene evidente cercanía ideológica, lo que le aseguraría la parte endosable del 15% de la votación total que esa colectividad obtuvo en la primera vuelta, mientras que Santos recibirá el respaldo “programático” del Polo, sin necesidad de compartir con ellos el poder, porque –a pesar de no tener nada en común ideológicamente con el Presidente– ese grupo apoya su proyecto de paz y además le teme a Uribe y a todo lo que se le parezca, con lo que el Presidente también se aseguraría 15% de la votación total.

En cuanto al millón de votos que obtuvo Peñalosa, como los Verdes se caracterizan por su poco pragmatismo lo más probable es que no hagan acuerdos con nadie, lo que a su turno implicará que las campañas de los candidatos a la segunda vuelta estarán dirigidas a robar sus votos, convenciendo o asustando a los miembros de sus bases.

¿Y los abstencionistas? Aunque es natural que tanto la campaña de Zuluaga como la de Santos estén dirigidas en primer lugar a reclutar a quienes participaron en la primera vuelta por ser personas que ya demostraron que están dispuestas a votar, es obvio que también intentarán atrapar al menos una parte de los integrantes de la comunidad de abstencionistas, que es la más numerosa de todas (60% del potencial electoral). En este país existe un número importante de abstencionistas con la potencialidad de comportarse estratégicamente –me refiero a los colombianos que no votaron en la primera vuelta por no identificarse con ningún candidato, pero que son susceptibles de votar en la segunda para evitar que alguno de los dos candidatos que sigue en el juego llegue al poder–. ¿Cómo atraparlos? Por ser votantes estratégicos y por la falta de tiempo, se diría que en vez de tratar de convencer a los abstencionistas las campañas se dedicarán a asustarlos.
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